Han pasado muchos años desde entonces, aunque sigo siendo básicamente la misma persona, he hecho cosas que sólo soñaba, he pedido ayuda, me he recompuesto más veces de las que puedo recordar.
Estoy en mi casa, soy capaz de vivir de forma autónoma, incluso de compartir la vida con una bolita peluda. Me he enamorado y he conocido desamor y amor, complicidad, sexo y cariño.
Pero se me antoja que nunca es suficiente. Que voy tarde a todo. Que mi ritmo es demasiado lento. Que soy un desastre y que no sé cuánto tiempo podré seguir adelante.
Ha sido un día neutro y agradable, estoy en mi refugio, suena música repetitiva y preciosa, disfruto de pequeños regalos, me siento en calma, la leve tristeza no es demoledora, es filtrada, como si pasara a través de un filtro de aire o de aceite, no es dolorosa. Sigo sintiendo alegría y tristeza, sin ningún paraguas química desde hace más de un año.
Pero siempre hay un pero.
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