viernes, 7 de diciembre de 2018

Interfase

Volver aquí siempre me provoca sentimientos encontrados. Me siento a gusto y cuidado, pero a la vez se me antoja que es volver a la adolescencia o al comienzo de la edad adulta. Cuando tenía 20 años (hace ya un tiempo de todo eso).

He sido capaz de configurar una zona wifi en el móvil y ahora escribo con un teclado de verdad, el teclado del diminuto portátil.

La niebla.

Los últimos kilómetros fueron en la noche y dentro de la niebla. Se me antojó una metáfora de la ansiedad y los agobios vividos en las últimas dos semanas largas casi tres. Me costó avanzar entre la niebla, con las luces cortas y a veces las antiniebla también. Me ha costado seguir aldeante todos estos días. Estoy muy saturado por todo, especialmente por los ruidos y conversaciones ajenas. Hoy ha sido un día bastante cansado, pero ya tengo una cama amplia al alcance de las manos.

Pero es muy muy pronto y si me voy a dormir ahora despertaré de madrugada. Escribir parece una buena forma de pasar un trozo de noche hasta que me pueda definitivamente el sueño.

El blog vuelve a ser un diario. Desdibujado, pero un diario.

Pausa. Esa va a ser la clave. Dejar correr, fluir, dar espacio. Trazadas amplias. No buscar los vértices ni las cunetas. No morder cunetas, ni responder de forma instintiva y automática, atacando.

(Ataque o me repliegue siempre tiro de hierro, cantaban Los Burros).

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