Agridulce. Como la vida misma. Al final se me antoja que todo es así. No hay sensaciones puras.
Ni negro, ni rosa. Intermedio. No es perfecto. No. Ahora salgo de mi burbuja, porque a la vez me voy creando mi propia coraza. Ahora veo las cosas de otra manera. Ahora, a parte de mis propios sentimientos, puedo concentrarme en lo que sienten y piensan los que me rodean. Y, uf, a veces preferiría volver a mi mundo de luz y color (y paroxetina), porque parte de las cosas que veo no me gustan. Y ver a algunos cansados, disgustados, y desmotivados me duele. Ni soy responsable de su disgusto, ni puedo hacer gran cosa para aliviarla (salvo escucharles y darles mi apoyo).
Sinceramente solo me queda remar hacia delante, con ese punto de energía, de profesionalidad, de ganas de ayudar. Pero sin rabia. Sin alterarme ni alzar la voz (eso sólo sirve para dos cosas: hacerme sentir mal y hacer sentir mal. No tiene sentido).
Solo es trabajo. Hay más cosas. Y las fuerzas no me sobran -quiero decir, son limitadas, así que debo dosificarlas, no porque me falten, sino para usarlas en cosas realmente importantes-. Debo ser un poco egoísta y mirar por mi.
En fin. Dudas. De nuevo. Seguir aprendiendo. Pero midiendo mis fuerzas y mis palabras.
Como bien me dijeron, me tiene que dar igual los demás. Todo se me antoja complicado. Pero ... c'est la vie.
COME ON, PUSH (pero con cuidado!)
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