Días extraños. Cansados pero bonitos. Con esa claridad mental casi irreal que me permite entender la mayor parte de mi vida. Y soy capaz de interactuar con otros humanos. Y pedir cosas. Y entender el por qué de otras. Aunque me sigue costando horrores en general relacionarme con otras personas. Y cuando lo consigo, y resulta satisfactorio y enriquecedor, a la vez es AGOTADOR. Menos mal que puedo refugiarme en mi gatera (piso) donde hay SILENCIO y ningún otro habitante a parte de mi y Marco, el gato pirata.
Siento que estoy avanzando. Que aunque me altero con facilidad por casi todo, a la vez, esos momentos de enfado o tristeza o ansiedad son más cortos. Me recupero antes y más rápido de esos momentos menos buenos, como si mi mente fuera una sofisticada suspensión que permitiera a las ruedas estar pegadas siempre al suelo y, a la vez, tragarse los baches más bestias. Quizás mi mente fuera un amortiguador averiado, con el hidráulico (que frena el rebote) estropeado, suelto. Quizás entre la medicación (todavía fundamental para dormir, aunque el lunes no me la tomé por olvido y dormí bastante bien), las visitas al psiquiatra, y mis esfuerzos por avanzar, pueda repararme, autorrepararme, mejorar.
O quizás no estuviera averiado y solo necesitara un ajuste. Media vuelta de un tornillo para acá, media vuelta de un dial para allá.
Rapid Recovery.
Seguir adelante, de pie sobre unos nuevos pedales azules.
Desde luego EL cambio, aunque pequeño, ha sido positivo.
Buenas noches y buena suerte.


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