A veces me sentía frustrado porque me diera angustia tener que hablar con alguien. Soy un ser humano.
Recuerdo una vez que alguien me preguntó que había hecho un día festivo. Le dije que había salido a andar. Parece que no fue una respuesta satisfactoria para él o no me estaba escuchando. Me lo preguntó una o dos veces más.
Aquello me produjo ansiedad. No sabía si no me estaba escuchando. No sabía si le parecía rara mi forma de ocio. Desde los 17 años o antes, me preguntaba si mis respuestas, mis frases en una conversación, iban a ser percibidas como algo raro.
Pasaron los años y, gracias a Internet (esa red criticada por unos y otros porque "no es el mundo real" "la gente se conoce cara a cara"), si que fui capaz de encontrar gente afín, a la que mis gustos peculiares, como escribir o hacer fotos (ambas formas de ocio en las que no son necesarias otras personas, pero son bienvenidas) no les parecieron raras. Ahora incluso he conocido algunas personas así, outsiders, frikis, sin necesidad de ninguna red social o blog.
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