Eso pensaba y sentía en el convulso febrero de 2004. Pienso en todo lo que aprendí en la universidad, y en todo lo que he olvidado y, aunque hoy me encuentro francamente mejor, me abruma.
Alguna asignatura (sobre todo las relacionadas con historia, o sociología, o con aspectos organizativos como Dirección de Producción) me resultaban interesantes. Las demás me abrumaban. Y el entorno en sí, tan impersonal, con tanta gente, me resultaba agresivo. Ahora entiendo la ansiedad en el momento de hacer la primera matrícula, la ansiedad de las primeras semanas de clase, en el comienzo del otoño de 1997. Han pasado 27 años. Una vida.
[Pensaba “lo que se –el diferencial autoblocante del Ford Ka Kit Car- no me sirve, lo que me sirve –econometría y otras cosas necesarias en el mercado laboral- no lo se”.]
Recuerdo con dolorosa nitidez esa noche de febrero en el interior, de vuelta a casa, pensando en que si tuviera un arma de fuego podría acabar con mi vida. Es la primera ideación y planificación suicida que recuerdo con claridad. Sé que hubo otras antes, cuando era un niño y me abrumaban las burlas de mis compañeros. Ojalá poder abrazar a mi yo niño y jugar con él, con un LEGO o con un Scalextric. Ojalá poder darle esperanza y alivio.
Ojalá poder abrazar a mi yo de 17 años y a mi yo de 24, poder charlar con ellos sobre bicis o coches o motos o trenes y, jugando a un imposible, colarnos en los talleres donde se mantiene la S100 y hacer fotos con una vetusta Zenit 12 XP reflex.
Al final saber lo que era un diferencial me fue útil muchos años después, en la primera FP. Y por el simple placer y la necesidad de aprender, típico de la doble excepcionalidad (AA.CC. + autista), me llenaba, me hacía sonreír.
Mi yo casi mayor de edad, mi yo joven adulto, ambos a veces en la mierda anímica, leerían revistas y libros conmigo, y pasearían con bicis modernas y tecnológicas y leerían el manual del usuario del viejo Ibiza 6L1.
Mi yo de 2024 está orgulloso de ellos, mis yo de entonces están orgullosos de mí. He contado con muchísima ayuda de mi familia y de unos pocos amigos, pero no ha sido un camino fácil. Soy un gatazo negro que ha gastado algunas de sus siete vidas, pero que puede correr en medio de la noche, como un espectro.
*Aviso de contenido: ideas suicidas*
¿Vosotros recordáis vuestra primera ideación y planificación suicida?
En mi caso era un niño pequeño (menos de 10 años) y pensé que si el dolor de vivir (sufría acoso escolar) me superaba, siempre podría matarme. Sé que no pude ni escribir en un cuaderno cómo me sentía, ni mucho menos contárselo a nadie.
No sé qué hice después de pensar/sentir eso. Quizás leí un libro o jugué en soledad o leí sobre maquetas de trenes a escala. Hay días que me pregunto cómo llegué a la vida adulta sin un intento de suicidio.
Buenas noches y buena suerte.
No hay comentarios:
Publicar un comentario