sábado, 21 de abril de 2018

Upside down

Uno de los peores días de éste año, quizás el peor, pensé que envejecería solo, con la única compañía de gatos y bicis. Y de la enfermedad (ansiedad, depresión o ambas).

(Aquí hay varias cosas a comentar. Primero, que estoy haciendo algo para que ese futuro negro no se cumpla. Que en los días menos buenos es lógico tener pensamientos. Y que envejecer siento una persona solitaria pero equilibrada, tampoco está tan mal).

Me imaginaba de anciano. Con barba de tres o cuatro días, blanca, y la cabeza afeitada. Me imaginaba viviendo en algún tipo de lugar amplio e industrial, una especie de nave. Convertida en una especie de refugio para perros y gatos abandonados y, a la vez, un museo taller. Es decir, en plena oleada de pensamientos negativos, intentaba dar la vuelta a esa secuencia de pensamientos y convertirlos en algo agradable. Despertar rodeado de perros y gatos y de bicis se me antojaba muy agradable.

Quizás algún humano se acercara a mi refugio. Para adoptar a algún animal, o para traerme a algún bichito perdido. O preguntando por alguna pieza exótica de alguna bici (estamos hablando de un futuro lejano, no se, 30 o 35 años, por lo que las hipertecnológicas bicis actuales, con cuadros de carbono, cambio electrónico, frenos de disco, serían clásicas) clásica.

Me encantaría tener bicis de distintas épocas. De los 70 (que apenas viví unos días y no recuerdo, evidentemente) a la actualidad. No tienen por que ser bicis tope de gama o exclusivas. Con tener una muestra de cómo era las bicis en cada año o en cada lustro, me conformaría.

Viajaría por Europa en una vieja furgoneta/autocaravana. Comprando, intercambiado, encontrando quizás en la basura (¿Cómo se gestionará la basura dentro de 30 años? ¿Seguirá habiendo vehículos con motor de combustión interna? ¿Los coches serán autónomos? ¿O volarán como en Blade Runner?)

Upside down. Invertir los pensamientos. Convertir la más absoluta tristeza en una soleada mañana de un futuro ¿esperanzador? al volante de una vieja furgoneta llena de bicis y un perrete por copiloto. O quizás una humana por copiloto y el perrete en sus rodillas. Como todavía estaba en 2018, me hubiera encantado poder recrear en la realidad esa escena: una vieja furgo, un destino -soy una persona sencilla, cualquier lugar tranquilo y con paisajes me basta- buena compañía y bicis. Quizás algún dia lo logre.





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