Hubiera echado de menos al más de ropa. Un gorro bajo el casco y guantes más gruesos, una cazadora de bici, en lugar de la chaqueta de alta visibilidad del Lidl. Pero, al cabo de unos minutos rodando, notaba menos frío.
La clase fue surrealista, como siempre. En el recreo, algunos decidieron hacer bomba de humo. Por cansancio o por hartazgo de las clases. Después de solo 50' de clase, preferí seguir en clase, aunque me fuera un poco agotador.
Volví a casa de noche. Alguien que usa una cazadora sin protecciones en una moto, me dijo la frase manida de "cuidado que no te van a ver con la bici" cuando, entre chaqueta reflectante, luces y reflectantes en la bici, era un puto árbol de navidad.
El día siguiente, el sábado, era mi cumpleaños. Fue agridulce. Que alguien decidiera hacer un viaje en lugar de comer conmigo, con nosotros. Despiste, si. Como lo vivido en junio, y en julio, y en noviembre.
Tuve fuerzas para ir a un salón precioso a ver cientos de coches y de motos clásicos. Una persona cercana y querida me llamó y me sentó bien hablar con ella.
Regalos preciosos y prácticos.
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