jueves, 20 de noviembre de 2014

Caprichos (10)

El primer contacto fue sencillo. Inocuo. Inocente.

Se limitó a preguntarle, en el andén de la estación de tren, si era el correcto para llegar a su destino. Como si se tratara de una actriz, interpretó el papel de una chica tímida y un poco perdida. No olvidó sonreirle y mirarle a los ojos. Como esperaba, el le respondió de forma precisa. Como un ordenador. Como un reloj suizo. Sin siquiera utilizar el más preciso de sus sentidos notó que se había puesto nervioso, pero que a la vez, esa conversación trivial y fugaz, le había resultado agradable.

Fue algo recíproco. Aunque eso no dejara de ser un trabajo o, mejor dicho, una misión, no dejaba de tener un punto agradable. Aquel chico le resultaba simpático.

Ten cuidado. Ésto no es un juego.

¿Por qué no? Ya no era una niña. Estaba más cerca de la treintena que de la veintena. Pero le seguía buscando jugar. Por un momento se imaginó como una gata al acecho de un ratón. Una gata de sentidos precisos que juega con su presa, antes de lanzarse sobre ella.

Sólo unas cuantas semanas. Aunque ... quizás sea agradable.

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