jueves, 8 de marzo de 2018

Avanzando

Todavía me resulta un poco agotador el día a día. Pero siento que avanzo, despacio, poco a poco, pero avanzo. Logro dormir casi perfecto (todavía me despierto muy pronto, incluso antes de que suene el despertador, que ya es pronto, pero también me acuesto muy pronto). Me altero con facilidad y me implico más de lo que debería. Pero me doy cuenta.

Deseando que llegue el fin de semana y poder lograr dormir más horas. Despertar de día. Días que empiezan a alargar. Ver luz de día, claridad, por la mañana, es esperanzador.

Buenas noches y buena suerte.

miércoles, 7 de marzo de 2018

Agridulce / Esperanza

Días extraños. Cansados pero bonitos. Con esa claridad mental casi irreal que me permite entender la mayor parte de mi vida. Y soy capaz de interactuar con otros humanos. Y pedir cosas. Y entender el por qué de otras. Aunque me sigue costando horrores en general relacionarme con otras personas. Y cuando lo consigo, y resulta satisfactorio y enriquecedor, a la vez es AGOTADOR. Menos mal que puedo refugiarme en mi gatera (piso) donde hay SILENCIO y ningún otro habitante a parte de mi y Marco, el gato pirata.

Siento que estoy avanzando. Que aunque me altero con facilidad por casi todo, a la vez, esos momentos de enfado o tristeza o ansiedad son más cortos. Me recupero antes y más rápido de esos momentos menos buenos, como si mi mente fuera una sofisticada suspensión que permitiera a las ruedas estar pegadas siempre al suelo y, a la vez, tragarse los baches más bestias. Quizás mi mente fuera un amortiguador averiado, con el hidráulico (que frena el rebote) estropeado, suelto. Quizás entre la medicación (todavía fundamental para dormir, aunque el lunes no me la tomé por olvido y dormí bastante bien), las visitas al psiquiatra, y mis esfuerzos por avanzar, pueda repararme, autorrepararme, mejorar.



O quizás no estuviera averiado y solo necesitara un ajuste. Media vuelta de un tornillo para acá, media vuelta de un dial para allá.

Rapid Recovery.

Seguir adelante, de pie sobre unos nuevos pedales azules.



Desde luego EL cambio, aunque pequeño, ha sido positivo.

Buenas noches y buena suerte.

martes, 6 de marzo de 2018

Despierta


Hoy te sientes distinto
Porque eres distinto
Lo que fue siempre lo mismo y cambió
Permanecía oculto en ti
Y ahora está tan claro
Es un día soleado y
No hay confusión

Bunbury - Despierta.

Cambalaches y avances

Andaba yo haciendo mis cambalaches mentales y de horarios para +3 (salvo magia iba a llegar muy justo a una cita importante) cuando un mensaje y una posterior conversación me hizo replantearme la composición de lugar y, por ayudar a un compañero (total, a mi me daba igual) sugerí un cambalache en toda regla que, en principio, parece haber sido aceptado.

En fin. Por una vez lo fácil era la inacción (y no la respuesta inmediata e impusiva), por lo que elegí a la vez la opción más difícil y más provechosa.

Sé que éste es un post que no se va a entender pero es a propósito.

Y hoy he descubierto que se socializar mejor de lo que creía y que otros humanos y humanas tienen pequeñas preocupaciones similares a las mías. Y aunque no dependa de mi solucionarlos (aunque si ofrecí mi ayuda) hablar hace sentir mejor. Alivia. Soy tímido y me cuesta abrirme a las personas, simplemente cruzar palabras más allá de los saludos educados. Pero a veces logro romper esa barrera. Hoy ha sido uno de esos días.

Me doy cuenta de que ya puedo hablar con otros humanos (todavía no puedo hablar con robots) de lo que me pasa, de la ansiedad, casi sin alterarme. Hace dos meses me era imposible, no quería que nadie supiera que me encontraba mal, y cualquier mención sobre el tema me alteraba mucho. Y es un paso muy grande hacia delante. Es casi como si les hablara de una visita al dermatólogo. Que al final, un psiquiatra no deja de ser un médico especialista. Y la mente a veces enferma. Como el resto del cuerpo.

Hace sol, queda una bonita  tarde por delante y tengo a la vez ganas y energía para hacer cosas. Lo que es un logro.

Buenas tardes y COME ON, PUSH!

lunes, 5 de marzo de 2018

Cuando las canciones te hablan

Hoy sentía que Enrique Bunbury cantaba en los auriculares sólo para mi. Que sus letras habían sido compuestas para mi. Se que no es verdad y que solo es una sensación de mi mente, de cómo me siento ahora, con el ánimo cogido con alfileres.

Las horas más bajas nos lo hicieron pensar.

(Bunbury - Demasiado tarde)

Podrías pensar lo peor
Que la apariencia no es sincera, no
Pasadas las noches en vela
¿Será una condena de amargo sabor?

(Heroes del Silencio - La apariencia no es sincera)

Si ya no puede ir peor
Haz un último esfuerzo
Espera que sople el viento a favor
Ya sólo puede ir mejor
Y está cerca el momento
Espera que sople el viento a favor

(Bunbury - El viento a favor)

Me quedo con El viento a favor. Ahora sólo me hace falta un poco de aire que me empuje hacia delante para poder remontar poco a poco y volver a resurgir.

(Este post se lo dedico a @incredulaa porque para ella la música de Bunbury también ha sido compañera vital durante muchos años).

domingo, 4 de marzo de 2018

Los días rojos

En "Desayuno con diamantes" la protagonista habla de los días malos y de los días muy malos. Los días negros y los días rojos. A mi el rojo no es un color que me desagrade ni me ponga triste, pero entiendo lo que quiere decir. El rojo de la ira, del enfado.

Días rojos, días aguamarina.

Más días aguamarina o neutros, al menos, que rojos.

Los días rojos no tengo ganas de ver a nadie. Me apetece refugiarme en mi gatera (piso) o en algún lugar tranquilo como una biblioteca (aunque hace tiempo que no piso mucho las bibliotecas). Y en días de bajona la sección de bicis del Decathlon siempre me anima.

En 2020 me haré con una nueva montura. Una doble suspensión de aluminio o una rígida de carbono. O quizás una bici urbana más completa.



Buenas noches y buena suerte.


Y en un día rojo, un cacharrito para escuchar música (que me es imprescindible para dormir y para la renfe, los ruidos humanos me desesperan) de color rojo.

Melancolía.

Viernes, 2 de Marzo de 2018

Melancolía.

Se me hace muy raro escribir en un archivo (de Open Office en concreto) en lugar de en un navegador, para crear una entrada, un post. El último archivo del que fuera mi diario corresponde con el mes de Octubre de 2014. Un mes complicado, imposible de olvidar, pero importante.

No sé cuando publicaré esto en La Red, ni siquiera sé si lo publicaré.

Nostalgia.

En un lugar alejado del tiempo y el espacio, con un ordenador digamos “reciclado”. Aquí casi todo es reciclado. Yo mismo me estoy reciclando o mejorando. Pero eso es distinto. Viejas cassettes, discos, toneladas de revistas. Aquí hay espacio. Espacio para los recuerdos.

(Capítulo 7 suena de fondo “tu voz, calma mi dolor”, y no puedo escuchar la canción entera porque me pone triste)

Música. Descubrí The Durutti Column en 1998 gracias a una cinta que me había pasado dos años antes el que fuera mi profesor de filosofía en el instituto. A Wim Mertens, en el verano de 1996 gracias a Diálogos 3 de Ramón Trecet. A venus también le gusta Win Mertens. Recordaba su música de fondo en los momentos más complicados de su vida. Y yo recuerdo el momento en el que germinó el amor entre los dos. Esos días inolvidables de conocimiento mutuo que desembocaron en algo precioso. Pero fugaz. Cuando esté bien (no sé cuando será eso) he de socializar más. Relacionarme a propósito de forma directa y personal con otras personas. No de rebote por una tarea obligatoria como el trabajo. Pero se me antoja complicado.

Archivos que contienen mis blogs. Derrota, activo de 2008 a 2014. El Loco, activo desde ese surrealista fin de semana de Septiembre de 2014. Comenzó apenas una semana y un día antes de que, por primera vez, pidiera ayuda a un médico por mi estado anímico. Por mi salud mental. El pasado no se puede cambiar. Lo ideal es que hubiera pedido ayuda mucho antes y quizás ahora fuera distinto, mejor (o no). Pero por poder, ahora podría no haber pedido ayuda nunca (es algo que me cuesta horrores, por timidez, pudor y orgullo). Supongo que seguiría viviendo o malviviendo, pero con mucho más dolor (si, dolor, anímico, pero dolor) interno.

Ahora me siento de nuevo casi en el punto de partida, aunque haga dos meses del nuevo minuto cero, de tirar de la baliza. Y mes y medio que la mirtazapina es mi inseparable compañera nocturna. Al menos me garantiza dormir algo (3-4-5 horas) las noches menos buenas y algunas o bastantes más, las noches buenas. Que son más que las menos buenas. Todavía no duermo bien y me despierto de madrugada incluso hoy que podía dormir todo lo que quisiera. Por poder, habría podido dormir un día entero. Pero al menos he dormido profundo unas 6 horas, que son bastantes.

Me pregunto cómo mejorar, qué hacer para sentirme bien y se que es un proceso largo, de pequeños pasos y pequeños gestos y momentos, más que de avances radicales. Ahora por lo menos me siento a veces en paz conmigo mismo y puedo escribir como me siento sin alterarme apenas.

Cómo me siento ahora mismo:

  • Físicamente en una silla tipo oficina, con ruedas, que se me antoja a la vez muy pequeña pero cómoda. En un dormitorio acogedor y luminoso, rodeado de cosas que me traen muchos recuerdos y a la vez me hacen sentir seguro. Con música de fondo (Without Mercy).
  • Internamente: tengo ganas de orinar y de defecar (lo primero es fácil, lo segundo no porque la ansiedad me estriñe). Me molesta algo la espalda quizás por el frio de antes o la postura.
  • Anímicamente: tengo leves ganas de llorar. Pero estoy en calma. Siento que soy un desastre pero no es verdad. Siento que ya he pasado por esto y quiero que se acabe y que vivir no duela, y estar tranquilo y poder dormir muchas horas.

Paso a paso. Guardar el documento. Ir al baño. Merendar.

viernes, 2 de marzo de 2018

A new day has come

No sé por qué escribo el título en inglés. Me ha salido así. Un día de calma relativa y de lluvia ligera pero constante.

Ayer fue un día más bueno que malo pero aún así muy cansado. En un día, un día después, todo era básicamente igual pero también en parte distinto. Estrené nuevo o nueva ...

No sé cómo expresarlo para que sólo yo lo entienda. Ahora veo venir a casi todos los piratas y estoy a la vez un poco más lejos del huracán, aunque no lo suficiente en días como el de ayer. Como le decía a N estoy mejor pero no bien. Y tener a seres humanos que se quejan en voz alta cerca o que simplemente hablan me satura bastante.

Al menos es lo menos malo o lo más bueno posible. Por una vez, siguiendo la opinión, que no consejo, de otra personita, (¿Adriático? A de Adriático) pedí algo de forma educada y razonada (de una forma muy yo, pero a la vez, lo más fría posible y sin lanzar mierda) y me fue concedida. Además indiqué a alguien que le era relevante que no estaba bien. Que tenía ansiedad. Momento vivido decenas de veces en mi mente, y que fue más sencillo y más agradable en la realidad que en mis simulaciones mentales.

Un nuevo comienzo. Todo esté año, desde el 31 de diciembre pasado en que decidí tirar de la baliza, es un nuevo comienzo.

A pesar de todo el día me resultó agotador. A media tarde, me tuve que ir a andar, al parque, porque el ruido de fondo me desconcentraba y cansaba mucho. Llovió más durante el paseo pero me sentó bien. Al igual que la última conversación del día con Adriático. (Creo que voy a llamar a todas las personas que reflejo en éste blog/diario con nombres de mares).

Decidí que no quería ver a nadie conocido y lo logré.

Compra y cena. Poco más. Estaba cansado. Dormí bien pero sólo como 6 h. Hoy espero que sean algunas horas más.

Hoy es un día diferente en un lugar diferente.

miércoles, 28 de febrero de 2018

Dimensión desconocida*: partes 3 y 4

(3) Pesadilla

Ojalá fuera una pesadilla. Pero es real. No entiende que ha pasado. Una tarde de Septiembre como otra cualquiera. De vuelta a casa, en el metro. El tren acelera en el interior del túnel, próximo a su velocidad máxima. Durante un instante, se apagan las luces y nota una especie de vibración, un hormigueo en su cuerpo. Cuando vuelven a encenderse las luces del vagón, todo es diferente. El color de las paredes, de los asientos, ha cambiado. La gente que les rodea es distinta, sus ropas, parecen a la vez arcaicas y futuristas.

Bajaron en la siguiente estación sin acertar a comprender nada. ¿Qué había pasado? ¿Cómo en un instante habían pasado a estar entre las estaciones de Callao y Gran Vía, a un lugar a la vez extraño y familiar? El resto de los viajeros les mira. Aciertan a escuchar mumullos, comentarios. “No llevan pulsera”. Se alejan de ellos. Como si tuvieran la peste.

Antes de que pudieran darse cuenta llegaron aquellos policías o soldados con uniformes que tampoco reconocían. Sin preguntar, les rodearon y apuntaron con algún tipo de arma desconocida. Lo siguiente que recordaban era dolor, vértigo y perder el conocimiento.

Sin duda era una pesadilla. Pero no podían despertar.

(4) Dormir

No. No puede hacer eso. Pensamientos que se repiten una y otra vez en la mente de Mireia. No. Pero lo hace. Quiere volver a verlos. A verle. Quiere abrazarle y escuchar su respiración. Abrazarle. El contacto físico tan odiado y hasta perseguido, lo quiere, lo necesita. Entonces recordó a Myriam. La telépata. Quién leyó sus mentes. Por su  cargo no le fue difícil volver a contactar con ella. Pero lo siguiente fue algo deliberado e irracional. La llevó a su casa. Porque la necesita.

Sabe que puede leer su mente. Se le antoja frágil y fuerte. Delgada, con el pelo rubio y muy corto y esos grandes ojos azules que se clavan en los suyos.

-Gracias. Puedo leer tu mente. Espero que no te importe. Ahora no puedo dejar de hacerlo. Estoy demasiado cansada. Espero que no te importe. Necesito ….-

-¿Qué puedo hacer por ti?-

-DORMIR-

Grita y su voz es estremecedora. Entonces Mireia rebusca en su bolso. Un frasco de policarbonato irrompible a su vez en el interior de una bolsa de plástico transparente. Un frasco que contiene ese preciado líquido azul que tanto desea Myriam.

-Sólo ...-

-... un tapón. Lo sé. ¡Quiero despertar! ¡Quiero dormir pero despertar!-

Prácticamente le arrebata la bolsa que contiene el frasco. Y lee su mente, y descubre donde está el dormitorio. Y recorre los metros que le separan de esa estancia lo más rápido que puede. Se sienta en la cama, abre la bolsa, abre el frasco, solo un tapón. Llena el tapón con el liquido y se lo bebe de un sorbo. Tapa el frasco. Lo mete en la bolsa. Levanta la vista. Sus mirada se topa con los ojos de Mireia.

-Gracias. Puedes abrazarme mientras duermo, si quieres. Nadie me ha abrazado en años-

Se tumba en la cama, medio de lado, medio boca abajo y, por fin, puede dormir. Dormir.

*el relato nació en 1996, en el otoño (octubre) de 1996, entonces en papel, entonces se llamaba La hermandad del sable. Entonces yo tenía 16 años. Ay. A mi yo de 1996 le hubiera gustado leer esto.

Vitus 979

Descubrí ésta web a principios del éste Febrero que hoy se acaba. Le tengo cariño a esa bici, en su día revolucionaria por su cuadro de aluminio termopegado. Porque es francesa y me recuerda a Marta. Y porque también me recuerda al año en el que vine a éste mundo.

Imagino mi ser, mi mente, mi cuerpo, a veces, como una máquina. En esa metáfora, a partir de ese viejo cuadro de aluminio, crearía una nueva bici, mezclando componentes antiguos con otros actuales. Mientras escribo ésto me imagino escogiendo los componentes, mis manos manejando herramientas para instalar el eje de pedalier, los desviadores, los frenos. Hasta que, por fin, estuviera acabada y saliera a probarla a la carretera, estas pequeñas carreteras de la Baja Alcarria que me vieron crecer.

Siempre en movimiento, siempre en evolución. Creando un nuevo yo.


Hoy una pequeña victoria. En ésta, mi vida, que a veces se me antoja una de esas clásicas del centro de europa, con tramos de adoquines, lluvia y barro. A lomos de mi Vitus 979 virtual, habría llegado a la meta, salpicado de barro, quizás tras alguna caída, agotado, pero sonriendo.

¡GRACIAS! ¡BUENAS NOCHES!

pd: El libro precioso del que saqué la foto.


lunes, 26 de febrero de 2018

REBOOT

Y hoy solo puedo decir....

NO HAY PROBLEMAS, SÓLO SOLUCIONES.

COME ON, PUSH!


Hoy estoy alegre y triste a la vez. Me siento bien o no-mal pero me vienen rágafas de tristeza, como viento de cara con lluvia que me moja la cara. Pero me subo la braga y sigo adelante, aunque ahora mismo tenga los ojos llenos de lágrimas.

Ahora mismo me imagino de pie sobre los estribos de mi KTM rallye réplica virtual, gas a fondo, por desiertos infinitos de ansiedad, tristeza y desesperación. Pero yo puedo más que todos esos desiertos. Además ahora como estoy evolucionando como persona mi moto virtual es nueva, más ligera y potente.




COME ON, PUSH!

Y Marta Sanchez canta de fondo Soldados del Amor. 1991. Hace un siglo de todo eso, o se me antoja.

No sé cuánto tiempo pasaré sin ti
Sin el poder que me das a mi
Entre nosotros no hay guerra ahora
Vivimos al ritmo de un mismo tambor

Tú y yo
Soldados sin batallar
Los dos
Manteniendo guardia
Tú y yo
Protegiéndonos
Los dos
Soldados del amor

[...]

No debemos tratar de explicar
Lo que se va nunca volverá

¿Volveré a verte algún día Venus? ¿Volveré a hablar contigo, a contarte cómo me siento? A estar en tus brazos.

Alguna de las cosas que pensaba y sentía hoy y a lo largo de los días pasados las apuntaba  mentalmente para decirselas a la psiquiatra (cuando de una vez tras la conjunción interplanetaria pueda volver a verla). Porque siento que es la única persona a la que puedo contarle como me siento sin hacerle daño.

DC*

The JOKER sonrió por dentro. Porque se puede sonreír por dentro y por fuera. Más que sonreír, rompió a reír. Una carcajada casi maléfica pero a la vez liberadora. Acto seguido fue al universo AID a por cereales que favorecen el tránsito intestinal.

DC es DC. Y ya. Corriendo pero sin correr.

*DC en inglés es direct current, corriente continua.

domingo, 25 de febrero de 2018

Colores

Entonces verde lima, verde esperaza.


Hoy azul delicado. Casi aguamarina.


Para no resbalar y perder pie. Para poder seguir adelante, seguir avanzando. Y porque son preciosos y pensando en pedales no pienso en cosas feas.

sábado, 24 de febrero de 2018

Esa voz que casi nunca se calla: mi pensamiento.

Aquella mañana comprendí lo que era la muerte, lo que era morir o lo que debía ser morir. Yo era un niño. Iba al colegio, a primaria, a lo que entonces se llamaba EGB (Educación General  Básica). Acababa de aprender a leer y escribir, algo maravilloso. Bajaba las escaleras del edificio en el que vivía. Y pensé que morir sería dejar de pensar, dejar de soñar, dejar de sentir, dejar de imaginar. Que esa voz que eran y son mis pensamientos, esa voz que apenas se calla, se quedaría en silencio, para siempre. La muerte como una nada infinita y silenciosa.

A veces me gustaría dejar de pensar o por lo menos dejar de pensar cosas negativas. A veces lo consigo y a veces no. Otras mis pensamientos son como una especie de copiloto de rallyes, que me va cantando las curvas mas difíciles y las cunetas que no debo cortar o morder.

There's no end, there is no goodbye. Disappear with night.

Set your dreams where nobody hides
Give your tears to the tide
No time
No time

There's no end, there is no goodbye
Disappear with night

No time
No time
No time
No time
No time

M83 - Wait


viernes, 23 de febrero de 2018

Sueño

Llamando a las puertas de los ojos, del lacrimal. Sueño y no lágrimas. Cansancio pero no ansiedad. No se si de todas formas seré capaz de dormirme, esta siesta tardía y dulce. Pero lo voy a intentar.


¡GRACIAS! ¡BUENAS TARDES!

jueves, 22 de febrero de 2018

N+7 Alegría. Alivio. Agridulce.

-¿Y qué pasó al final?-

-¿Al final de qué?-

-Qué le ocurrió a esa mujer. La que iba en el asiento del copiloto del Toyota.-

-Marina, Marina, deberías saber que curiosear en recuerdos y pensamientos ajenos, no es de buena educación ...-

-... pero puede ser a la vez, interesante y descorazónador.-

-Está bien. Podrías leerlo tu misma, pero te lo contaré. Ponte cómoda.-

A partir de aquel instante sus recuerdos eran menos nítidos. Desdibujados. En realidad todo lo que había ocurrido aquella mañana, de no haberlo vivido, se le antojaría un sueño. Una pesadilla. La pista, como afirmaba el GPS dio paso a una estrecha carretera de montaña. Y la pequeña carretera, a otra mayor. Conduciendo lo más rápido que podía o que sabía sin poner a nadie en peligro, logro llegar a su ansiado objetivo: una población lo bastante grande como para tener un hospital. En algún punto de los Pirineos.

Detuvo el Toyota no lejos de la entrada de las urgencias. Cargo a la mujer en brazos y entró en el hospital. Durante un instante aún tuvo tiempo de pensar que la escena sin duda era totalmente surrealista, digna de una película de acción norteamericana: un tipo alto y flaco vestido con ropas de ir en bici de colorines fosforitos, pero manchadas de barro y de sangre, con una Guardia Civil igualmente cubierta de sangre en sus brazos.

Pidió ayuda. No recordaba con precisión sus palabras. Algo así como "la encontré en las montañas ... Creo que tiene una herida de bala". Más información era innecesaria. Cuando por fin vio al personal sanitario ocupándose de ella, sintió un alivio infinito, una sensación agridulce derramándose en su interior. Le fallaron las fuerzas. Estaba herido y agotado. Por una vez, bloqueó el círculo mágico interior. Dejó que aquel inmenso mar de negrura que tantas veces había sentido a sus pies le alcanzara. Y, con una mueca en su cara mezcla de alegría y dolor, perdió el conocimiento.

Más tarde recuperó el sentido. Pero se dejó hacer. Se dejó atender y curar mansamente. Por una vez era un alivio que alguien se ocupara de él. Estaba cansado y confuso, así que no le costó exagerar esa confusión. ¿Qué hago aquí? ¿Cómo he llegado? ¿Qué ha pasado? ¿Cómo está ella?

Estuvo tentado de exagerar todavía más su confusión añadiendo alguna frase como ¿Dónde está mi nave? ¿Qué planeta es este? ¿Cuando vienen los marcianos? Pero igual acababa ingresado en psiquiatría y no era plan. Al final del día, después de muchas pruebas para descartar alguna lesión interna, acabó ingresado en observación, con la mano derecha vendada. En una cama bastante cómoda de una aséptica y anónima habitación de hospital, con una vía y suero en vena. Al llegar la madrugada decidió que ya estaba lo suficientemente recuperado. Se quitó el suero y la vía, sin organizar ningún festival de sangre, lo que ya era un logro. Y después, tal y como había aprendido y le habían enseñado, tal y como casi le era innato, se deslizó en silencio, sin hacer ruido, como un pequeño gato negro que sabe fundirse con las sombras. No recordaba bien dónde encontró algo de comer, a pesar del suero tenía mucho hambre, lo que era buena señal. Y una vez llenada la tripa, la buscó. ¿Cómo? No sabría explicarlo. ¿Cómo se orientan las aves en sus migraciones? ¿Cómo sigue un perro el rastro de una presa? Había compartido su energía vital con aquella desconocida y, al menos durante un tiempo, eso los unía, con un vínculo invisible y frágil, pero perceptible. La encontró en la unidad de cuidados intensivos. Estaba vida. Y sedada. Quizás si hubiera estado despierta se habrían enamorado perdidamente el uno del otro. Quizás el hubiera ingresado también en la Guardia Civil y hubieran sido felices y comido perdices. Pero estaba sedada y aquello era el mundo real y no un culebrón surrealista.

En un vestuario encontró lo más parecido a ropa de calle. El uniforme de algún tipo de personal de servicios o de limpieza quizás, ropa de trabajo con bolsillos y franjas reflectantes. Un poco grande, pero para un apuro como lo era esa situación le podría servir. Sus efectos personales los dio por perdidos. No eran gran cosa, una mochila de la suerte con lo imprescindible para pasar algun tiempo en las montañas. Ya conseguiría otra y su contenido. Fue como dejar atrás la ropa húmeda después de nadar en un mar enloquecido y estar a punto de ahogarse.

En silencio, por una entrada de servicio, se marchó. Todavía algo cansado, pero sonriendo.

martes, 20 de febrero de 2018

I.L.E.

Sin coraza. Al descubierto.

Soy una persona brusca, complicada, ansiosa, con carácter y más solitario que sociable. Pero hay días como el de hoy, difíciles, con altibajos (la palabra del año) pero bonitos.

Me expongo demasiado, muestro mis cartas y mis debilidades que son muchísimas.

Aprender de errores propios y ajenos. Ser más abierto y con más empatía.

Pero es de noche, estoy en mi gatera, viendo un interesante vídeo en Youtube sobre motos de carreras. Y la vida se me antoja más dulce y más amable.

GRACIAS! BUENAS NOCHES!

lunes, 19 de febrero de 2018

El albañil de las palabras

Estaba enfadado. La verdad, muchos días me siento enfadado con el mundo y conmigo mismo y me apetece gritar. Y puedo gritar muy fuerte. Y he gritado fuerte a gente que quiero, lo que es un completo desastre.

Estaba cansado, enfadado, frustrado y con ansiedad. Un asquito con patas y dopaje (= medicación = mirtazapina). Pero aun así fui capaz de usar con sentido común la herramienta que mejor domino. No, una llave allen de 6 mm, no. La palabra.

(La multieherramienta de la imagen además de llaves allen varias tiene 2 destornilladores)

(Con sentido común).

Expresé lo que sentía con educación pero de forma directa, sin rodeos.

Fue como tirar una piedra al agua y esperar a ver lo que pasaba. Total, el no ya lo tenía.

La respuesta llegó realmente EN HORAS. Como dije aquella vez "sonriendo debajo del casco". Podía haberte tirado el pisto y decir "esto ha sido gracias a mi". Pero hice lo más difícil. No hacer nada.

Cuando me recupere he de buscar un trabajo donde mi dominio de la palabra y mi atención por el detalle sirvan de algo. Ahora la prioridad soy yo.

Buenas noches y buena suerte.

En el camino

Estoy cansado y tengo sueño. Los fines de semana todavía no me sirven para descansar lo que debería. Pero, a la vez, me siento mejor que la semana pasada. Supongo que todo lo que pasó, la visita al psiquiatra, las conversaciones profundas, crudas, duras pero necesarias, me han removido muchas cosas. Remover el barro o la mierda. Pero una vez se aclara el agua turbia de nuevo, me siento mejor.

La pena es que volver a ver a la psiquiatra no va a ser cosa de semanas sino de meses. Todo es complicado y pesado. Ahora tengo algo más de paciencia porque me encuentro mejor pero aún así es muy frustrante. La incertudumbre no me gusta. Y menos cuando me siento como ahora.

Todo empezó de nuevo realmente hace 2 meses día arriba día abajo. La última vez ni siquiera había ido al médico de cabecera todavía. Volver al barro, con consultas y medicación de por medio era uno de mis mayores miedos y, al final, es donde estoy. Y a partir de ahora sólo puedo mejorar.
Buenas noches y buena suerte