lunes, 28 de febrero de 2022

El poder de la música y la memoria

El otoño de 1996. A veces me notaba a punto de estallar y con muchísimos cambios de estado de ánimo y muy bruscos. La música era fundamental. Cosas tan opuestas como Ella Baila Sola, Wim Mertens y Mike Oldfield. Las revistas de bicis, motos y coches. Leer (aunque no recuerdo que leía en concreto entonces). Y escribir.

Después del Oráculo de Nidra llegó La Hermandad del Sable. Que 16 años después (en el caótico y doloroso 2012 renombré como Dimensión desconocida). Viajes en el tiempo y telepatía. Y todo esto me recuerda a 2018, hace justo cuatro años, cuando estaba a punto de estallar se nuevo (aunque al menos con medicación que me permitía dormir algo y lorazepam para los días malos, a decir verdad pasé días desastrosos sin utilizarlo por miedo a la dependencia) y fui capaz de escribir algunas porciones en el tránsito del otoño a la primavera.

De aquel adolescente que escuchaba música en un walkman y escribía con letra ininteligible en recambios cuadriculados quedan muchísimos detalles. Parte de lo que soy tiene que ver con ese año. Que me recuerda mucho a lo vidido ahora, el curso pasado y las prácticas. Porque hace 24 años estaba en primero de carrera, con muchísimos problemas de concentración y ansiedad y dificultades para interactuar. Ahora creo que lo llevo un poco mejor.

Buenas noches y buena suerte.

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