Dos cuadernos.
Uno de tamaño folio y tapa dura, aguamarina. Recuerdo con claridad la tarde que lo compré y la mezcla de enfado y desesperanza y ansiedad y el no ser casi capaz de interactuar con nadie y las ganas de llorar y una canción en bucle que ahora todavía no me gusta escuchar mucho.
Obviaré la noche. No han sido muchas noches así, ese año, al menos 3. Al menos fui capaz de tomar lorazepam.
Otro más pequeño, de medio folio, tapas blandas azules. No recuerdo haberlo comprado (como uno verde hace unas semanas, o como el cuaderno de terapia de grupo de 2015), quizás lo tomara prestado del armario de material de oficina de algún trabajo. A caballo entre 2019 y 2020. Tres talleres distintos, los tres preciosos aunque muy diferentes.
Hoy ha sido un día un poco agotador. La semana, salvo el lunes, en general ha sido un poco agotadora y con algunos momentos de ganas de llorar. Supongo que entre el cambio de hora, la consulta, la sensación intermitente de "no hacerlo lo suficientemente bien" en el trabajo, las incidencias y cambios varios, la primavera, tienen que ver.
Tengo el fin de semana para recuperarme, voy a volver a ver motos (casi como antes de la pandemia). Solo llegar a casa y merendar me ha permitido recuperar energía. Seguro que con una noche de sueño suficiente, me encontraré mejor. No me encuentro mal, solo agotado.
Se que recordar todo esto no me hace demasiado bien, pero es parte de mi experiencia vital y lo que soy ahora no podría ser sin todo eso.
Me pregunto en que momento una situación cotidiana hace que la presa (de escollera o materiales sueltos) de la calma se desborde y vuelva la ansiedad y no dormir.
Estoy buscando podcast del Espacio en Blanco para poder escuchar mientras me quedo dormido.
Buenas noches y buena suerte.