Imagina conducir un potente coche de rallyes con cuatro ruedas motrices. A partir de cierta potencia, sobre todo en tierra, dos ruedas motrices no son suficientes para traccionar. Quizás la excepción sean los Kit Car de 2 litros de finales de los noventa. Los Xsara KC, por ejemplo. Y los Porsche GT que han ganado varios nacionales de asfalto. En tierra es diferente.
Pero, tras los Mitsubishi R4, los R5 dominan asfalto y tierra. Y los N5 detrás. Son conceptos distinto. El R5 más de carreras. El N5, más económico. Motor transversal frente a motor longitudinal (con transmisión heredada de los Subaru Impreza). Pilotar una de esas máquinas sobre superficie deslizante y notar como tracciona, debe ser muy placentero.
De nuevo pensar en máquinas preciosas de cuatro ruedas me hace sentir bien. Pensar en la tracción y no en el barro.

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