domingo, 31 de marzo de 2019

Tempest Blue

Podría ponerme pedante y hablar de Shakespeare y de La Tempestad, pero salvo Hamlet años ha y Macbeth gracias a Mayendar, apenas he leido a Shakespeare. A veces pienso que he leído demasiado y vivido muy poco en comparación y otras me siento como un completo iletrado. Ni lo uno ni lo otro son verdad.

Azul tempestad. Me resultó un poco agobiante incluso elegir el color. Pensé en azul aguamarina, verde lima, rojo o violeta. Pero recordé los días de lluvia. El azul oscuro casi negro que precede a la tempestad. Han sido días de lágrimas a punto de salir y de ansiedad y de enfados. Pero detrás de las nubes siempre está el sol. Y a veces es necesario que llueva.

La última vez que pasé por algo parecido, después de ver a un psicólogo (al que le mando un abrazo enorme y agradezco infinitamente su ayuda) acabé en cierta cadena de tiendas comprando una nueva bici (es lo que tiene el insomnio y las ofertas). Ésta vez ha sido un regalo y una cantidad indecente de euros para estar a punto de quedarme en paro otra vez. Pero sobre la azulita preciosa por la Gran Vía, con todo el desarrollo metido, se me olvidó todo lo ocurrido la semana anterior y la anterior de la anterior.



(Dicen que a lo bueno se acostumbra uno pronto. Es de lejos la bici más cara que he tenido. Aunque he disfrutado con bicis de carretera que igual tenían más años que yo y que no cambian bien, ni frenaban, cuando todo va bien y no tienes que mancharte las manos de grasa, ni pensar en que retocar para dejar la bici a tu gusto, todo es más sencillo. Tengo un poco de miedo por si rompo la bici, pero después de los primeros paseos todo pinta bien. Será mi nueva compañera para transportes públicos llenos y viajes diversos. Luego se despliega y un tipo grande y feo como yo puede subirse encima con comodidad y volar bajo.)

Y después de escribir esto se puso a llover. La luz de los días de lluvia.

viernes, 29 de marzo de 2019

De nuevo bajo la lluvia

Algún día tendré que volver a estar bajo la lluvia. Y puede que el torrente erosione mi montaña artificial. Y deba reconstruirla, reforzarla. Con herramientas manuales o incluso con excavadoras. Vuelvo a estar bajo la lluvia. Pero todavía puedo mantenerme en pie.

Vuelvo a estar bajo la lluvia. Pero llueve diferente. Siempre llueve distinto. La lluvia me permite descubrir reflejos preciosos en el suelo. Reflejos de mi mismo. De un yo hermoso y resiliente. Imagino preciosas trazadas sobre un circuito encharcado, con ruedas de agua.

Hoy es un interludio. Un puente entre ayer y mañana.

jueves, 28 de marzo de 2019

Tajamatas, susceptibilidades, morteros y pensamiento lateral

... pero hay días en los que un parche de grava te sorprende en plena curva. La grava que no te esperabas. Cuando ya estás en pleno apoyo, tumbando. Cuando no tienes tiempo material para frenar. Primero llega el susto y después hay que hacer lo posible por pasar la curva. Si, un parche de grava es algo bastante evidente, que se ve. Pero en una curva ciega, no. El instinto normalmente te indica cuando puedes fiarte de una carretera y cuando no. Normalmente el piso o la suciedad no cambian de una curva para otra. Una carretera sucia lo es más o menos desde el principio. Pero hay días y días, y curvas y curvas.

(Entonces llegó. La conversación fue la esperada y me afectó menos de lo que pensaba. Expresé lo que sentía con ese punto de exageración tan mía.)

Tengo un recuerdo muy vago de una vez que me acabé yendo recto en cierta carretera de Guadalajara (Guadalajara España). Creo que porque venía un Suzuki de frente y la carretera era estrecha. Me pareció que no había espacio suficiente para pasar los dos. Igual me equivocaba. Vi que un camino arrancaba en el exterior de la curva y para allá que fui. Por suerte iba con mi bici de montaña plateada de hipermercado, algo lenta en asfalto, pero robusta en caminos.

Ya es mañana. Sumad un día al de la fecha del post. Hice algo que no había pensado: descansar. No he dormido todo lo que me gustaría pero si mucho más que otras veces en situaciones parecidas y sin más medicación que la habitual.

He reflexionado sobre lo que pasó ayer y entiendo que me he tomado todo demasiado a pecho por el nivel de ansiedad que tengo desde las últimas 2 semanas o así. No respondí de forma demasiado brusca e irracional, de todas formas. Y tomé la mejor decisión, que es descansar.

Al fina, se que me encuentro mejor. Noto en mí varios cambios. Me cuesta menos expresar cómo me siento. Tengo más capacidad para recuperarme de malos días. Me centro en buscar soluciones. Hoy es una muestra de esas soluciones.

martes, 26 de marzo de 2019

Asfalto sucio (Sensación parte 2)

La sensación de hoy es parecida a cuando empiezas una bajada complicada, con muchas curvas, mucha pendiente, asfalto sucio y roto, pero la bici que llevas te da confianza (yo alguna vez para malas carreteras he preferido una bici de montaña con cubiertas mixtas). Sabes que igual te das algún susto, pero que también que vas a disfrutar en otros tramos. La sensación es "se lo que tengo que hacer y cuando hacerlo". Siento que tengo más recursos para superar momentos algo o muy complicados. Cuando puedes salvar (o librar) una curva cerrada, un parche de humedad, un tramo de grava, sin que eso suponga un trago amargo demasiado grande de miedo subiendo desde la boca del estómago.


Igual que el freno nuevo (que, curisamente, funcionaba mejor con una maneta más antigua y sencilla, quizás porque el tiro del cable es diferente, y porque la palanca es más grande) me aporta más confianza a la hora de frenar fuerte. Para mi mente no hay actualizaciones o mejoras como en los ordenadores o en los coches de rallyes. Pero si posibilidad de crecer.

(Ayer pensaba en convertir mi vieja bici de carretera en una especie de híbrida. Con cubiertas de 28 mm. Así sería más cómoda en asfaltos bacheados e incluso en pistas.)

Ayer me enfadé un poco y hoy ha sido un día sólo regular en cuanto a la ansiedad. Me gustaría que ya fuera viernes pero al menos es martes. No me apetece ir a nadar ni nada parecido. Mi refugio, rallyes en red bull tv (como el año pasado) y poco más.

Buenas tardes y buena suerte.

lunes, 25 de marzo de 2019

Andenes (versión 2)

Final alternativo de la entrada Andenes.

ROSA
¿Recuerdas cuando nos besamos aquella
noche detrás del silo?

ANA
¿A qué viene esa pregunta?

ROSA
A que te quiero. Siempre te he
querido. Por eso he venido.

ANA abre los ojos desmesurádamente y clava su mirada en el
rostro de ROSA. Coge la mano derecha de ROSA entre las
suyas. Después la suelta y sale corriendo en dirección al
edificio de la estación.

ROSA ve alejarse a ANA. Suspira y baja la mirada. Sus ojos se humedecen. Un gorrión se posa en el andén, a unos pocos pasos de ROSA. Mira como avanza a pequeños saltos antes de volar de nuevo. La megafonía anuncia la llegada del tren. ROSA dirige varias miradas nerviosas al edificio de la estación, mientras el tren entra con estruendo en el andén. ROSA se sube a él, no sin antes dirigir una última mirada hacia atrás.

[FUNDIDO A NEGRO]

ROSA está sentada en el interior del tren. Mira por la ventana, distraída. Tiene los ojos enrojecidos. De pronto levanta la vista, mira al pasillo y ve a ANA cruzar el vagón, hasta que llega a donde está sentada ROSA. ANA se sienta a su lado.

ROSA
¿Qué haces aquí?

ANA
Una locura.

ROSA
¿Y tu trabajo?

ANA
Seguro que en Madrid puedo encontrar algo mejor.

ROSA
Pero, no has traído ni maleta.

ANA
En Madrid también habrá tiendas ¿no?

ROSA
Lo importante es que estás aquí.

ANA coge las manos de ROSA entre las suyas.

ANA
Tengo miedo.

ROSA
Yo también.

ANA
¿Miedo tu?

ROSA
Si.

ANA
¿De qué?

ROSA
De lo que siento. De estropearlo todo.

ANA
Todo va a salir bien.

Más dulce que amargo (parte 2)

El fin de semana me ha servido para descansar pero una vez de vuelta a la rutina, o incluso horas antes de volver, volvió la bajona o la  medio bajona, las ganas de llorar intensas. Y las ganas de no ver a nadie, cosa que es imposible así en general, y menos en una ciudad tan grande y tan llena de gente (muy ruidosa) como ésta, la que me vio nacer y en la que probablemente moriré.

Tengo ganas de más días de descanso, que llegarán en AVRIL. AVRIL está a la vuelta de la esquina, el final de abril no tanto. Antes empezará otro intenso taller. El X7. Todo ésto empezó hace un año. Los talleres, quiero decir. Ésta mañana pensaba que no había avanzado nada en todos estos meses pero no es verdad.

(De fondo alguien golpea con los pies un reposapiés de plástico que, a su vez, golpea el suelo con estruendo.)

Si, si que he avanzado, muchísimo, pero siento que todavía me queda mucho por avanzar (y es así). Y los días menos buenos (por lo que pasó el miércoles y lo que pasó el viernes) sólo veo lo que me queda por hacer y no lo hecho, el camino recorrido.

Perder el tiempo con cambios de procedimiento e indecencias varias también me irrita.

Hoy de todas maneras no he buscado un atajo. Ayer alguien se fijó en mi bici. Otro ciclista se quedó mirando, en busca de los cambios. Mi híbrida es sencilla pero llamativa, con sus frenos de disco, cambio en el buje y esas vainas elevadas tan de los 90. Veremos el resultado de no escapar de las situaciones. Sinceramente preferiría salir de aquí, ponerme los cascos y leer durante en trayecto sin tener que mantener ninguna conversación o ningún silencio pesado con nadie.

Más difícil pensar que hacer. Si, la gente es un poco cotilla, pero es lo habitual entre los humanos. Al final, socializar requiere un aprendizaje en pequeñas dosis. Si me saturo, puedo recurrir a mi fiel compañera de fatigas negra.

sábado, 23 de marzo de 2019

Tierra

Un día de primavera, sol, preciosas carreteras llenas de curvas y solitarias. Pequeñas cosas que me sacan sonrisas. Además logré dormir bastantes horas. Cuando me desperté definitivamente, casi se adivinaba el nuevo día. Será diferente con el cambio de hora, pero hasta junio, seguirán alargando los días.

Recorrí lugares visitados decenas de veces. Secuencias de curvas enlazadas que recordaba con precisión. Dónde frenar, cómo trazar. Ese vértigo de la velocidad sobre dos ruedas. Escuchar el aire, sentirlo, el rumor de las cubiertas rozando el asfalto, el familiar tacto los puños y mandos de freno. Ir en bici todavía me hace sentir mejor.

Después de lo que pasó el miércoles y de lo que pasó ayer, no tenía demasiadas ganas de ver a nadie y éste lugar es ideal para eso. Descansar, leer, dormir, escuchar música.

viernes, 22 de marzo de 2019

Mas dulce que amargo

Si.

De nuevo un día con parte amarga. De ganas de llorar. Pero también de parte dulce. Mucho.

Estoy no diré donde. Lejos del ruido. Es un lugar que parece sacado de otro tiempo. De hecho mientras escribo esto suena un viejo vinilo de Depeche Mode. El crepitar del disco me lleva al pasado. Como contraste, un moderno ordenador y un moderno teléfono móvil inteligente que hace de modem wifi. Así puedo escribir con un teclado "de verdad", y volcar mis palabras en la red.

La semana ha sido un poco cansada. Con altibajos. Menos que la anterior. Acabó con un poco de incertidumbre. Cuando una petición de calma supone incertidumbre. En fin (expresión que repito mucho en el mundo 1.0). Lo que tenga que ser será.

Supongo que cuando no tenga ganas de llorar casi cada día estaré todavía mejor. Pero me recupero antes de todos esos altibajos. Me parece copiar las mismas palabras de hace un año, pero no es verdad.

Cama distinta pero conocida. Silencio, lectura y música. Trabajar con herramientas, en alguna bici.

(De fondo Policy of truth. Que me recuerda a 1999 y también a como 2005. Es una canción que me encanta)

Porque todavía se me da mejor soñar que escribir y escribir que vivir.

Ya no es verdad. Cada vez escribo mejor. Si. Y cada vez vivo más en el mundo real y menos en el mundo de los sueños.

Buenas noches y buena suerte.

jueves, 21 de marzo de 2019

El vacío

Flap 15

Igual te lo debería haber dicho. Que no tenía el mejor día del mundo y que la conversación (las personas habladoras pueden hablar de multitud de temas distintos en pocos minutos) había derivado a cosas dolorosas. Pero no te lo dije porque me resultaba difícil y hasta un poco maleducado, y fuiste a meter el dedo (virtual, oral) donde más me dolía o donde más me duele.

Algún día podré estar en condiciones de dejar la mirtazapina, pero siendo completamente realista, aunque también positivo, quedan varios meses para ese momento. No es que me preocupe tanto como en octubre, por ejemplo, pero si que me abruma a veces pensar cuanto tiempo me queda de tratamiento y de estar tomando medicación.

Igual que hace casi un año, sin querer, y con no más de dos o tres frases, me hiciste sentir mal, porque no te diste cuenta de que yo estaba haciendo un esfuerzo por explicar cosas que no quería explicar.

Podía haber sido peor.

Buenos días y buena suerte.

POSITIVE CLIMB

Ir en bici siempre mejora un día que empezó siendo un poco regulero. Siempre. De nuevo al manillar de mi bici híbrida. Igual que ella es un poco mejor que cuando salió de la cadena de montaje, gracias a las piezas que mis manos grandes y expertas le han ido montando, yo también soy una versión mejora de mi mismo.

(El tren tarda. Me he sentado. He buscado info sobre la causa del retraso. Me he levantado. Sigo escribiendo con la bici al lado. Por fin viene el tren. No va tan lleno como pensaba. Busco un sitio en el pasillo para mi bici y sigo escribiendo.)

No tenía la culpa. La próxima vez le diré que esa pregunta no me gusta y ya.

He leído a Chibimundo y me he emocionado mucho. Me ha traído recuerdos un poco dolorosos pero a la vez admiro su fortaleza.

El fin de semana está más cerca y en menos de 24 h de nuevo me he recuperado y vuelvo a volar entre nubes.

Buenas tardes y buena suerte.

martes, 19 de marzo de 2019

Rage against de machine

En los últimos 4 años he podido escribir algo parecido decenas de veces. De hecho, lo que ahora continua empezó entonces. Hoy me he enfadado. Un poco. En otra ocasión me habría enfadado más. Pero ya estoy calmado. Mañana, una vez comprendida la incomprensible nueva composición de lugar, ya se lo que esperar.

Mejor que esto tuviera lugar ahora y no antes. Pero, de todas formas, hubiera sabido superarlo de igual forma.

Al final del día no tenía ganas de socializar ni ningún vh (patinete, bici) con el que acortar el camino así que opté por un nuevo camino, como en Noviembre, que resultó más lento pero nada cansado.

Mañana más.

Recuerdos de sol, aire y gasolina

Cuando alcanzó la calle comenzaba a llover. Con pereza, se diría que hasta con dulzura. Bajo la luz suave y tenue del principio de la primavera, vio brillar ingrávidas diminutas gotas de agua frotando en el aire.

Pantalones de agua. Por suerte siempre llevaba unos en el cofre de la moto.


En un extremo de la acera le esperaba la vieja BMW F650 de color blanco. Sonrió mientras quitaba el antirrobo. Después sacó el casco, los guantes y los pantalones de agua del cofre y dejó allí su bolso. 

Comprar aquella moto había sido una decisión meditada, pero, a la vez, un poco impulsiva. La vio en el escaparate de una tienda de motos usadas. Le recordó a su hermano Víctor. Por él había aprendido a ir en moto. Por él, en cuanto cumplió los 18, se había sacado el carnet de conducir. El de coche y el de moto, casi a la vez. A medias, se compraron un coche y una moto en cuanto pudieron: un Opel Corsa aguamarina y una vieja Honda Dominador azul cielo. A pesar de su metro setenta, la Honda era un poco demasiado alta para ella. Debía hacer casi equilibrios o buscar un bordillo donde apoyarse. Por eso enseguida Víctor le busco otra moto: una "custom". Una especie de Harley Davidson en miniatura. Una Yamaha Virago 250. Larga, bajita, llena de cromados. No corría mucho, pero si lo suficiente para moverse por los alrededores de la ciudad. Y pasear con ella era un placer.

De todo eso habían pasado casi 20 años. Le pudo la comodidad del coche y el abrigo que proporcionaba del frío, de la lluvia. Acabó vendiendo la Yamaha. Su hermano siguió teniendo otras motos. Incluso en Finlandia, que es donde vivía ahora, seguía yendo en moto. De nieve los inviernos eternos. En verano, en una enorme BMW R1200 GS con la que cruzaba Europa durante sus vacaciones. El escudo de BMW en el depósito de aquella moto, al verla en el escaparate, le recordó a Víctor.

Pensó que era demasiado vieja para ir en Moto. Cuarenta años eran demasiados. Aún así, entro en la tienda y preguntó por ella. El precio le pareció un poco alto. Pero las BMW tenían fama de fiables. Además, cuando se subió a ella en parado, descubrió que llegaba al suelo sin problemas. El vendedor le explicó que su anterior dueña también era mujer, y, además, de pequeña estatura, y que le había puesto un asiento opcional un poco más bajo.

Meditó si comprar la moto era una buena idea durante una semana. Podía permitirse el capricho. Ahora ni siquiera tenía coche. Al cambiar de casa, al mudarse a un piso en el centro, aparcar se había puesto imposible. Lo acabó vendiendo. El transporte público era más económico y hasta ecológico. Aunque a veces también un poco pesado y agobiante. Sobre todo en hora punta. Echaba de menos sentir en aire en la cara. Cómo cuando era una adolescente y Víctor le enseñó a ir en moto en aquella Suzuki DR 50 amarilla.


Al final se decidió. Después de consultarlo por Skype con Víctor. El se mostró entusiasmado, aunque a la vez, quizás  un poco preocupado. Le insistió en que se comprara un casco, guantes y una chaqueta antes de siquiera estrenar la moto. La tienda donde la había visto resultó ser un concesionario BMW y también vendía ropa y cascos. Le llamó la atención una chaqueta blanca y azul. Le recordaba vágamente a las que usaban los pilotos de la marca bávara en el Dakar, hacía un siglo, se le antojaba. Cuando Víctor y ella veían los resúmenes del Dakar en el sofá de la casa de sus padres. Cuando por fin se puso al manillar de la BMW sintió un cosquilleo en el estómago. Le resultó casi tan cómoda como su antigua Yamaha y mucho más rápida. El callejeo hasta su piso fue agradable, casi placentero. Se sorprendió sonriendo de nuevo al manillar de una moto. Y soñó con que, al verano siguiente, quizás podría ir a Finlandia a ver a Víctor en moto, en lugar de en avión.

lunes, 18 de marzo de 2019

Correcaminos

Me apetece hacer cosas. Pequeñas, pero agradables. Pasear en patinete, por ejemplo. Jugar con el equilibrio. Un tipo tan grande y tan adulto como yo en un pequeño patinete parecía un poco ridículo. Pero me sentí a gusto y feliz. El ocio solitario. Pero todo eso se lo pude contar a alguien.

Las aguas vuelven a su cauce. Matices. Prefiero ser ese pequeño matiz que hace a alguien sentir mejor en un momento complicado que al revés.

Nuevos talleres. Acabar los actuales, que han sido preciosos. Aprender. Enseñar. Escuchar.

Poco a poco los días fluyen, son neutros la mayoría, algunos incluso agradables.

Buenas noches y buena suerte.

viernes, 15 de marzo de 2019

El viento

Os voy a contar mi historia. Soy el viento. Soy parte del viento. A veces una brisa suave y fresca, otras una tempestad devastadora. Soy capaz de refrescar el día más cálido de Agosto. Soy capaz de descargar lluvias torrenciales que desbordan torrenteras y revientan presas.

Venus me dijo que aquel que ha conocido la tormenta (porque ha sido la propia tormenta) puede calmarla. Yo no estoy tan seguro. Me encantaría ser capaz de calmar a la gente. Tener un efecto similar en ellos al de cierta benzodiazepina, pero sin receta y sin reacciones adversas. Ni tampoco crear dependencia. Me gustaría ser un ángel .Un ángel sin alas, pero con bicis. O con alguna KTM de 450 para poder cruzar desiertos.

No soy un ángel. Ló unico que puedo hacer es intentar calmarme y no generar ruido.

Buenos días y buena suerte.

jueves, 14 de marzo de 2019

Altibajos


Como los dientes del pequeño plato de 32 dientes de mi bici de montaña. Altibajos. Crestas. Valles. Momentos de calma y de alivio y otros de ganas de llorar y de no ver a nadie. Pero no es siempre. No sueño con vivir en medio de la nada, sin ningún contacto con ningún humano.

Es jueves y la semana ha sido bastante cansada. Ha sido un poco cansada. Depende del momento parece más cansada y más horrible de lo que ha sido en realidad. Desde mi refugio "mi caos amable", es diferente. De fondo una serie. Burbuja de silencio.

Ayer encontré por fin una canción en youtube. The dead end? Dead end literalmente es "callejón sin salida". Dónde me he sentido unas cuantas veces en los últimos meses. Pero no es verdad.

Es una melodía repetitiva y un poco amarga, que ha sido la banda sonora de estos dos días agridulces, mas dulces que amargos.

miércoles, 13 de marzo de 2019

REvolution*

Evolución. O revolución. Revolución interna. De mi mente. De mi psique. De mi forma de ver el mundo, expresar emociones y superar baches. Que a veces puedo utilizar como rampas de salto. Quizás no para hace un mortal adelante como cierto trialero, pero si para volar un poquito. Como un pendular. Un avión ultraligero, que no es muy rápido, pero si capaz de planear incluso sin la ayuda de su motor. Cómo un velero. Sailplane en inglés. Capaz de desafiar la gravedad sin ningún propulsor de miles de caballos.

Gracias por tu atención y por tu opinión serena, experta e imparcial.

Orgullo. No estoy libre de volver a pasar por algún o algunos baches, pero ahora tengo más herramientas para superarlos. A mi vieja KTM Rallye virtual le he montado unas suspensiones WP semioficiales con las que puedo pasar por los baches más rápido y más seguro. Y hasta más cómodo. Descanso para mis muñecas, espalda, riñones.

Me siento orgulloso de mí.

Que ya no tengo 20 años y, como las motos clásicas, requiero de algún paso por el taller. De la ayuda del médicos del cuerpo y de una médico de la mente.

(Yo te admiro y también estoy orgulloso de tí.)

Empecé el post en una habitual ut446 en doble composición. Ahora espero otro transporte (no espacial) que me devuelva a mi gatera.

Buenas tardes y buena suerte.

*Revolution es un disco de Jean-Michelle Jarre.


El RE también es parte de la denominación de una locomotora suiza: SBB-CFF-FFS Re 620 (Re 6/6 in the old numbering scheme)

martes, 12 de marzo de 2019

Le Chat Noir*

*Le Chat noir était un célèbre cabaret de Montmartre, fondé en novembre 1881 par Rodolphe Salis qui fut aussi à l'origine de la revue hebdomadaire du même nom.

Los nervios progresaban desbocados desde la boca del estómago. Cada paso, cada acción, se tornaba difícil, desagradable, dolorosa. El trayecto se le hizo enorme. La ciudad que le había visto nacer, monstuosa y desconocida. Un laberinto de mareas de hombres sin rostro. Un mar de estaciones de metro, intercambiadores, autobuses. Cuando por fin alcanzó su destino, un edificio de oficinas de aspecto amenazador y reflejos espejados, estaba agotada. El mero hecho de enfrentarse a la entrevista de trabajo le provocaba náuseas. Cruzó la verja que delimitaba el recinto del edificio con pasos decididos, intentando aparentar tranquilidad.

El gato negro surgió de no supo donde. Se plantó delante de ella y bufó ruidosamente. Después comenzó a correr, se coló entre sus piernas, cruzó la misma puerta ella acababa cruzar segundos antes y desapareció de su vista.

Mónica no supo que hacer. Se sintió incapaz de seguir caminando, de entrar en el edificio. El poco valor que había podido reunir se había esfumado con el bufido del minino. Siguiendo un deseo irresistible, volvió sobre sus pasos. Comenzó a correr detrás del gato. ¿Hacia dónde habría ido? ¿A la derecha o a la izquierda? Se decidió por la primera opción. Los preciosos zapatos de vestir, no eran el calzado más adecuado para correr. A punto estuvo de resbalar varias veces. A los pocos metros detuvo su carrera. Se le antojó que no tenía sentido correr detrás de un gato negro. Pensó en volver al edificio y concentrarse de una vez en lo que había venido a hacer. Entonces el gato apareció de nuevo ante sus ojos. Lentamente, recorrió el trecho de la acera que le separaba de Mónica, con movimientos elegantes. Maulló muy bajito y frotó su pelaje negro y brillante contra las piernas de Mónica. Ella se agachó hasta quedar en cuclillas y comenzó a acariciar al gato.

-¿Qué es lo que quieres? No sé lo que hago aquí. Debería volver y hacer la entrevista.

El gato frotó su hocico contra la mano de Mónica. Después, con gesto lévemente ofendido, comenzó a caminar por la acera. De vez en cuando volvía la cabeza, mirando a Mónica, que seguía quieta, en cuclillas, sin atrever a moverse.

-¿Quieres que te siga?

-Miaaaoouuu.

-¿Eso es un "si"?

-Miaaaoouuu.

Mónica se puso en pie. Los segundos que había pasado en cuclillas acariciando al gato le permitieron recuperar el aliento. Y calmar sus nervios. Comenzó a caminar de nuevo, siguiendo los delicados pasos del gato. Al final de la calle distinguió lo que parecía el acceso a un parque. El gato se dirigió hacia él. El gatito continuaba mirando hacia atrás cada pocos pasos, asegurándose de que Mónica seguía sus pasos. Mónica se detuvo un instante antes de cruzar el umbral que daba acceso al parte. Se le antojó un portal interdimensional que le transportaría a un nuevo mundo. Una burbuja de silencio en medio de la ciudad. Una burbuja de senderos y campos de almendros en flor.

-Miaaaoouuu.

El gato negro llamó de nuevo su atención. Parecía impaciente. Mónica dudó un instante más, antes de reanudar su caminar, a través del parque, detrás del gato negro. A los pocos pasos aterrizó en un campo de almendros en flor. Con la luz de la mañana, los árboles resplandecían. Pero, sobre todo, le llamó la atención la atmósfera especial del parque. Una burbuja de calma, de silencio.

En un extremo del campo distinguió a una mujer sentada en lo que parecía una esterilla color aguamarina. Destacaba sobre la tierra salpicada de hierba. El pequeño gato negro pareció reconocerla. Maulló impaciente y comenzó a correr como un rayo hacia ella. Con la agilidad propia de un felino. Mónica le siguió con pasos vacilantes sobre el suelo labrado. Conforme se acercaba se dio cuenta de que la mujer tecleaba en un portátil de color blanco.

-Te estaba esperando-

Su voz le sobresalto.

-¿Esperando?

-Si. Siempre que hay un proceso de selección, si no diluvia, vengo a trabajar aquí y dejo que alguno de mis pequeños amigos seleccione al mejor candidato. El puesto es tuyo.

RoC (rate of climb)

(From Wikipedia, the free encyclopedia)

In aeronautics, the rate of climb (RoC) is an aircraft's vertical speed – the positive or negative rate of altitude change with respect to time.

Da igual. Sigo volando y el vacío ya no me llama. Sigo dibujando vórtices con las puntas de mis alas en el aire húmedo de la mañana. Y un día ya no habrá vacío, sólo el azul del cielo y el azul del mar y el único vértigo será el que sienta en la tripa al romper la barrera del silencio.

Casi en una vida anterior, los días menos buenos, o malos (para que maquillar la realidad) dibujaba cuentavueltas en los márgenes de mis hojas de apuntes. Con la aguja a punto de salirse de la escala. En plena zona roja.


Ahora, gracias a la magia de Internet he encontrado una foto del cuentavueltas en el que me inspiraba: el de una vieja Honda de trail (trail entonces significaba motos mixtas carretera-campo. una Honda Dominator o Suzuki DR por ejemplo).

Hoy ha sido un día medio malo. No el peor que recuerdo desde Diciembre de 2017, ni mucho menos.

(De fondo Marco maulla con fuerza. No se si quiere más comida, que juegue con el, caricias, mimos, o si de alguna manera presiente que no me encuentro bien y quiere llamar mi atención).

X3 semanas esperando que llegara mañana y, por fin, mañana es mañana. Si no soy más explícito es por que no quiero y porque luego me releo y me siento ridículo.

Escribo esto en el ordenador de sobremesa, que tiene un teclado "de verdad", aunque un poco ruidoso (¿existirán teclados más suaves y silenciosos?). Como tantas otras veces, a medio desvestir. Pero escribir era y es más importante que acabar de desvestirme.

Una vez más a punto de salir de otra bajona, pero muy cansado.

Buenas noches y buena suerte.

lunes, 11 de marzo de 2019

Luz

Los días pasan (menuda obviedad) y la primavera avanza. Sinceramente no recuerdo cuando según el calendario empieza la primavera. Si en el febrero que ya pasó o en Marzo. La temperatura es inusualmente cálida. Quizás más propia de Mayo. Me gusta la luz y los días más largos. El calor no tanto, pero el año pasado me demostró que lo llevo mejor de lo que pensaba. Incluso la lluvia. El invierno ha sido más seco que el anterior. Entra dentro de lo posible (e incluso es deseable) que incluso dentro de ésta misma semana llegue la lluvia. Sin tener el mejor de los estados de ánimo, supongo que tampoco me afectaría mucho. De todas maneras [nombres omitidos en los documentos desclasificados] ignorando que tengo sentidos para darme cuenta de que día hace y estados de ánimo a veces todavía cambiantes influidos a veces por los cambios de tiempo.

Semana. Comienzo de semana. Semana largamente esperada. Que tampoco va a suponer nada extraordinario. Nada que no haya vivido en multitud de ocasiones, más de las que me hubiera gustado. Explicaciones. Salvoconducto o informe. Hace X3 semanas si tenía prisa por qué llegara el día. Luego la urgencia se pasó.

Hablando siempre en clave. La sinceridad extrema no suele implicar buenos resultados. Salvo con unas pocas personas.

Buenas tardes y buena suerte.

domingo, 10 de marzo de 2019

Arena

El disco solar comenzó a alzarse sobre el mar en el horizonte. Mario continuó caminando sobre la arena húmeda. Cerca de donde rompían las olas en un estallido de espuma. Se agachó hasta quedar en cuclillas y cogió un puñado de arena húmeda en su mano derecha. La mezcla de arena y agua se escurrió entre sus dedos por más que intentara evitarlo. El tiempo y los anhelos, imposibles de atrapar. Se puso de nuevo en pie. Volvió la cabeza. Unos metros más atrás, un pastor alemán olfateaba curioso la arena.

-Vamos, Rocky,

El perro trotó alegremente hasta llegar a su altura. Frotó su hocico contra la cadera de de Mario y el le acarició cariñosamente en la cabeza.

-El viaje ha sido muy pesado pero ha merecido la pena ¿Verdad Rocky? Este sitio es precioso.

La luz del alba acariciaba la arena blanquisima de la playa. El agua era transparente como no la había visto nunca.