lunes, 10 de enero de 2022

En solo un segundo

2002. Amaral. La voz profunda de Amaral. Sus preciosas canciones sonando en los altavoces de un portátil. Cuando la única forma de escuchar música era grabarla de la radio y luego conseguir el CD (desde 1998 no compré música en cassettes).

2002.

Parecido a 1998, aunque menos amargo y desconcertante.

Volver a conducir. No demasiado. Sólo a pinceladas.

Escribir. El más dulce de los despertares.

Los exámenes.

Leer a Carlos Ruiz Zafón y toneladas de revistas de motos y coches (lo habitual).

Hacer fotos con la vieja (y difícil de usar) Zenit 12XP.

Me he puesto una canción de Amaral, del disco Estrella de Mar, que me recuerda (junto a Dover), al inicio de 2002 y, de forma inevitable, un montón de recuerdos han venido en cadena, en cascada.

Un relato que empezó en Barajas (dónde se llegaba en metro y, en autobús, y, apartir de 2011, en cercanías). En primavera. Y luego continuó con una película de Juanjo Puigcorbé. Justo antes de los exámenes. Las tardes de academia y de contabilidad de costes.

Recuerdos caprichosos.

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