miércoles, 3 de diciembre de 2014

DH (Downhill)*

(Para mi padre, por su educación, cuidados y cariño)

La noche anterior decidió pintarse las uñas de un rojo intenso, casi granate. ¿Cuantos años habían pasado desde la última vez que se pintó las uñas? Se le antojaba que siglos. En ese sentido no era particularmente femenina. Eligió ese color porque le recordaba al anodizado de los nuevos pedales automáticos de su bicicleta.


La cala de la zapatilla izquerda enganchó en el pedal con un clack seco y metálico. ¿Cómo un simple sonido podía atraer tal torrente de recuerdos?. Intentó tranquilizarse. Respiró hondo, cerró un instante los ojos e intentó visualizar el circuito. El comienzo no le gusta. Es demasiado lento, revirado, con muchísima pendiente y piedra suelta. Por el contrario a partir de la mitad, el trazado se vuelve más rápido. Esa parte se adapta más a su estilo de conducción. Abrió los ojos y suspiró. Sus manos, cubiertas por guantes largos, acarician las manetas de los frenos. El tacto suave pero a la vez firme de los frenos de disco le da confianza. Todo está revisado: horquilla, amortiguador, frenos, cambio. Nada va a fallar. Aunque sea una máquina de segunda mano, con un par de temporadas en sus gruesos tubos de aluminio. Además ...

Estar en la linea de salida es, en sí mismo una victoria.

¿Cuál es la linea que separa la gloria del desastre? Se le antoja una frontera imposible de medir, y muy complicada incluso de definir. Con 20 años iba a comerse el mundo. Sobre su bici. Después de ser campeona de España de descenso femenino absoluto dos años consecutivos, decidió dar el salto a campeonato del mundo. Estaba en boca de todos los periodistas y los mejores equipos se peleaban por tenerla en sus filas. Era un orgullo para ella. Quién le iba a decir que una chica de barrio, tímida, introvertida, iba a ser capaces de dejarlos a todos con la boca abierta. Con hechos. Con tiempos. Pulverizando el cronómetro. Primero fue el BMX, esas pequeñas y ágiles bicis con ruedas de 20 pulgadas. Su madre puso el grito en el cielo al verla volar literalmente sobre calles y descampados sobre su bici. Su padre, en cambio, aunque siempre le insistía que tuviera cuidado, la entendía. Y sonreía con orgullo al verla rodar todo lo rápido que podía. Él tambien amaba las bicis.

El cronometrador le indica que quedan 30 segundos para salir. Se le antojan eternos. La tarde anterior, habló con su padre con videoconferencia. Dudaba todavía sobre si decirle que volvía a competir. Pero una frase suya le dio ánimos.

-Me he comprado una bicicleta nueva-

-¿De verdad? Papa, ya tienes una edad …-

-Lo se, pero tendré cuidado. Es una de esas modernas, de carbono. No pesa nada. Y como ya no me atrevo a ir por carretera, la elegí de ciclocross. Así también puedo rodar por parques y caminos. ¿Quieres verla?-

-¡Claro!-

Su padre movió la webcam y encendió la luz del salón. En un rincón, junto a su vieja Pinarello de acero, descansaba una bici de caprichosas formas, con ruedas delgadas, pero con cubiertas mixtas … Su papa acercó la bicicleta a la cámara para que pudiera verla bien.

-Como ya no tengo la espalda para muchas tonterías, lleva dos manetas de freno por lado, así puedo frenar desde la parte de arriba del manillar-

-Me encanta papa. Espero que la disfrutes mucho. ¿Sabes? Yo también me he comprado una bici nueva …-

-¿Sí? Mi niña bonita … No sabes como me alegro. ¿Para ir a la universidad …?-

-No. Para competir.-

De igual forma que había hecho su padre unos momentos antes, le mostro su nueva bici.

-¡Que barbaridad! Parece una moto … ¡Que ruedas!-

-Pues es de hace dos años … tendrías que ver las que acaban de salir-

-Hija mía … ¿vas a volver a correr?-

-Si papa. Mañana. ¿Sabes qué? Me han puesto en la categoría de veteranos. ¡Como si fuera una vieja!-

-Bueno, el tiempo pasa para todos. Pero estás preciosa. Para mi siempre serás la mujer más guapa del mundo. Mi niña bonita … Lo único que siento es no poder estar ahí, a tu lado. ¿Has revisado la bici bien?-

-Si papa … La he revisado de arriba abajo, además, las cosas que dudaba, me las han mirado en la tienda donde la compré … A mi también me gustaría que estuvieras aquí … No te lo quise decir antes porque se que no te gustan los aviones. Y cruzar el Atlantico son muchas horas. Pero creo que podrás estar a mi lado.-

-¿Cómo?-

-Estarás en mi mente, en mi pensamiento. Y además, en mi casco.-

Con un rotulador indeleble, había escrito el nombre de su padre en la parte trasera del casco integral de color blanco.

-Mi niña bonita … vas a conseguir que este viejo se emocione. Como cuando salimos por primera vez en bici juntos ¿Te acuerdas? Tu con tu bici infantil, yo con mi Racesa. Estabas aprendiendo a ir en bici sin ruedines y te caías de vez en cuando. Pero siempre te levantabas. Y pronto dejaste de caerte. Y hubo un día, en que dejaste de rueda a este viejo. Pediré por ti …-

-Gracias papa … Los tiempos saldrán en una página web, ahora te envío el enlace … No esperes que gane. Hace 15 años que no compito. Desde que …-

Su voz se quebró y su mente vovió a aquel instante macabro. Fue en Suiza. A mitad de temporada. Era la revelación de la temporada, la mejor novata o rookie, como decían en el argot del mundial. Volaba literalmente en cada bajada, con una mezcla de fuerza, agresividad y precisión que dejaba prendados a todos. Pero …

Lo pasaba muy mal antes de cada carrera. Los nervios la podían. ¿Nervios? Ansiedad. Luchó con todas sus fuerzas pero ese enemigo invisible, más fuerte que el mejor acero, la derroto. Un ataque de ansiedad minutos antes de la carrera. Y después, la negrura. La depresión. No volvió a competir. Pero pudo vencer a su enemigo. Le costó años. Porque al material mas duro, una pequeña lima, manejada con manos expertas, puede mellarlo.

Se entregó a su otra pasión: La lengua. Se matriculó en filología hispánica y, con mucho esfuerzo, logró terminarla. Y ahora, años después, era profesora en la cátedra de Español en una universidad americana. Pero tenía una espina clavada en su alma. Volver a correr.

Diez segundos. Todo va a ir bien.

Five, four, three, two, one … GO!!!!!!!

*Literalmente significa descenso. Son carreras de bici de montaña contra el reloj y cuesta abajo. Se compite solo, contra el crono, contra el terreno y, sobre todo, contra uno mismo.

2 comentarios:

  1. Guau, me ha encantado. Qué manera de narrarlo!! Y qué importante la apreciación final de "contra uno mismo".

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    1. Me alegro de que te guste. Como me apasionan las bicis me es más sencillo narrarlo.

      Y es una metafora de mi lucha contra mi mal

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