Releyendo lo que escribía hace 12 años. Mucho más directo (completamente) y quizás, menos cuidado y elaborado. Las fotos son minúsculas. Entonces el espacio el los blogs estaba mucho más limitado. Y las conexiones (aun con ADSL de por medio), desesperantemente lentas. Música y videos ... una pequeña rareza.
(Ejemplo ... la primera foto puede ampliarse, la segunda, sacada de un post de hace 12 años, ya es tamaño original, 350x263 pixeles ....)
(Siguiendo con imágenes diminutas, una foto hecha con mi móvil de entonces de la máquina verde. Con la que volví a aprender a conducir. ¡Qué miedo pasaba en la M40 bajo la lluvia los primeros días! Una tarde de son en el aparcamiento de la Universidad Autónoma.)
Como entonces a veces tengo que revivir lo vivido un poco para entenderme. Aunque ahora todo parece más sencillo.
Trabajo. Manos, ojos y mente concentrados en el trabajo, en la pantalla. El ruido en la sala no ayuda, ni tampoco otras cosas, pero tengo unos cascos muy majos. Es una lata cuando algo no funciona y no entiendes por qué, y el esfuerzo, pequeño o grande no sirve de nada. De vuelta a casa, en el trayecto hasta la estación, todavía pensaba en esos últimos minutos, en la rabia de cuando algo no funciona, en el siguiente paso a dar mañana. En la posible solución -siempre anticipando- y en el posible tiempo perdido. En fin. También pensaba en lo que tardaría en olvidarme de todo eso. Hasta mañana. Saber desconectar y, sobre todo, calmarme. Recordaba las sabias palabras de algún compañero. En fin, mañana más.
Un pequeño Suzuki plateado expuesto en Atocha. Ver a Marta. Los andenes y los trenes. Reencuentros y despedidas. Principios y finales. Parece que ha pasado un siglo de todo eso.
Más años, más kilos, más canas y menos pelo. También más experiencia en todos los sentidos (aunque quizás no suficiente) y una leve pátina de calma.



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