viernes, 7 de noviembre de 2014

Caprichos (5)

Silvana despierta tendida en una cama que extraña, pero a la vez es cómoda. Por un instante, tan corto o tan largo como un parpadeo (o como un beso fugaz en los labios) piensa que hace tiempo no puede llamar a ningún lugar su casa ni siquiera a ninguna cama, su cama. La tristeza se desborda en su interior. Agua. Agua helada y amarga saltando diques hechos con sacos terreros e inundando su conciencia.

-No voy a llorar.-

Intenta dibujar una sonrisa en sus labios. Son finos y delicados. Como toda ella: delgada, flexible. Roza los 170 cm, bastante para una chica. Acostumbra a llevar el pelo muy corto. Aunque se ha teñido muchas veces, ahora luce su color natural, pelirrojo. Ojos azules, entre azules y verdes mejor dicho. Se siente frágil, aunque sabe que guarda en su interior una gran fortaleza, tanto física como mental. Y sus sentidos son precisos. Estremecedoramente precisos. Literalmente, puede leer las mentes. Es su don. Y su castigo.

La habitación en la que ha despertado podría pasar por una habitación de hotel. Pero también, por una habitación de hospital. O la celda de una cárcel.

2 comentarios:

  1. Respuestas
    1. Hacía mucho tiempo que no escribía así. Muchos sentimientos son míos. Es como leer mis propias emociones mezcladas con momentos y personajes que no son reales

      Eliminar