domingo, 2 de noviembre de 2014

Caprichos (II) (un relato)

La jornada laboral termina. Está un poco cansado. Quizás lo que más le agota es tener que relacionarse con sus compañeros y jefes. Pero ahora le resulta más fácil.

-Hasta mañana a todos. Que descanseis.-

Al pasar por delante de Ana, la vigilante de seguridad, decide intentar algo atrevido: cruzar algunas palabras con ella. Solo acariciar esa idea le hace casi tropezar. Empuja la bici, plegada, con la mano izquierda. En la derecha, el casco, la mochila en su espalda. Demasiadas cosas para solo dos brazos.

-Hasta mañana, Ana. Que lo que te queda de jornada sea lo más agradable posible. Que descases.-

-Vaya, no me lo puedo creer. Tres frases seguidas, Mario.-

No puede evitar sonrojarse. Abre la boca, y vuelve a cerrarla. Pero por fin logra articular algo.

-Es que ... Soy tímido-

-Ya me había dado cuenta. Pero además de tímido amable. ¿Sabes? A veces me siento invisible, como si fuera un mueble, una máquina. Hay gente que ni me saluda. Pero tu siempre lo haces, aunque te cueste. Lo creas o no es importante para mi-

Los ojos de Mario se abren como platos, pero a la vez sonríe.

-Verás, tu trabajo me parece difícil. No se si yo podría hacerlo. Y todos los trabajos son importantes. Somos personas antes que trabajadores. Por eso intento ser amable, aunque me cueste.-

-Pues lo consigues. Al 100%. Gracias.-

Ana sonríe. Mario mira su sonrisa y baja la mirada. Sonríe. Murmura un "hasta mañana" apenas audible y sale del edificio. Cuando transpasa el muro que delimita la parcela del edificio, despliega su bicicleta. Casco y guantes. El trayecto hasta el tren se le hace más corto recordando la sonrisa de Ana.

Una vez en el tren prescinde del libro y de la música. Un rincón del vagón, uno de esos asientos plegables cerca de las puertas, su bici plegada junto a él y el recuerdo de una sonrisa. No necesita más.

El tren se detiene mas tiempo de lo habitual en una de las estaciones. Con las puertas abiertas. Fuera anochece. Piensa que qué puede ocurrir. Muchas cosas. No dependen de él, así que intenta no impacientarse. Entonces un sonido inconfundible le llamó la atención. Un helicóptero. Acierta a ver su silueta recortada en la luz del atardecer. Las luces intermitentes. Es precioso. El fuselaje va pintado en tonos grises, cree acertar a ver. A pesar de que vuela a pocos pies del suelo, hay poca luz y no puede adivinar de que modelo se trata. Suspira. Le gustaría estar en su interior.

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