jueves, 27 de enero de 2022

Aplomo

Lo digo muy bajito, casi al oído. Temiendo despertar de nuevo la ansiedad. Y las ganas de llorar, esas ganas de llorar casi irresistibles que tan bien recuerdo. 

Pero hoy no.

Mantener la calma. Pensar que lo he hecho lo mejor que se y que no todo depende de mí. Que haya gente que te ayude y a la que preguntar siempre es importante y da confianza. Y su ayuda.

Paso a paso sigo avanzando. Siempre pienso que no es suficiente, pero sí que lo es.

En parte.

Y poder maniobrar un coche enorme sin ponerme nervioso también es un placer y un orgullo.

Buenas noches y buena suerte.

martes, 18 de enero de 2022

X4 - X12

X4


Ayer, en concreto. 4 años. Aunque todo empezó antes, el 20 de Diciembre de 2017. Recordar con precisión es algo muy yo.

Sensación positiva pero agridulce después. Primero porque era de nuevo empezar un camino, empezar agotado (aunque resolutivo). Segundo por los problemas burocráticos que implicaron que todo se retrasara 2 meses. La verdad es que el final del 2017 y el principio de 2018 fueron cansados, agotadores, amargos y un poco desastrosos. Pero sin esa parte del camino no habría llegado hasta aquí.

Después, muchísimos altibajos pero también avances francos, que se concretaron desde abril de 2019. Y casi hasta ahora, con el paréntesis de junio-julio y agosto de 2020.

Hasta cambios de profesional. De la salud mental.

Era jueves. La calma, el volver empezar, incluso el pequeño efecto de la medicación tomada por primera vez, desaparecieron tras una mañana agotadora y una igualmente agotadora tarde. Saturación sensoria. Intentar hacer más de lo posible.

Al día siguiente recuerdo ir en bici desde Cantoblanco Universidad, en mi habitual bici híbrida negra preciosa, de noche, con frio helador. Uf.

X12

Entonces era lunes en lugar de martes y la última media mirtazapina iría camino de mi tripa al irme a dormir. Lo que tuve que retomar la segunda semana del junio anterior, llegaba a su fin. Curiósamente, 3 años después de empezar a tomarla por primera vez.

Y han pasado 12 meses, varias evaulaciones, descanso, prácticas, viajes, interacciones preciosas ....

Estoy muy orgullos de mi, del día de hoy, de que me haya cundido, de poder hablar con gente desconocida, de ser resolutivo, de poder conducir (o maniobrar) coches desconocidos y enormes sin ninguna dificultad ... Y no sólo del día de hoy, sino de la evolución preciosa de todos estos meses.

sábado, 15 de enero de 2022

X7

Eso fue en septiembre. Que parece ha pasado un siglo, pero no.

En septiembre de 2014, mes de multitud de altibajos y de momentos únicos y difíciles, surgió este blog. Simplificar. En lugar de dos blogs y elegir que mostrar, uno solo. En clave. Siempre.

A punto de pedir ayuda por primera vez. Médico de cabecera y después psicólogo. Medicación primaria y para emergencias. La primaria hace más de seis años que no la tomo. La segundaria, el amado zolpidem, todavía lo tengo en el armario del baño y lo tomé alguna vez en los desastrosos junio y julio de 2020.

Entre tanto, superación, amor, desamor, fisios, operarme de los ojos, viajes, bicis, volver a estar en tratamiento, interacciones preciosas.

7 años y casi cuatro meses después, mi yo de 2014 estaría muy orgulloso de mí y yo también lo estoy.

Buenas noches y buena suerte.

lunes, 10 de enero de 2022

En solo un segundo

2002. Amaral. La voz profunda de Amaral. Sus preciosas canciones sonando en los altavoces de un portátil. Cuando la única forma de escuchar música era grabarla de la radio y luego conseguir el CD (desde 1998 no compré música en cassettes).

2002.

Parecido a 1998, aunque menos amargo y desconcertante.

Volver a conducir. No demasiado. Sólo a pinceladas.

Escribir. El más dulce de los despertares.

Los exámenes.

Leer a Carlos Ruiz Zafón y toneladas de revistas de motos y coches (lo habitual).

Hacer fotos con la vieja (y difícil de usar) Zenit 12XP.

Me he puesto una canción de Amaral, del disco Estrella de Mar, que me recuerda (junto a Dover), al inicio de 2002 y, de forma inevitable, un montón de recuerdos han venido en cadena, en cascada.

Un relato que empezó en Barajas (dónde se llegaba en metro y, en autobús, y, apartir de 2011, en cercanías). En primavera. Y luego continuó con una película de Juanjo Puigcorbé. Justo antes de los exámenes. Las tardes de academia y de contabilidad de costes.

Recuerdos caprichosos.

viernes, 7 de enero de 2022

Grava, neopreno, pijama, gorro

2022 ha empezado tal y como término 2021. Con muchas horas dormidas, mucha calma, algunas dudas y el "siempre puedo más de lo que creo" o, como en septiembre de 2019 "creo que soy un poco más ... No, eres mucho más".

Dentro de la artificialidad de las segundas navidades en pandemia (dónde lo principal es no contagiarse, ni contagiar, y cuidar la Salud Mental) ha sido un tiempo agradable. Pequeños regalos, comidas, cenas y compartir tiempo juntos, aunque fuera viendo la televisión o cada uno pendiente de su ordenador. Estar a gusto en la que fue mi casa pero ya no lo es y a la vez si.

Avanzar con pasos pequeñitos, hacer, preguntar. Si.

Interactuar.

Soy un buen "compañero al otro lado de la pantalla". Se me da bien escuchar. Tengo empatía, soy comprensivo, educado, muy emocional (aunque todavía no pueda romper a llorar y solo exprese mis emociones en lugares que considero seguros). Interactuar con otras personas ha sido de lo mejor en 2020 y 2021, 2022 comienza igual.

Libros, revistas, un pijama nuevo y cálido y precioso. El Dakar. Así voy a pasar la noche. En mi refugio. Con el Gato Pirata.

sábado, 1 de enero de 2022

Enero

He descansado bien en una cama distinta, pero conocida. Incluso mejor que la semana pasada, había menos ruido.

He estado a gusto con mi familia, no me he saturado y ha sido agradable y fluido. Con muchas precauciones, siempre.

He avanzado mucho en el último mes en el trabajo y, aunque me abrumo a veces, menos que antes.

Ha sido un año globalmente bueno y de muchos retos. Creo que después del 2020 o de 1997 o 2004, el año de más retos. Y he conseguido cierta estabilidad anímica y sumar más meses sin medicación y espaciando las consultas con la psiquiatra.

En el sofá, viendo un vídeo sobre coches de carreras, recordando momentos amargos en que pensar en coches o piezas de coches de carreras me colocaba un poco menos del vacío.

Buenas noches y buena suerte.

domingo, 26 de diciembre de 2021

Siempre puedo más de lo que creo, pero todavía cuesta.

Tengo que repetirme "yo puedo, se hacerlo, podré hacerlo, preguntaré, lo haré, me encuentro bien". Y todo es estrictamente cierto, pero, ¿Cuándo será fluido? ¿Cuándo saldrá sólo?

Demasiados meses de ansiedad. Demasiadas inseguridades y dificultad para interactuar.

viernes, 24 de diciembre de 2021

Por medios electrónicos e indirectos

"Las pantallas nos alejan de las personas. La gente mira al móvil y no a la persona que tiene delante".

Algo parecido me dijo mi fisio preferida una vez, estando yo medio desnudo (y vulnerable) en la camilla y ella ocupándose de mis rodillas con principio de condromalancia rotuliana.

A mi primero los blogs, los sms, el Messenger, el Gtalk, y luego Twitter y WhatsApp, me han permitido interactuar con personas bonitas y ofrecernos apoyo mutuo en los mejores y en los peores momentos.

Y algunas de esas amistades o interacciones virtuales (pero importantes) se convirtieron en no virtuales. Y así pude lograr, a pesar de mi timidez, un pequeñísimo grupo de amigos.

Gracias a todos. Y felices fiestas. Aunque se que para algunos serán agridulces.

Me acuerdo mucho en días como hoy de "los locos" o de los que han perdido a un familiar cercano o los que no pueden celebrar las fiestas con su familia por vivir en la otra punta del mundo o por trabajo o por qué no se llevan bien. Que todo se limite a una llamada fría.

A los que pasan la noche solos.
A los que duermen en la calle o en un albergue.
A los que están en el hospital, como pacientes o como acompañantes. O como sanitarios sin medios y agotados.
A los que llegar a mañana es un triunfo, a veces triunfo y otras condena.

Mucha energía para todos.

miércoles, 22 de diciembre de 2021

X4

Cuatro años después, bastantes horas dormidas, libre de ayudas químicas, sólo con cierta supervisión (deseada) médica, muchos conocimientos adquiridos y tareas aprendidas, algunos besos dados (a pesar de mi timidez).

De nuevo en el camino.

lunes, 20 de diciembre de 2021

Destellos, luz y música

Pasear contigo. Pasar de la virtualidad a lo tangible. Ver atardecer. Hablar y hablar y hablar. Recordar. Libros y música. Compartir.

Gracias por ser mi amiga.

Gracias por esos momentos tan maravillosos. Destellos de calidez y de magia.

viernes, 17 de diciembre de 2021

Semana

El eco de la consulta permanece. La semana no ha sido agotadora como la anterior de la anterior y como alguna de octubre. Y eso es muy importante.

Semana de aprendizaje, de impulsos. De interacciones. De sol. Después de casi el doble de tiempo en un mismo puesto que la última vez (que significó el último pico de ansiedad), ni aborrezco lo que hago, ni nada parecido.

Me pregunto si aprendí algo en esas 7-8 semanas, a parte de a utilizar todas las herramientas de las que disponía si no para calmarme, para evitar alterarme más.

Ahora sí que he aprendido. Cada día. Cómo indicaba la primera semana, todo es distinto, desde el horario hasta el trato respetuoso de los compañeros. Todavía me siento sobrepasado a veces. Y aprendo a saltos, a picos. Las últimas dos semanas han sido de mucho aprendizaje.

El miércoles, otro impulso. Desde interactuar con una compañera de clase, hasta opinar sin pudor y con aplomo. Empezar a dibujar mi proyecto.

2004.

Lo más parecido a lo que vivo ahora.

De las clases al trabajo. Entonces fue mucho más difícil y "límite". Y me costó mucho más tiempo empezar a trabajar. En junio, la misma semana en que supe la última nota, supe donde iba a hacer las prácticas. Importante.

Entonces sí que tuve insomnio, ansiedad, apatía, ideación suicida. Que comienzo de año tan complicado y agotador. El año siguiente, parecido. Algo menos de ansiedad pero también muy agotador. Y el final de 2005, desastroso.

Volvía de no diré dónde, el día antes de la nochebuena. Al volante de un coche conocido (pero que todavía me costaba conducir) y a punto de romper a llorar.

Al día siguiente, hacer fotos, comprar un coche de Scalextric y una revista. Y descubrir una canción de Coldplay una nochebuena desde la cama. Me sentía un desastre. Incapaz de calmarme. Buscar de nuevo trabajo. Y, salvo alguna personita a través de los blogs, sólo.

Nostalgia.

Todo lo que fue sirvió al menos para seguir adelante.

Me hubiera gustado tener mi propio espacio y desvelarme y que no me desvelaran por mi oído sensible y su empatía mejorable. Aunque no sé si hubiera sido capaz de vivir de forma autónoma.

En mi refugio. Rodeado de juguetes, quizas para adultos. Bicis. Libros. Revistas. Vídeos de YouTube de coches (como no). Y mi compañero de vida peludo.

Si que he de hacer más ejercicio.

La calma. Una sensación dulce mezcla de equilibrio y aprendizaje. Rozando los once meses sin medicación. La última vez así fue en Septiembre de 2016. Y no había vivido los retos educativos y laborales que he vivido los últimos 2 años.

Buenas noches y buena suerte.

martes, 14 de diciembre de 2021

La calma

Encontrar la calma en el lugar más inesperado. En la persona menos esperada. En una consulta, un lugar hostil dentro de un no menos hostil hospital. Lugar de esperas y gente y auriculares y cosas para leer.

Estaba un poquito revuelto por ser el día que era (de consulta) y por esa noticia tan descorazonadora de ayer. Sobre todo por los comentarios cargados de prejuicios y carentes de humanidad.

Ni la espera previa en la máquina roja (fui capaz de conducir antes y después y no perderme) ni la espera en la consulta fueron desagradables. Aunque si que recuerdo respirar despacio camino del hospital y sentado en el pasillo.

La calma.

Confianza para contar mis miedos, de retrocesos, de volver a las ideas feas. De perder el contacto con la realidad y estallar y de los daños colaterales.

Al final yo he andado ese camino. Las visitas a consulta el último año (mejor dicho, salvo hace 2 veranos desde hace casi 2 años) han sido cada vez más espaciadas. Y voy superando mis hitos particulares de meses encontrándome bien y sin medicación. Pero tu confianza, sentirme escuchado ... Me calma. Se puede decir que estoy de alta, pero tener la certeza de una cita me calma.

Puedo más de lo que creo. En pleno otoño de días cortos, mi luz interior. Y personas que me apoyan. Gracias a todos los que me habéis acompañado en todos estos momentos.

Estoy orgulloso de mí y en calma, con esa sensación tan dulce después de una consulta.

Buenas noches y buena suerte.

lunes, 13 de diciembre de 2021

Previously unreleased

Una nueva versión de mí. Cómo los discos de Mike Oldfield en las tripas de mi ordenador y en plataformas de audio varias.

Aprendizaje. Días que se hacen cortos. Esperar una nueva cita con mi guía particular.

Noticias amargas. Iba a decir en la radio, porque algunas personas son así. Cómo una radio sin enchufe y con un nivel de empatía tendiente a menos infinito. Le deseo que encuentre allá donde esté paz.

Disfrutar. Al final estar rodeado de coches preciosos y aprender nuevas aplicaciones y tareas, es realmente precioso.

Y, hasta en las piezas más mecánicas y frías hay detalles de color.

jueves, 9 de diciembre de 2021

Low speed compression (LSC)

Recordando días oscuros, días brillantes.

Días cortos pero de amaneceres y atardeceres espectaculares. Aprendizaje.

Ablandar la precarga y, a la vez, endurecer el hidráulico a compresión en baja velocidad, para que no se hunda la horquilla en frenadas.

Buenas noches y buena suerte.

martes, 7 de diciembre de 2021

Cambios

Después de la última entrada (neutra) algunos cambios inesperados (siempre me suelo enterar de todo el último) y mucho aprendizaje. Que lo prefería pero me abrumó un poco. Poco a poco.

Ahora, en la última parte de un puente largo, precioso y muy necesario. Al final necesitaba descansar, ver series, F1, merendar acompañado, interactuar y hasta volver a recorrer Madrid. Muy agradable.

Aún me queda más de un día de descanso y lo voy a aprovechar. La verdad es que desde Septiembre, todas las semanas han sido muy muy intensas pero bonitas.

Todavía me asusta decirlo, pero ha pasado una porción grande del otoño, he superado esa barrera de meses sin medicación y encontrándome bien que tanto me preocupaba. La última vez, ya estaba a la vez de vuelta a la medicación y pensando en qué hacer el siguiente curso. La respuesta me llevó hasta ahora.

Pues así me siento, siendo una nueva versión de mí, una nueva KTM Rallye. O quizás una versión artesanal. Avanzando.

martes, 30 de noviembre de 2021

Proverbios y cantares

"Nunca perseguí la gloria
ni dejar en la memoria
de los hombres mi canción;
yo amo los mundos sutiles,
ingrávidos y gentiles
como pompas de jabón.
Me gusta verlos pintarse
de sol y grana, volar
bajo el cielo azul, temblar
súbitamente y quebrarse."

Antonio Machado.

viernes, 26 de noviembre de 2021

X26

Orgulloso de lo conseguido. Un día un poco agotador, y frío, pero luminoso. Superarme. Pequeños retos, que a otros humanos se les antoja escalones del grosor de una moneda de cinco céntimos de euro, a mí se me antojaban muros.

Muchos meses durmiendo bien, sin medicación, sin ideas autolesivas, sin ansiedad desbocada.

Avanzando.



miércoles, 24 de noviembre de 2021

Avanzando

Volver a ese lugar que pisé (tren y bici mediante) por primera vez en septiembre del año pasado me pone blandito. Me emociona. Todo lo que pasó desde entonces. Aunque me parezca que avanzo demasiado despacio, no es verdad.

Aunque he tenido algún momento de nostalgia y ganas de llorar, el otoño avanza mejor de lo que empezó. Y no fue un inicio desastroso. Ni un noviembre desastroso, como hace 3 años. Parece que ha pasado un siglo desde entonces.

Un bolígrafo de Renault. Y pensar que hace 20 años visité una fábrica preciosa y enorme y nunca pensé que mucho tiempo después, siendo casi una persona distinta, trabajaría rodeado de coches (y de papeles).

Hoy un día de descanso y de balance. Dulce. Siempre más dulce que amargo.

miércoles, 17 de noviembre de 2021

Otoño

El otoño avanza poco a poco, con pequeños altibajos pero globalmente de forma fluida y agradable. Avanzando. Aprendiendo. Interactuando con personas maravillosas.

La lluvia.

Hace semanas que no llueve y, aunque la lluvia es necesaria y bonita, la oscuridad me pone un poco nostálgico. Todavía me extraña que se haga de noche a las 6 de la tarde (y no muchas horas después, como en verano). Es un gustazo no tener calor ni sudar a cada poco y dormir arropado (a veces con un gatito al lado).

Voy superando fechas importantes en las que los días se torcieron. Como en 2018.

Creo que hasta enero no podré suspirar tranquilo del todo, pero cada día es un pequeño y bonito triunfo.

Avanzando.

viernes, 12 de noviembre de 2021

Sinfonía de destrucción

El impacto de la cinta en el suelo de terrazo marrón rompió el silencio de la amplia estancia cuyo mobiliario se componía principalmente en un puñado de pupitres y sillas. El profesor de música, un tipo calvito y barbudo, se extrañó de ello, pues estaba seguro de haberla dejado junto a su caja, más o menos en el centro de la mesa. Una joven llamada Sandra de largos cabellos castaños y turbadora mirada se agachó a recogerla. Pero cuando sus dedos entraron en contacto con el tibio plástico, percibió un torrente de imágenes que embotaron su mente, tan lejanas que se perdían en la noche de los tiempos. Un cementerio en penumbra. Tres hombres invocan a los espíritus Pero quien resulta emerger estruendosamente de las profundidades de la otra dimensión, es un horrendo y maligno espíritu. Los tres huyen despavoridos, sin saber que ya ha recalado en uno de ellos, concretamente en Claus, un compositor ya bien entrado en años. Días después, ya cercano a la muerte, se daba cuenta del despiadado ser que albergaba y trataba de quitarse la vida. Pero aquel demoníaco espíritu logró impedírselo, y haciéndose presa de la locura, obligarle a componer un demoníaca melodía que engendrara su ser cada vez que fuera interpretada.

Sandra volvió a la realidad soltando bruscamente la cinta sobre la mesa. Sólo habían pasado un par de segundos pero a ella le habían parecido una eternidad. Tal vez aquella innata capacidad de ver más allá de donde alcanza la vista, oír lo que nadie oye y ver lo que nadie ve, fuera la responsable de aquellas visiones. Miró a su alrededor, cerciorándose de que nadie hubiera prestado atención a la escena. Parecía que de entre las pocas personas que la rodeaban nadie parecía haberse fijado en ella. Tomó su mochila y se dirigió a su sitio.

Pero alguien si de había dado cuenta. Juan Antonio, 'Juanan' para los amigos, tan despeinado como siempre. con sus pantalones de pana. y sus botas de piel cuarteadas por el uso, apoyado en la pared del pasillo, había presenciado la escena. Y le había dado mala espina. No desvaries Juanan, no va a pasar nada, tus presentimientos suelen fallar , dijo una parte de su cerebro, la lógica y sensata. Eso esta por ver, replicó otra la más instintiva. macabra e irracional. Y normalmente tenía razón. La muerte flotaba en el ambiente.

Minutos después la clase se había llenado de un puñado de vociferantes alumnos, cuya máxima aspiración era que el timbre sonara, pues esta clase era el último obstáculo que les separaba del soñado puente. El profesor cerró la puerta y comenzó la clase con un monótono discurso sobre no se que de la métrica La verdad es que nadie prestaba demasiada atención. Era extraño, pero Juanan, que normalmente no perdía detalle de las explicaciones del profesor, tal vez porque era una de las pocas asignaturas en las que podía sacar sobresaliente en aquel descarriado primero de B.U.P, estaba nerviosísimo. No paraba de pasarse el bolígrafo de una a otra mano. Su rostro reflejaba desesperación. A Sandra le pasaba lo mismo. Ambos parecían tener la desagradable impresión de que una tragedia se cernía sobre ellos.

Para ilustrar sus palabras el profesor tomó la cinta, la colocó en el equipo de música, y lo puso en funcionamiento. Las notas que componían aquella extraña y aterradora melodía comenzaron a brotar por los altavoces situados en diferentes puntos de la sala. De inmediato los alumnos percibieron el mensaje de la obra, de muerte y devastación. Pero algo andaba mal. Tenían la desagradable sensación de que no estaban solos. La melodía parecía tener aparejada una presencia espectral. Sin quererlo se hallaban en tensión. Juanan temblaba como una hoja. Jamás se había hallado tan aterrado. Y lo peor era que no sabía por qué. No pasa nada. dentro de un rato esta maldita melodía habrá terminado, este pesado seguirá con su monótono parloteo y después podrás disfrutar del puente , se decía una y otra vez tratando de tranquilizarse. ¿De qué debía temer? Nada, se dijo. Pero seguía teniendo la desagradable sensación de que algo terrible iba a suceder.

A Sandra le sucedía lo mismo. Si sus percepciones eran ciertas y nunca le habían fallado el desastre era ineludible. Sólo podía salir chillando como una loca de allí, pero su orgullo no se lo permitía. Tal vez fuera momento de saber si sus percepciones servían para algo.

De repente, un petardeo procedente del equipo musical resonó en la estancia, haciendo estremecer a los ya de por sí aterrados alumnos. El profesor, que se había mantenido en un lado de la estancia, se dirigió al equipo preocupado. Lo observó detenidamente ante la atenta mirada de los asustados alumnos y no halló nada extranó. No se había percatado del brillante cordón de luz que adosado al cable del altavoz se había desplazado detrás del armario blindado que contenía el TV y el video.

La temperatura está bajando, se dijo Juanan al observar atónito como los cristales se desempañaban. ¿Cómo podía suceder aquello? Normalmente, en los días como aquel, cuando el frío arreciaba, la calefacción estaba a pleno rendimiento, tanto que había que abrir alguna ventana. Y sin embargo parecía hacer cada vez mas frío. Incluso podía sentir una corriente procedente del armario blindado acompañado de un penetrante sonido de entrechocar cristales. Este tintineo se hacía cada vez más fuerte, cada vez más fuerte. ¿Se estaría volviendo loco? Pero no era el único que lo oía. Y para colmo de males empezaba a escuchar una voz que le decía una y otra vez: "Métete debajo de la mesa" . Juanan al borde de la locura, hizo caso omiso a aquella voz. Pero instantes después percibió una extraña fuerza que le impulsaba violentamente bajo la mesa y quedaba seminconsciente al chocar con la pata.

De pronto el armario estalló siendo sus pedazos lanzados a tal velocidad que actuaban a modo de metralla acuchillando y destrozando todo lo que encontraba a su paso. Muchos de los alumnos, situados en las filas posteriores del aula, fueron golpeados por las vísceras y miembros mutilados de sus compañeros antes de perecer descuartizados por aquella lluvia de cristales y trozos de metal. Cuando no quedó un sólo trozo de metal o cristal que no estuviera incrustado en las paredes, del boquete originado por la explosión, del que emergían extrañas sombras y sonidos, pues no era otra cosa que una puerta dimensional, comenzó a surgir una tempestad de nieve y hielo.

Juanan despertó, confuso por el golpe. Sacó la mano de debajo de la mesa para aferrarse a su borde. De inmediato tuvo que retirarla en un alarido de dolor al ser acuchillada por cientos pequeños pedazos de hielo. Sujetó la mano herida mientras ahogaba sus quejidos. Pero ¿qué demonios está pasando? Atisbó a su alededor, y se estremeció al contemplarlo. Ante él se extendía una masa indefinida de mesas y sillas destrozadas cubiertas de sangre y restos humanos. Ahora sí que chilló. Lo hizo con todas sus fuerzas.

Esto llamó la atención de Sandra, que permanecía agazapada tras una mesa unos metros más adelante. Por encima de aquel ruido producido por la ventisca le hizo una seña para que fuera junto ella. Pero ¿cómo llegaría alli sin morir acribillado por aquellos pedazos de hielo?, se dijo mientras miraba la mano que aun sangraba. Ella le dio la respuesta: alzó los brazos cruzados a la derecha y la ventisca se desvió como la corriente de un río que se desvía al llegar a una piedra, dejando un pasillo para que pudiera pasar. Juanan gateó el trecho lo más rápidamente que pudo. Sandra bajó los brazos ensangrentados y le abrazó. Permanecieron así sollozando durante unos minutos. Por fin se separaron y Sandra dijo muy seria:

-Debemos hacer algo.

-Pero ¿qué? ¿Pueden tus poderes destruirle?

-Desgraciadamente no, espera, me dice algo.

Sandra cerró los ojos y se llevó las manos a las sienes. Permaneció unos segundos así.

-¿Qué dice?

-Dice que quiere mi cuerpo, por mis percepciones extrasensoriales. Pero debe eliminar mi conciencia.

Esto fue demasiado para Juanan. Haciendo acopio del poco valor y orgullo que le quedaba, se alzó y gritó con todas s fuerzas:

-¡Tendrás que pasar por encima de mi cadáver!

Esto enfureció aun mas al espíritu que redobló la fuerza de su tempestad. Sandra, que en otra ocasión se habría sentido halagada, dirigió una cariñosa mirada y le dijo:

-Ahora sí que debemos hacer algo, la mesa no aguantará mucho.

Juanan hizo trabajar, como tantas otras veces había hecho los exámenes, su mente, pero con un fin bien diferente: salvaría la vida de Sandra, la suya propia, y la de millones de personas, pues los fines del espíritu no eran precisamente buenos. Cuando estaba a punto de darse por vencido le llamó la atención un pedazo bastante grande de cristal.

-No hay tiempo. La mesa se desarma.

-Dame un par de segundos, tengo un idea.

Sandra volvió a adoptar la posición de brazos alzados y cruzados, mientras Juanan colocaba un trozo de papel de aluminio tras el cristal y lo sujetó con un trozo de celo, a modo de un rudimentario espejo.

-¡Apártate!

E irguiéndose entre la tempestad dirigió el espejo hacia el centro del boquete y gritó:

-¡Maldito seas!

Toda esa tempestad rebotó en el espejo, destruyendo el espíritu. Este, en el último suspiro de vida, lanzó todo su poder contra Juanan que saló violentamente despedido al otro lado de la estancia. La tempestad cesó como cortada por un cuchillo. Sandra se acercó a él y tomó su rostro entre sus manos. El le dijo en un último aliento de vida: no temas, ese ya ha pasado a mejor vida , y expiró.

Los restos de Juan Antonio Palomares Campos reposan en un sencillo nicho en el Cementerio de la Almudena. Cada primero de Noviembre una joven llena de cicatrices deja flores en él.

Madrid / Mayo de 1994

(Muchas gracias a Mayendar por las correciones)

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