miércoles, 25 de abril de 2018

Montañas



Estoy creando o subiendo una montaña. Construyendo algo nuevo dentro de mi poco a poco, piedra a piedra, desde el suelo (desde el barro quizás) hasta la estratosfera. Una especie de templo escalonado, un zigurat invisible e intangible pero enorme. Mis avances me parecían a la vez escasos y precarios. Pero no es así. Sólo necesitaba una opinión externa y objetiva. He de creer más en mi. Incluso la imagen que tenía en mi mente sobre el proceso que vivo, una excavadora sacando fango del fondo de un estaque, era un poco negativa y fea. La montaña/templo me motiva más.

Dejo atrás el barro y empiezo a subir. Muestro mis miedos más grandes. Mis dificultades para relacionarme con los demás, y, a la vez, mis esfuerzos por intentarlo. Hablo de lágrimas que nunca salen, del terror irracional a la locura, de los primeros besos dados con más de tres décadas de edad.

Me siento escuchado y comprendido, y lo agradezco.

Sensación agradable y dulce, positiva. Ahora a seguir adelante. Quizás en la próxima clase no haya tristeza infinita y si alguna pequeña conversación.

Las hojas más oscuras de la libreta de la suerte no las voy a arrancar pero tampoco me voy a recrear en los malos días y en los pensamientos negativos.

Buenas noches y buena suerte.

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