Pegado al suelo. El mismo que me mantiene en pie. Pero que a la vez es áspero, abrasivo. Puede destrozar mi piel y mis huesos si caigo con la fuerza suficiente. Caer, levantarse. El miedo a caer y no tener fuerzas para levantarse. El miedo a que un día, ya no tenga ganas ni fuerzas de seguir avanzando y me siente en el suelo, agotado, vencido y con los ojos llenos de lágrimas. El miedo a que un día sienta que el camino no merece la pena.
(Pero eso no va a ocurrir)
A veces siento que avanzo por un camino cubierto de barro. De ese que se pega a las suelas de las zapatillas y hace muy cansado andar. No me gusta el barro. Pero es parte de la vida.
(Pero el barro no dura eternamente)
Pero volveré a volar. Volverá la felicidad, la confianza, la alegría.
(Y en parte, ya ha vuelto. La siento de nuevo conmigo. Y ya duermo mucho mejor)
Volveré a volar ingrávido en brazos del viento. No tengo alas, pero me sobra imaginación.
(Y aunque no se especialmente hábil sobre la bici, es la sensación más parecida que conozco a volar ... a ras de suelo)
Que el miedo a caer no te impida volar.
*El título de la entrada lo tomo prestado de un tweet de @gemmademarzo
Pd: Ahora necesito escribir. Me sale hasta en mayúsculas: NECESITO escribir. Aunque solo sea para intentar tener más confianza en mi mismo y darme ánimos en los momentos menos buenos, que son menos y menos serán. Por eso, me imprimí el post antes de ayer y ocupa un pequeño lugar en mi puesto.

Bravo, todo te lo has dicho ya. A volar, pequeño aprendiz!
ResponderEliminarY que tu lo veas! Y que tu también vueles y cumplas tus sueños! Desde luego, me llega tu apoyo.
Eliminar¿Te cuento un secreto? Me imprimí el post y lo tengo pegado en mi puesto, en la tapa de una cajina de cartón donde tengo el cepillo de dientes y la comida. Prometo foto.