miércoles, 12 de diciembre de 2018

Los recuerdos

A la vez, mi más preciado tesoro y, mi condena, mi cárcel de carbono y titanio.

Intento recordar lo que sentí y viví en Diciembre de hace 2 años o de hace 3 años. Lo sentido y vivido el año pasado y hace 4, en 2014, lo recuerdo perfectamente. (Quiero creer que los pasos dados, entonces, y ahora, han servido para algo. Han servido de aprendizaje.)

Me cuesta recordar los meses más amables. Los días de tonalidades semejantes, pero todas neutras, o incluso agradables. Recuerdo una felicitación con una personita que guardaba la puerta. Recuerdo la despedida de Venus. También recuerdo algún viaje.

Dientes de sierra. Una especie de gráfica en la que se representa el nivel de ansiedad, las horas dormidas, las ganas de llorar, pero también los momentos de alegría serena, de paz, de calma. Cuando las horas y los días fluyen sin esfuerzo. Cuando el único límite a las horas dormidas es el tiempo físico disponible (incluso entre semana puede ser mucho, ya que basta con acostarse antes, lo que tengas que hacer entonces seguro que puede hacerse al día siguiente).

Hoy de nuevo ladré o bufé, cual perro rabioso, cual gato montés enrabietado. Pero supe pedir disculpas.

Una semana para el siguiente hito importante. Al menos, el día después del día después, podré descansar y dormir todo lo que sea capaz, espero que sea mucho. Casi como en AVRIL. No puedo volver a AVRIL con sólo desearlo. Por intenso que sea ese deseo. Si puedo intentar calmarme. Si puedo contarle todo esto a la psiquiatra.

Gestión de las emociones
Socializar
Imagen de mí mismo

Ahora al menos tengo algunas ideas o rumbos claros. Como en la pantalla de un gps del Dakar, hay una flecha que me indica hacia donde he de avanzar, pero no sé como llegar allí. Se me antoja que las últimas semanas he retrocedido en lugar de avanzar, pero incluso dentro de ese retroceso veo avances claros.
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Al final, como en tantas ocasiones, quiero dormir y estar tranquilo.

Varias personitas me quieren y me apoyan cada día. Algunas, no cada día, pero si cada semana. Otras, quedaron en pausa. Detenidas. Pausa me recuerda a las viejas platinas de cassette donde escuchaba cintas de audio. O a los reproductores portátiles, también conocidos como "walkman". Incluso un viejo walkman puede ponerse de nuevo en marcha. Sustituyendo las pilas gastadas y quizás incluso sulfatadas. Quizás urgando en su interior. Pero, no debo preocupartme tanto, no me debería doler tanto lo que no depende de mi.

Si tengo que valorar éste año, la primera impresión es muy amarga, porque se me antoja que he vuelto al punto de partida y no he avanzado nada, sigo con ansiedad y medicación. Pero eso no es verdad. He dado multitud de pequeños pasos. Que a su vez dan sus frutos.

Ahora mismo necesitaría un abrazo y sé que alguien estaría dispuesto y encantado de darmelo. Eso es precioso.

Te quiero.

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