Soñé, despierto, un día que el vacío me llamó. Me llamó, con voz atronadora y magnética, pero no le escuché. Soñé que vivía en una especie de casa grande o de nave, algo decadente e industrial, rodeado de viejas bicis, motos, coches y hasta furgonetas. Los reparaba, vestido con un mono de trabajo que imaginé azul y lleno de manchas de grasa, pero que ahora imagino rojo y negro, con los cuatro aros bordados o naranja y azul, con franjas reflectantes. Los reparaba, con música clásica y new age sonando de fondo. A veces en viejos vinilos, con ese crepitar tan característico, otras en modernos sistemas de reproducción de audio, los que existen y los que existirán. Porque yo ya no era un hombre maduro (y atractivo), sino un anciano, con la cabeza rapada y barba cana de dos días. En el caos lógico del taller, entre herramientas, recambios, vehículos a medio reparar, bancos de trabajo, pululaban perros y gatos rescatados de la calle. Porque yo reparaba viejas máquinas averiadas y adoptaba a peludos rechazados por la sociedad. En los rincones había comederos y cuencos para beber agua, areneros, camas para mascotas artesanales donde dormitaban en armonía enormes pastores belga con diminutos gatos jóvenes.
Yo era feliz arreglando cosas, y probando y ajustando las bicis que arreglaba. Motos apenas he conducido, pero podría aprender. Soy un conductor bastante competente de coches, incluso enormes SUV de más de 60.000 €, y, en cuanto a las furgonetas, he conducido dos, una más larga y alta, y algo viejita ahora, en 2024 (era de 2007), pero todavía usable, y una nueva, de hace dos años quizás, más pequeña, pero igualmente grande e intimidante, sin chocarlas.
Ese sueño se hizo realidad. La vida se abrió camino y volverá a abrirse camino, hoy, ahora.
Pude hacer varios teleperretes. Volví de la playa en la compañía de M. He compartido momentos preciosos y momentos muy crudos y duros con personas a las que puedo llamar mis amigas, a las que puedo llamar mi familia. He estado en los talleres de coches, aviones y trenes del instituto. He trabajado en un taller profesional de coches, de un enorme concesionario, lleno de herramientas y útiles específicos, de ordenadores de diagnosis, de elevadores. He trabajado en varios depósitos o talleres de ferroviario, rodeado por enormes unidades de tren de alta velocidad. He podido hurgar en sus tripas. Mientras escribo esto, en el caos amable del escritorio, puedo ver un par de linternas y dos llavines estándar, que sirven para abrir carenados laterales e inferiores, para abrir armarios eléctricos ... He aprendido en 8 meses más sobre trenes que en el resto de mi vida.
Pero eso no basta. Si no puedes ser un adulto funcional eso no basta. Si no puedes trabajar en un entorno ruidoso y rodeados de muchas personas diferentes y, algunas muy ruidosas y maleducadas, eso no basta. Una (muy insuficiente y recurrida) discapacidad, no basta. Dos informes de sendas profesionales cálidas de la psicología y de la psiquiatría, no bastan. No bastan para tener una adaptación que no supondría un perjuicio económico grande para esa empresa. Pero, literalmente "no se pueden hacer excepciones".Respecto al lunes pasado, estoy en un espacio más amable (porque nadie más lo habita, no porque el otro sea desagradable, ni porque la compañía de los que me dieron la vida sea desagradable, estoy más cómodo solo con mis horarios), y no hay gatitos agonizando cerca. La máquina verde está en el taller -es una pena no tener más conocimientos prácticos de mecánica y más equipamiento de taller para poder repararla con mis manos-. Mañana me llama mi psiquiatra maravillosa. Mi estado anímico, en cuanto a ansiedad, sueño, tristeza y tránsito intestinal es muy superior al hace dos semanas o menos. Es decir, ha habido un cambio a mejor patente, un punto de inflexión notable.
A pesar de no tener un empleo fijo, ni ningún tipo de empleo ni subsidio, tengo mis recursos, hasta un pequeño viaje de vacaciones en soledad, regalo precioso, aunque me supusiera ansiedad. Una hoja de ruta de OEP, descanso y otro GM en el horizonte de los próximos meses ... Y tengo ahorros propios y ajenos para subsistir quizás 2 o 3 años. Ahora, como en Junio de 2022, mi trabajo es recuperarme. Es improbable aprobar la OEP con tan poco tiempo para prepararla, pero ya me he afiliado a un sindicato, y con eso tengo acceso a una plataforma por un coste razonable. El sábado fui a nadar, intentaré hacerlo a diario, aunque ahora esté pendiente de una llamada de la máquina verde. Poco a poco las piezas del puzzle van encajando.
Hoy soñé con R., que hoy estará trabajando en el mismo lugar en el que hice yo las prácticas, que es un superviviente como yo. En el sueño le decía que era una persona muy competente y profesional, cosa que es cierta, responsable, proactivo, hábil con herramientas. Todo eso es cierto. Yo podría haber sido como él. Pero no me han dado un entorno mínimamente no dañino para demostrarlo. No me han dejado demostrarlo.
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