[Me he despertado a las 3:15. Ayer fue como a las 3:30. Tengo zolpidem en la mesilla pero antes de irme a dormir, porque me he levantado a cargar otros podcast en el MP3 y a copiar fotos del gusanito, he decidido escribir].
Quizás ayer arrastraba la resaca del lunes. Yo no pretendía hacer sentir mal a M. Pero pudimos aclarar las cosas. Aunque 20' de monólogo por su parte, me hizo sentir peor. No sé que me queda en claro de esa sesión. Que ella ha hecho todo lo posible. Que nunca había acompañado a nadie en un proceso de pedir la discapacidad y que lo intentó y ha intentado hacer lo mejor posible. Que está buscando más información sobre los autistas con autivista. Y que me ha enseñado un montón de herramientas de autorregulación. Yo valoraba su labor como insuficiente en cuanto a no haber reaccionado de forma más rápida, no en cuanto a inacción pura. Que no la hay ni la ha habido, desde luego.
El lunes tuve ganas de llorar desde la sesión (que acabó tarde otra vez, a las 20:01) hasta que me dormí, a poco más de las 22 h. A las 3:30 o así, estaba despierto. Le puse un mensaje a M., en relación con el informe, y respondiendo a la música que me había compartido a las 22:20 o así en un mensaje, puesto que yo le había compartido a ella, a su vez, una canción que había escuchado en bucle, desde el jueves 18, desde ese paseo hablando con Marisa -Patrick Watson - Ode to Vivian _Rework-. Esa canción que escuché antes de esa sesión tan importante, y con tanta ansiedad antes y después. Ansiedad antes, ganas de llorar después. M. me contestó por la tarde. Me mandaba fuerza y tenía en cuenta lo del informe.
Como le acabo de escribir a M, después de todo lo que ha pasado, desde agosto 2020, o desde junio 2020, después del convulso final de prácticas entre mayo y junio de 2022, renunciar a un puesto de trabajo, la búsqueda de psicóloga, más compleja de lo que jamás habría imaginado ... Después del curso 2022-2023, tan al límite ... Me siento frustrado y desesperanzado. Por fin tengo un contrato de trabajo en firme encima de la mesa, indefinido, de una tarea que creo sabré poder hacer en un futuro de forma precisa, pero necesito una adaptación. Estoy frustrado. Y he respondido atacando, como un animal herido, a quién más me a ayudado, en el plano de salud mental, como profesional, desde 2014.
Estaba despierto (ayer) desde las 3:30, así que decidí ir al tren de las 9:00 en Atocha, para estar a las 10:30 en Cercedilla, puesto que el billete era para subir a las 11:35. Iba más preparado, con la batería del móvil a tope, un mp3 de reserva, y el Ipad. Lo único que me molestó fue el grupo de adolescentes ruidosos que se subió en Villalba. Anticipé lo peor (que se subieran en la 442). Di un paseo precioso por Cercedilla, descubriendo lugares nuevos. Luego subí al tren. Me tuve que cambiar al coche de cola por el ruido humano. Allí, en la zona de entrada, con solo alguien de seguridad y una señora senderista y su perrete, estuve a gusto. Fue bonito subir y bajar en el alpino a pesar del cansancio. Hice fotos en el trayecto de subida y de bajada, en Cotos, y también al llegar a Cercedilla de nuevo. Sensación de despedida. Del tren y, quizás, de una etapa. Me gustó poder estar en el alpino sin auriculares.
La vuelta fue más amable, la verdad es que iba bien preparado en cuanto a auriculares sin cable, mp3, Ipad ... Al final no compré prensa en Atocha (creo que lo haré hoy) porque ya estaba sin muchas cucharas. Recargué el abono (ya tengo el nuevo recurrente para otros cuatro meses. Y tarde muy tranquila, aunque con algo de nostalgia. Me acosté como a las 22:00 y he dormido no más allá de 5:15.
Pero estoy sereno (aunque agotado). No tengo ideación. Y creo que voy a dar un paseo en bici, antes de que sea de día del todo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario