sábado, 7 de abril de 2018

Equilibrio

Hacía tiempo desde la última vez que me subí a una moto. En parado. En marcha, conducir una, mucho más. Quizás catorce años. Casi en una vida anterior. Hoy viví esas dos sensaciones: ver decenas de motos preciosas, admirar sus detalles, hacerles fotos y hasta tocarlas y subirme en ellas. Mi debilidad son las motos de campo, que suelen tener asientos altísimos a los que hay que escalar más que subir.

Curiosamente la moto sobre la que pasé un ratito fue una Supermotard. Moto de campo con ruedas de asfalto (lisas de carreras en este caso) y frenos gordos.






Y, aunque no tenía el mejor día, venciendo mis temores a caerme y mi gran timidez, me atreví a probar una moto. Un curioso scooter eléctrico. Era lo más pequeño y ligero que se podía probar y además, legalmente estaba autorizado a conducirlo. Volver a girar el acelerador de una moto fue sencillamente precioso.

Al final, en mi estado de ánimo, he de buscar el equilibrio. Como al manillar de una bici o de una moto.
Y vi de nuevo esa combinación de colores, bleu blanc rouge y me acordé de ti.



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