Ir a la deriva. Dejarse llevar. Escoger en parte el camino menos doloroso o incómodo. A veces me releo y no me reconozco. Sobre todo cuando lo que releo es mi antiguo diario.
Los días de la misma tonalidad. Cuando es un tono monótono pero no desagradable, pase. Cuando son días de ruido interior, de enfado, de tristeza, de ansiedad, es distinto. Más que asociar los días menos buenos o malos con un color, los asocio con sensaciones y con ruido. Ruido interior, de pensamientos negativos incontrolados, de sensaciones desbocadas. Ruido exterior de lugares o personas ruidosas (o de lugares ruidosos por las personas ruidosas que los habitan).
Hoy es un día neutro, más positivo que negativo, pero con un leve matiz de hastío, de resignación, de no saber como afrontar una tarea que se me antoja agotadora, dolorosa, difícil: Volver a relacionarme con la gente.
Atesorar pequeños momentos en los que no me siento un extraño, un extraterrestre.
Saber que recordaré momentos, situaciones, matices, que nadie más recordará.
Nada de esto me sirve para avanzar.
La espalda molesta pero ya tengo cita para el fisio. Al menos ahora algo sencillo como preguntar, llamar por teléfono, pedir cita, no se me antoja difícil.
¿Cómo salí de la arena hace tres años? ¿Qué debo hacer? Echo de menos a Venus, y otros apoyos. Aunque no estoy en condiciones de exigir nada a nadie. Cada uno tiene sus vidas y sus problemas y cosas y personas cercanas de las que ocuparse.
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