-Papá ¡Vamos a correr el Rallye de Montecarlo! Todavía no me lo puedo creer.
Giró la llave de contacto, tiró del mando del "aire" y el veterano propulsor de 903 cc se puso en marcha al primer intento, sin acusar el frío reinante. Si duda los técnicos de Seat Coches Históricos habían hecho un trabajo digno de elogio. El coche parecía como recién salido de la cadena de montaje de la Zona Franca.
Sus miradas se cruzaron un instante antes de poner el coche en movimiento camino del primer tramo de la mañana. Ojos verdes, ojos marrones, colores intensos un poco empañados por la emoción.
-No podría tener un mejor copiloto. Ni siquiera Luis Moya. Gracias hijo por acompañarme.
-De nada Papá, aunque Carlos Sainz me hubiera llamado para copilotarle, hubiera preferido estar a tu lado.
La grava golpeaba los bajos del viejo Seat. Parecía un sueño, pero era real. Se concentró en las notas.
-Ojo, izquierda 4 con rasante cierra poco, frenar para derecha 3, por dentro, Ojo, grava.
No hay comentarios:
Publicar un comentario