viernes, 19 de junio de 2020

Erik Satie - Gnossiennes 1-6



Ayer fue el peor día en muchos meses. Quizás desde febrero del año pasado (SOMETHING HAS CHANGED). Aquel fin de semana horrible, aquella mañana de martes horrible llorando en silencio. Camino de la renfe de madrugada. Soy sensible, me emociono con facilidad, se encharcan mis ojos con facilidad, corren las lágrimas por mis mejillas con facilidad. Pero no rompo a llorar (algo que alivia, cosa que me ha confirmado una querida profesional de la salud mental). Quizás desde mediados de Noviembre de 2018, los peores días que recuerdo en mucho tiempo.

Si, muchísimas ganas de llorar. Muy poco sueño. Sentirme incapaz para realizar las nuevas tareas, que todavía apenas conozco, y sobre todo a la endiablada, endemoniada velocidad que exigen desde el minuto cero. Aunque no debería importarme ("yo lo hago lo mejor que puedo pero sin agontarme, sin agobiarme, y si no es suficiente pues arrieros somos y en el camino nos lo encontramos todo perdido") pues si que me importó, y me sentí mal y perdido y abrumado, y con ganas de llorar. Gracias a un ratito de descanso en la calle, charlar, un abrazo (con mascarilla) me puede recuperar, de nuevo, ganar altura tras una nueva barrena. Luego conforme avanzaba la tarde (trabajar solo en una oficina desierta tiene su aquel, no hay ruidos y eso es positivo, pero  al vez me siento un pringado, pero lo hago para que me vaya acostumbrando poco a poco al horario, así luego me será más facil), la verdad es que la mezcla de cansancio, ganas de llorar y ansiedad me iban pudiendo.

La bici me esperaba candada en la calle, su pintura negra oculta una máquina urbana sencilla pero muy efectiva, con cambio en el buje, una marcha para salir y subir, otra intermedia y una larga. Ha sido lo mejor de estos x6 días, recorrer esos trayectos de ida y de vuelta hasta la estación con mi bici, sintiendo el sol, el aire, aunque, acostumbrado a a travesar el parque de noche, casi desierto, sin más compañía que algún corredor tempranero o gente paseando al perro, se me hizo raro tener que esquivar a tanta gente, me desagradaron los niños chillando (me encanta ver jugar a los niños pero al tener tanta ansiedad los ruidos agudos me molestan mucho). Y se me antojó que estaban demasiado pegados para estar todavía en plena pandemia. ¿Habrá un rebrote?

La pena y el cansancio y la ansiedad se acabaron de desbordar en todo el trayecto de vuelta, por suerte alguien me pudo escuchar y consolar. Cené en la cama y procedí a doparme con la habitual mirtazapina, que desde el viernes vuelve a ser mi compañera de calma artificial. Y con lorazepam dado lo mal que me encontraba. Además de una tila.

Dormí algo, me volví a despertar, me volví a dormir y así pasé la noche hasta como las 5 y pico o las 6. Total, me podía haber levantado a las 5:30 y estar en el tajo como 2h después o antes, quizás a las 7 de la mañana y tener toda la tarde para mi. No es posible.

Hoy es viernes y mañana podré ver a una personita especial y eso es lo que importa. Hoy haré lo que pueda y me centaré en aprender y poco más. Iré yendo al tran-tran, nada más. No se si voy a ser capaz de agobiarme menos que ayer.

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