jueves, 26 de abril de 2018

El miedo y la fuerza

Nací varón. Tengo pene y testículos entre mis piernas. Siendo pre adolescente tuve una revelación interna estremecedora: que por mi fuerza y corpulencia -178 cm y como 73 kg ahora- físicamente podía someter, inmovilizar por la fuerza a casi cualquier mujer. Esa certeza me produjo un vértigo infinito, imposible de describir con palabras. Saber que tu cuerpo, tus manos, tus brazos, tus pies, pueden hacer mucho daño me parecía algo horrible. Y aunque no soy violento, todo lo contrario, si algo brusco, ese miedo me acompaña ahora, cerca de los cuarenta años. Me prometí no hacer daño a nadie, no pegar a nadie, salvo que mi integridad física estuviera en peligro. Si alguien me ataca me intentaré defender, si no me quedo bloqueado en ese momento, que puede ser que si. No hacer daño a nadie. Especialmente a las mujeres.

Desgraciadamente, incluso en un país supuestamente civilizado y europeo, ser varón hace que tu vida sea más sencilla y segura. Nadie va a juzgar tu vestimenta como demasiado provocativa. Nadie te va a lanzar frases ordinarias y sexuales por la calle. Tu sueldo puede ser mayor que el de tus compañeras aunque las tareas sean las mismas. Nadie te preguntará en ninguna entrevista de trabajo si tienes pensado tener hijos. No tendrás que mirar por encima del hombro en calles solitarias. Me muevo a diario por lugares solitarios y desamparados al filo de la mañana y raras veces que sentido miedo. Me ha podido dar un susto un perro o un corredor que surge de la oscuridad sin luces y sin ropa reflectante, nada más.

Estoy convencido de que hombres y mujeres podemos hacer lo mismo. Repito: LO MISMO. La mayor parte de trabajos no son físicos, sino mentales o intelectuales. Y aquellos en los que la fuerza bruta sea determinante, siempre puedes utilizar una herramienta con más brazo de palanca, por ejemplo, o una máquina (un transpallet o una apiladora).

Ya escribí algo parecido hace un año. Pero vuelve a estar de actualidad. Para algunos compañeros de género, que como yo mean de pie, la mujer es un ser inferior que solo existe para satisfacer sus necesidades, entre ellas las sexuales. Antes que varón soy ser humano. Y todo esto me asquea. Me asquea profundamente. Que una víctima de violación, cuya vida y cuya mente han quedado marcados y / o destrozados para siempre hasta un punto que no puedo ni imaginar, sea juzgada públicamente de ésta manera. Se la pregunte por qué no se defendió. Si expresó de forma suficientemente intensa su negativa a tener sexo con esos neandertales. Se la juzga porque intenta rehacer su vida. Todo esto me pone muy triste y me hace preguntarme en qué clase de sociedad vivo. Sinceramente, en días como en de hoy me da bastante asco ser varón, aunque yo no tenga culpa de nada de lo que ha pasado.

Sólo me queda la esperanza de que, poco a poco, con el esfuerzo de todos, esto vaya cambiando. No es NO.

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