Entonces como lo es ahora este lugar era mi refugio. En medio de semanas de mucho trabajo nada agradable y de tristeza y ansiedad casi infinitas, los fines de semana en un lugar amplio, silencioso y fresco eran preciosos. La amplitud implica silencio. En un piso, salvo que sea muy grande, y una he vivido en un sitio así, es inevitable escuchar los ruidos de otros humanos. Del piso de a lado o de los que comparten piso contigo. Y si a esos humanos les da igual que duermas mal e insisten en no cerrar puertas, en hablar alto desde la habitación de al lado mientras intentas dormir, en ver la televisión hasta tarde, pues es un desastre. No todas las personas necesitamos dormir lo mismo. Y yo necesito al menos 7 horas. Ya no recuerda a qué hora me levantaba entonces. Supongo que como a las 6:30, ya que mi jornada de trabajo empezaba a las 8:00. Eso implica que como a las 23:00 tienes que estar en la cama. Y si quién está en la habitación de al lado necesita dormir menos y no tiene dificultad alguna en conciliar en sueño y tampoco tiene empatía, pues es un desastre. Porque igual la noche anterior has dormido 4 horas o menos. Y necesitas dormir. Y mientras coges el sueño la televisión o una conversación te desvela. Imagina que esto se repite durante todas las semanas varios meses seguidos, de junio a noviembre.
Pero ahora me encuentro anímicamente mejor, y he dormido 8 horazas. Y tengo mi propio refugio en el caos de Madrid. Sin ruidos ni conversaciones ajenas en la habitación de al lado y con los mimos de Marco, el gato pirata.
No hay comentarios:
Publicar un comentario