(5) El piloto
-Pero ¿qué coño haces aquí? ¿A que has venido? Por tu puta culpa me expulsaron del ejercito. Por tu puta evaluación sólo encontré trabajo … ¡de basurero! Un piloto de caza en una puta nave portarresiduos.-
A cada palabra, su voz es cada vez más alta. Levanta el puño derecho en actitud amenazante. Al lado de aquella mole musculosa de cerca de metro noventa de estatura Mireia parece diminuta. Instintivamente retrocede, hasta que su trasero se topa con una de las pareces del pasillo. Se encoge y cierra los ojos, esperando el primer golpe …
Pero no ocurre nada. Abre los ojos. Aquel tipo, en un alarde de autocontrol que no esperaba de él, ha dejado de gritar y le tiende la mano en un gesto amigable.
-Al final … solo hacías tu trabajo. Y no fuiste especialmente dura. Me podías haber mandado a la cárcel perfectamente. Sólo hacías tu trabajo. Y ahora, cinco años después, vienes a la puerta de mi casa. ¿Qué es lo que quieres?-
-¿Cómo sabe que quiero algo?-
-No soy tonto … Alguien como tu … en éste barrio, en éste edificio … no encaja. O vienes a joderme todavía más (y no en la forma que a mi me gustaría, porque estás bastante buena) o quieres algo de mi.-
-Me lo tomaré como un piropo. Tienes razón. Quiero algo de ti. Aunque no tengo derecho ...-
(6) Un rincón (El piloto parte 2)
-Tendrás un plan-
-¿Un plan?-
-Si, un plan. No pretenderás llegar a la prisión, dar las buenas tardes y llevarte a los presos así porque si.-
-Yo ....-
-Así que no tienes un plan. Da igual. Déjalo de mi cuenta. No es fácil, pero puede hacerse.
-No tengo un plan, pero tengo a alguien que creo puede ayudarnos.-
-¿Un contacto en la prisión?-
-No. Una telépata.-
-¡Una telépata! No sé cómo has conseguido tener acceso a una telépata, pero es estupendo. Nos puede proporcionar información muy valiosa. Dónde están los presos, protocolos de seguridad ...-
-¿Cómo nos va a dar esa clase de datos?-
-Es una telépata. Puede leer mentes. No digo más. De todas maneras … por lo valiosa que es … supongo que ya habrán echado en falta …-
-¡Tuve cuidado de no ser vista!- Protestó Mireia.
-No lo dudo. ¿Dónde la tienes? ¿No estará en tu casa?-
-Ehhh. Si.-
-Es el primer lugar dónde la buscarán, si creen que tú puedes tener algo que ver en su desaparición-
Myriam despierta de un sueño extraño, pesado y profundo, artificial, pero a la vez agradable, reparador. Despierta y apenas siente nada. Conserva sus cinco sentidos operativos, pero su capacidad de leer mentes se le antoja adormecida. Y los recuerdos y emociones ajenos, tan nítidos como dolorosos, no existen. Le inunda una paz tan intensa que sus ojos se humedecen de alegría. Se estira en la cama, una cama distinta que no le es familiar hasta que por fin se decide a abrir los ojos. Recuerda vagamente dónde se encuentra.
Libre.
Su estómago protesta. ¿Cuántas horas habrá dormido? Muchas. Las suficientes. Presiente que no hay nadie en casa. Se mueve en silencio, descalza, como una gata. Descubrir cada habitación sin leer en la mente de otra persona o sin recordar lo leído en la mente de otra persona sobre el lugar donde se encuentra en ese momento, es a la vez una experiencia nueva y preciosa.
En la cocina encuentra comida. Comida de verdad. Y no el menú insípido de cada día en su ¿carcel? De nuevo la alegría y el alivio se derraman en su interior. Pero son emociones agradables, placenteras, que no duelen.
Sintió algo. Escuchó algo. La cerradura electrónica de la puerta que da acceso a aquella vivienda desbloqueándose. No ha presentido a los humanos que, sin duda, estarán al otro lado de la puerta. Eso le aterra y alivia a la vez. Tímidamente recorre los metros que le separan de la puerta, hasta toparse con ellos. Mireia, su salvadora, y un hombre al que no conoce. Es alto, mucho. Y musculoso. Su mirada es a la vez cortante y cálida. Despliega sus sentidos. Cuesta. Como caminar por el barro. Recuerdos inconexos. Imágenes entrecortadas. Lucha. Victoria. Derrota. Alegría. Complicidad. Compañerismo. Dolor. Miedo. Vértigo.
En unos pocos segundos, sin el más preciso de sus sentidos operativo al cien por cien ha de decidir su puede confiar en aquel desconocido. Mira en su interior y decide que si. Que es de confianza. Recorre los pasos que le separan de él lo más rápido que puede y le abraza. Él le abraza también, sorprendido y a la vez encantado.
-Os ayudaré. Pero no sé si podré ser útil. Todo es nuevo. Y tengo mucho miedo.-
No hay comentarios:
Publicar un comentario