martes, 18 de noviembre de 2014

Caprichos (9)

Silvana suspira. De vuelta a casa. Bueno. Al lugar que le han asignado para que viva. Podría llamarle casa. El tren recorre veloz los raíles. Recostada en un asiento junto a la ventanilla, su mirada se pasea por el cielo poblado de nubes blancas. Vuelve a suspirar. Está nerviosa y no debería estarlo. Debería estar por encima de todo eso. Al fin y al cabo, sólo es una especie de trabajo.

Para que su tapadera sea perfecta, de algún modo que no comprende ni quiere saber, le han conseguido un trabajo en el mismo parque empresarial que su objetivo. Recepcionista. No está mal. Tiene por costumbre no juzgar ninguna clase de trabajo hasta que lo ha realizado y es algo más pesado de lo que creía, pero no nada que no pueda hacer. Incluso sin hacer uso del más preciso de sus sentidos.

Las instrucciones son precisas. La primera semana debe, simplemente, hacerse al nuevo trabajo. La segunda semana debe entrar en contacto, tímidamente, con su objetivo. Y, a partir de ahí, dejar que ese contacto de sus frutos. No hay excesiva prisa. En parte lo prefiere. En parte, no. Está cansada mentalmente de todo eso. Pero ha de aparentar que no le importa y que está conforme. Es un mundo de apariencias, así que una más.

Vuelve a casa. Nadie le espera. Una vez más.

-No voy a llorar-

No. Además, el día ha sido bastante agradable. Si olvida que ella no ha elegido ese trabajo, ni las otras tareas que deberá realizar. Igual esa es la clave: olvidar que está viviendo una vida impuesta y dejarse llevar.

Además, es agradable tener un lugar al que llamar casa.

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