Esta mañana en el cercanías, con algo de ansiedad y algo de tristeza, me imaginaba al manillar de una potente moto del Dakar. Una Husqvarna Rally 450 semioficial. Me gusta la combinación de colores blanco, azul y amarillo. El blanco me transmite calma, limpieza. El amarillo, energía. Acción. El azul .. es mi color preferido, así que poco puedo opinar. Azul intenso.
Quizás en mi travesía de mares de arena me tope con otros pilotos. Y aunque, realmente, cada uno ha de llegar al final de cada etapa por sus propios medios, me gustaría ser ese piloto que se para ayudar a otros pilotos en plena pista. Que ofrece gasolina, alguna herramienta, agua y comida. O un poco de ayuda para sacar la moto de la arena o para levantarla tras una caída. Prefiero estar en condiciones de ayudar que tener que pedir ayuda, pero he aprendido (aunque me cueste muchísimo) a pedir ayuda y a sentirme lo menos mal posible por no ser capaz de salir de situaciones complicadas por mis propios medios.
Quizás alguna vez nos encontremos en medio de la arena. Me podéis reconocer porque voy mucho tiempo de pie sobre los estribos. Por mi ritmo inconstante, a veces demasiado lento y otras demasiado rápido. Por las broncas que tengo con dirección de carrera cuando el libro de ruta no es lo suficientemente preciso o cuando no puedo validad un control de paso obligatorio con el GPS. Pero sobre todo por mi ciega determinación de seguir adelante y porque casi siempre (menos cuando estoy muy cabreado o muy triste o ambas cosas) intento ponerme en la piel de las otras personas, en su lugar.
Lo importante es seguir adelante.



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