Tengo fuerzas (no sé como) pero no ganas de seguir perdiendo el tiempo en aprender o cosas que ya se, o cosas que me explican mal o cosas que no tienen sentido mientras la gente no calla ni un segundo y sueltan lo primero que piensan mientras yo leo sobre el, ya obsoleto, pero precioso, A3 de 1997 o sobre trenes, descubriendo que tipo de batería tienen. El profesor divaga y dice que por qué tal, eso es lo mismo pero a pequeña escala. No me tiene por qué salpicar su negatividad. Un compañero hace lo que yo había pensado en un principio, que es irme después del recreo, pero el a última hora. Ojala poder ayudarle. Ojalá poder proporcionarle un lugar seguro y también un ordenador pequeño pero que funcionara. Yo no puedo hacer más de lo que hago, porque mis recursos y fuerzas son limitados. Y mis fuerzas están al límite.
*Siempre hay esperanza.
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