Me muevo en un entorno hostil para mí. Pero tengo aliados. A la izquierda una psiquiatra maravillosa que reconoce sus miedos y es cálida e intuitiva. Y no le gustan las benzos. Que valora cada pequeño paso. Incluso la he podido ayudar, en una pequeña medida, ante una operación de miopía, que yo ya había vivido en 2015. Dos personas aprensivas y vulnerables que aprenden el uno del otro.
Y a la derecha, una psicóloga que me hace cuidarme y respetarme. Y que me ha proporcionado un diagnóstico que ha dado respuesta a muchas de mis preguntas.
Hoy no tenía muy buen día. Me ayudó M. con uno mensajes llenos de calidez. Me ayudó hablar mucho con mi padre. Y dar un paseo en bici y ver trenes. Y, también, hablar con un compañero de clase, me hizo sentir un poco mejor
Mi psiquiatra valora mucho los pasos dados, en cuando a socializar, ser consciente de lo que me daña y lo que no. Pero a la vez, hace poco tiempo que se que soy autista (de mentira) y todavía tengo todo esto muy reciente.
He podido comentarle todos mis miedos, las ideaciones más salvajes, el reconocer, aunque estaba en un entorno en parte hostil, los pasos adelante que había dado, y estar un poco mejor que en octubre o que en mayo/junio/julio.
Cuando se calmen las aguas y todo sea un poco más sencillo, supongo que tendré más energía. Además, estoy pagando los excesos (el camino del exceso) del curso anterior, de las prácticas.
De vuelta casa, pasando por un depósito del metro. Con un poco más de calma.
Los recuerdos vívidos como fogonazos. Ya no son dolorosos pero si agotadores y nítidos.
No hay antidepresivo ni benzo que iguale a la calma y la subida de estado de ánimo post consulta.
Así es como me siento, una máquina con algunos testigos naranjas parpadeando, pero con muchísimos kW de potencia.

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