lunes, 29 de diciembre de 2014

El tacto de los sueños / KTM Duke 125

Soñar. A la vez, mi don y mi maldición. Tengo una imaginación desbordante. Que puede convertir lágrimas en sonrisas. Pero a la vez puede crear mi propia cárcel de cristal en la que marchitarme o incluso, perder la razón (pero eso no va a ocurrir). No se puede vivir de sueños. He de vivir en el mundo real. Aunque me asuste. He relacionarme con gente (aunque me cueste). Lo necesito.

Pero ... Me gusta soñar, imaginar. Se acaba el día. Fuera el frío se desliza a ras de suelo con un abrazo de cristal. Luces cegadoras intentan deshacer la oscuridad. Y yo, un simple humano, en el interior de un anónimo piso, escribe en un portátil. Desgrana sentimientos, sensaciones, emociones contradictorias. Piensa en lo mucho que le queda por hacer y se siente abrumado. Y por eso, para dejar de pensar un instante, se sueña al manillar de una moto. Casi puede notar el tacto de las manetas de freno y embrague, su mano derecha girando el puño de gas con cuidado ...


Mañana será otro día. Mientras tanto ... Soñaremos. Nos soñaremos.


(La moto es una KTM Duke 125. Tiene su por qué. Primero porque me encanta. Y segundo, porque puedo conducirla con el carnet de coche y podría pagarla. Así el tacto de los sueños es un poco más real. Y mientras escribo y elijo las fotos ... sonrío.)

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