Y espero, en un futuro, poder ganar la calma, desde la asertividad, ser capaz de poner límites y de superar mis límites.
Me siento como una vieja moto de 250 GP. Que ha rodado más allá del límite demasiado tiempo, y necesita ser reparada, reconstruida, para poder volver a marcar buenos tiempos, pero de forma más amable y más serena. Dejar de ser una máquina que funciona a 110 V enchufada a 220 V.
Y poder rodar en Nürburgrin en un día de primavera, sin necesidad de ir al límite, sino por el puro placer de rodar y de sentir el equilibrio y la velocidad. Al 80%.
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