Despacio. Con cambios sutiles pero importantes. Quizás con el silbido de las cajas de cambio de carreras. O con pequeños ajustes al mando que reparte la frenada.
Sonrisas. Calma. Pensamientos chulos. Muchas horas dormidas. Conocer mejor mi cuerpo (y sus inevitables molestias). Y mi mente.
Vivir, cuando los días y los minutos fluyen de forma apacible es precioso. Aunque todavía me saturen las personas que hablan por llenar los silencios.


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