Una madrugada, alguien lo atropelló. Su compañero de vida humano escucho sus ladridos lastimeros. Le encontró moribundo en la calle. Cuando le cogió en brazos para llevarle al veterinario, de puro dolor, el perro le arañó o le mordió y le hizo sangre.
No se si llegó con vida al veterinario o murió en el camino, al lado del humano con el que había compartido la mayor parte de su vida.
Así es como me siento, como un perro mestizo moribundo, rabioso y desquiciado.
Da igual cuales sean mis intenciones. Siempre acabo haciendo daño a alguien y siempre me acaban haciendo daño.
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