miércoles, 9 de noviembre de 2022

Madrugadas

Sabía que el día iba a mejorar conforme pasaran las horas y las consultas.

La primera de todas fue, fría. ¿Útil? Meh. 

[Estoy editando la entrada un siglo después. Por pudor. Es todo tan obvio, o lo era. Falta de entendimiento. De química. De empatía. De complicidad, quizás].

Aunque valoré positivamente la consulta (más que nada por la asertividad por mi parte), y fui capaz de escribir (algo totalmente alejado del motivo de la consulta), y de agradecer el MD de Rafa, alabando mi forma de escribir, luego vino la marea baja:

Utilicé el lorazepam (que para eso está) y, como no, fui asertivo UNA VEZ MÁS. Al menos me sirvió de desahogo. Que capacidad tengo para escribir.

Me puse el traje de persona normal y fui para el hospital. Como tenía ansiedad, salí como 2 horas 40' antes de la hora de la cita. Eso me permitió, estar a las 18:10 en el hospital y, sobre todo, poder pasear por el parque del Oeste, que estaba precioso en Otoño.


Quizás por la Benzo, quizás por la música, por los auriculares fantásticos, la experiencia dentro del hospital fue agradable. Apenas tuve que esperar, no había mucho ruido y, como en julio o en junio, entré en la consulta antes de la hora teórica.

Me respaldaste. Una vez más. Incluiste las 3 siglas famosas (TEA) por primera vez en informe. Hablamos de la medicación que no fue bien, quizás por mi impaciencia. Tenía miedo de que detrás del insomnio vinieran más ideaciones. Pero, lo que vino después, fue una pequeña mejora global. Hablamos también de la nueva y leve ideación. De los cuatro mosqueteros de los trenes. De exámenes, tareas. De mi miedo (irracional) al acabar atado a una cama en urgencias tras un meltdown. De un miedo que ni siquiera imaginabas, mi pánico a la TEC. Te hablé de los calores que me subían al expresarte todo esto.

Una vez más, me sentí a gusto y fue un alivio tremendo, un impulso, seguridad y calma. Además me tranquilizaste en relación a visitas futuras con una psiquiatra de la pública. Al ser el mismo centro, no va a haber problema alguno.

Por una vez, le pedí más medicación para dormir y no lo vio adecuado, me sugeriste tomar melatonina para dormir, que la tome a largo plazo. Voy a probarlo mañana.

A decir verdad, ella no sospechaba que yo fuera autista, le expliqué que por mis altas capacidades, que me hacen parecer una persona "normal", a un coste de ansiedad terrible. Al leerle las posibles consecuencias de enmascarar a largo plazo, ella se dio cuenta de que cuadran con lo que me ocurre.

Pero, sobre todo, me insistió que está ahí, aquí, a mi lado, para ayudarme. Y que valora cada pequeño paso que he dado. Todavía más, siendo autista. Desde tener pareja (vínculo de pareja, las parejas no se poseen) a acabar ADE entrando en depresión. Le hablé del placer compartido, a pesar de la medicación. Y le encantó que hubiera encontrado personas con una sensibilidad cercana a la mía. Somos los 5 mosqueteros de los carriles.

Al salir del hospital era casi de noche, pero la luz preciosa, la ya penumbra, me acompañaba. Y me pude encontrar con una compañera gatuna, pequeña y asustada. Como yo.


A pesar de perderme en una estación que es como el pasillo de mi casa casi, al final, sólo hice alguna estación de más y estaba con como 20' de margen antes de la consulta con mi psicóloga preferida. A pesar de algunos problemas con el zoom al empezar, la consulta fue preciosa.

Le pude contar todo, desde mi incomodidad con la psicóloga con el seguro, a la calidez de la psiquiatra que me trata. Me validó y valoró mis esfuerzos y emociones.

Enmascarar. Recordé, en el otoño de 1998, yendo camino de la auto escuela, esa sensación de no entender por qué me encontraba mal (me funciona la cabeza-me funcionan las piernas), esa sensación de llevar un pesado pijama de plomo, de chapas de plomo afiladas y pesadas que me cortaban la piel y el miedo y la necesidad de quitarme ese pijama de plomo y el dolor que pudiera generarme quedarme sin máscaras.

Desenmascararme.

Me has sugerido que una ciudad más pequeña podría ser una opción, un lugar con menos ruido y con un ritmo más amable, más pausado. Nunca me lo hubiera planteado.

El final de un día agotador, comprensión y un nuevo camino para continuar.

Sentía que recorría, en medio de la noche, a tu lado, una carretera muy difícil, bajo la lluvia, pero sabiendo de antemano las curvas que me esperaban, gracias a las notas que me leías.


Creo que soy medio gato medio humano, por eso tengo sentidos tan precisos y creo que Dios me dio solo una vida (eso no lo he de olvidar) pero la resiliencia necesaria para casi tener las siete vidas que dicen tener los gatos. Y he elegido usar una de esas 7 vidas para ayudar. Y a eso voy a dedicar la mañana (estudiar SAM es secundario).

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