lunes, 19 de marzo de 2018

42x11

La primera vez que volví a rodar en bici por la ciudad que me vio nacer fue hace casi 16 años. Antes había rodado en muy contadas ocasiones. Aprendiendo a montar en bici. Estrenando alguna montura. Se me antojó algo sugerente a la vez que peligroso. Ahora se me antoja más sugerente que peligroso, si sabes por donde rodar y tienes un mínimo de precaución y habilidad. En todos estos años las veces que me he caido ha sido prácticamente en parado y por mi torpeza con los pedales automáticos.

La vida y las bicis.


Mi compañera de entonces era una bici de los '90. De montaña. De hipermercado. El único detalle de modernidad eran unos frenos tipo vbrake. Y los mandos de cambio en el puño. También muy habituales en los ´90, pero menos en la primera década de 2000, puesto que hasta Sram sacó mandos de cambio tipo gatillo (trigger). Funcionaba aceptablemente bien, pero tenía la dirección pasada de rosca y a veces vibraba el manillar al frenar fuerte. A veces se salía la cadena al cambiar de plato. Y a veces se partía la cadena (partir la cadena saliendo de un semáforo es un momento tan desagradable como inolvidable). Las cubiertas tipo semi-slick (geax easy rider), por supuesto de 26" -las ruedas de 29" eran sólo un sueño-.


Así empecé a recorrer Madrid. Parques. Carriles bici. Calles.

Ahora soy capaz de hacer muchas cosas que entonces me daban miedo (como conducir, o trabajar o relacionarme de forma más o menos normal con gente, aunque sea muy de vez en cuando). Pero todavía me queda mucho camino por recorrer. Y más ahora, cuando no me siento bien.

Buenas noches y buena suerte.

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