jueves, 13 de diciembre de 2018

Libros

Los libros. Compañeros en los tediosos trayectos en metro. No tengo nada en contra del metro, pero, incluso en las líneas de gálibo ancho, los trenes se me antojan pequeños, estrechos, comparados con los habituales trenes de cercanías (UT's 446 y 465 en doble composición). Buscar un rinón de espacio vital en la UT y sacar el libro de la mochila ha sido lo habitual en las últimas semanas. Ya sea en formato electrónico (el ya veterano kindle no-táctil de 2011) o en papel. El papel todavía tiene su encanto. Es más pesado y voluminoso, pero no requiere una batería cargada (aunque el kindle dure semanas, mucho más que un móvil o una tableta). Además un libro en papel se puede tocar, oler (para quién tenga un olfato más preciso que el mío).

Ésta semana, al igual que las anteriores a partir de mediados de Noviembre, se me antoja complicada, larga, agotadora, desagradable. Y uno de los alicientes de cada día es leer. Como hace tantos años, explorar nuevos mundos creados por la imaginación de otros humanos.

En el precioso blog de ManusLinux hablan del libro que estoy leyendo.

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