sábado, 30 de noviembre de 2019

Barro

Que el único barro que pises sea el que hay en el suelo, camino de un tramo. A ver preciosos coches de rallyes.

Saber que en la próxima consulta iba a encontrar un médico amable y que me escuchara me alivió mucho. Y a la vez me doy cuenta de que puedo seguir adelante por mis propios medios. Pero tener esa burbuja de sinceridad y comprensión me alivia.

Hoy volví a salir en bici y me ha sentado bien. Cada vez duermo un poco mejor todavía. Duermo más tiempo seguido.

Y hay personas que confían en mí. Y a través del blog y de Twitter, me desnudo emocionalmente y no me resulta desagradable.

Buenas tardes y buena suerte.

miércoles, 27 de noviembre de 2019

Luz y alivio

Alivio al salir de la consulta. Siempre me remueve cosas. Y hoy al atenderme otro psiquiatra, un poco más. Pronto me enteré que la sustitución era por una baja.

De todas formas ni los nervios ni las ganas de llorar fueron infinitos ni realmente desagradables. Además tuve que esperar muy poquito.

Me ha dado confianza. Además me he sabido explicar perfectamente. No sé si esa ha sido la palabra exacta pero me ha dado la enhorabuena. Mes y medio sin medicación. Y sin apenas bajonas. De todas formas saber que puedo hablar con alguien sin ningún pudor, sin eufemismos, sin adornar palabras, abril las compuertas, que me escuchen, que me intenten orientar. Es importante. Mucho.

Puedo más de lo que creo. Y la ayuda de la medicación fue importante, y la guía de los médicos también, pero los (grandes) pasos que he dado, los he dado yo. No soy un peso muerto. Siempre intento reponerme de mis días menos buenos y, cuando no soy capaz, soy capaz de pedir ayuda. Aunque me remueva muchas cosas. Aunque sea una palabra como "Psiquiatra" que da miedo.

De vuelta a casa en las habituales y exóticas combinaciones de medios de transporte (de momento a punto de tomar el segundo). Con los chirridos metálicos y muy desagradables de fondo de las escaleras. Pero en el tren me puedo sentar. Y el trayecto andando en el parque es agradable.

Ya en casa, a medio desvestir, un poco molesto de la espalda, comiendo galletas, escribiendo.

Mes y medio sin mirtazapina. Ya me lo creo poco a poco. El mejor dia siguiente al de mi cumpleaños.

lunes, 25 de noviembre de 2019

Escribir

A veces escribir me resulta fácil, fluído. Escribo y escribo, en casa, en el metro, en el autobús. Otras, y ya son unos cuantos meses desde Abril, es lo contrario. Escribir 600 palabras o menos me puede llevar semanas.

Leer en voz alta, escuchar a los compañero, maravillarme con las imágenes, los universos que crean. Incluso en días un poco agridulces, es maravilloso.

Hoy por lo menos empecé a escribir en el autobús y tengo un punto de partida.

Buenos días y buena suerte.

El ángel caído

-¿Cuándo podré volver a correr?

Esa pregunta se repetía una y otra vez en la mente de Míriam desde que aquella lesión en la rodilla le obligara a pasar por quirófano la primavera pasada. Desde entonces, gracias a la rehabilitación, a las muchas sesiones de fisioterapia, a los largos en la piscina, había recuperado la movilidad de la articulación casi por completo. Podía caminar sin muletas, lo que le supuso un alivio infinito.

Pero no había vuelto a correr.

-Puedes volver a correr.

Tumbada boca arriba en la camilla, todavía con las expertas manos de la fisioterapia en su rodilla, Míriam sonrió. Sus ojos color miel se iluminaron.

-Pero has de ir poco a poco. Prueba con uno o dos kilómetros.

La mente de Míriam voló al Parque del Retiro. En primavera estaba precioso. Sería un lugar perfecto. Se imaginó corriendo entre almendros en flor, árboles brotando. La luz de la primavera. El olor de la primavera.

A la mañana siguiente se calzó las zapatillas por primera vez desde muchos meses atrás. Subió por la Cuesta del Moyano, serpenteando entre las mesas llenas de libros. Pero al cruzar la verja del Retiro el dolor regresó. Quiso seguir un poco más. Quizás era un dolor pasajero. Pero al llegar a la estatua del Ángel Caído, no pudo más. Se sentó en el suelo, jadeante, dolorida, abrazada a su maltrecha rodilla. Gruesas lágrimas corrieron por sus mejillas. Levantó la vista. Su mirada empañada por el llanto se topó con la estatua del Ángel Caído. Expulsado del paraíso por enfrentarse a Dios. ¿Qué clase de pecado habría cometido ella? ¿Quién le habría expulsado del planeta de los corredores?

Entonces sintió que alguien le estaba mirando. Volvió la cabeza. Una anciana de pelo cano, sentada en uno de los bancos de la plaza le dedicó una dulce mirada y una sonrisa. Se puso roja. Trabajosamente volvió a ponerse en pie. Se alejó cojeando.

Tras pasar de nuevo por las manos de la fisioterapeuta, volvió a intentarlo. El dolor le permitió recorrer casi tres kilómetros. Cada nuevo intento, el dolor era menor y podía completar una distancia mayor. Le resultó curioso ver a la misma anciana sentada en un banco, frente a la estatua del Ángel Caído. Unos días, con un cuaderno en su regazo, dibujando. Otros, tejiendo. Y otros, leyendo. Cruzaban miradas curiosas y sonrisas. Hasta que un día se decidió por fin a sentarse a su lado.

-¿Puedo sentarme?

-Claro.

-Te veo aquí casi cada día y tenía curiosidad ...

-Y yo te veo a ti correr.

-Me llamo Míriam.

-Y yo Lidia. Encantada.

-Me preguntaba que haces aquí sentada.

-Bueno, depende de los días. Es un lugar especial. Los árboles, la gente que pasa, la luz, la estatua del Ángel Caído. A veces vengo a tejer, otras a leer. Y otras como hoy, a dibujar.

Lidia buscó en el cuaderno.

-La primera vez que te vi no pude evitar dibujarte. Estabas ahí delante, sentada en el suelo.

Míriam se reconoció en aquellos trazos esquemáticos en carboncillo.

-Ese no fue un buen día ...

-Pero vendrán días mejores. Vinieron ¿Verdad?

-Si.

-Llevo muchos años viniendo a dibujar aquí. Me siento acompañada. Aquí conocí a mi marido. Él falleció hace tiempo. Pero a veces sueño que un día volveré a verle. Que podré volver a dibujarle.

Míriam bajó la mirada.

-Lo siento si te he puesto triste.

-No te preocupes, no estoy triste. Lo que pasó, pasó. Vengo aquí porque me siento acompañada. Y de vez en cuando alguien se sienta conmigo, como tú. Y podemos charlar.

-Venía a correr al Retro cada semana. Bueno, vengo. Quiero decir. Antes de la lesión.

-Se lo que quieres decir.

-Si no te importa, puedo sentarme aquí y charlar contigo cada vez que nos veamos.

-Me encantará.

sábado, 23 de noviembre de 2019

Sol

Después de la lluvia, salió el sol. Una mañana luminosa de otoño. Preciosos coches de carreras. Como cada noviembre. De sonido embriagador. Ver y escuchar como calentaban los neumáticos antes de entrar al tramo. Acelerando bruscamente, bloqueando las ruedas traseras con el freno de mano. Igual que hace 3 años.

El año pasado fue un poco desastroso el final de noviembre. De hecho ir a ver un tramo del rallye de tierra de Madrid me costó mucho más. Pero ahora es diferente.

Si entonces conseguí la calma, años enteros de calma ¿por qué no lo habría de conseguir ahora? Me siento bastante bien. Me sigo despertando alguna vez, a veces bastantes, pero vuelvo a dormirme. Tengo momentos puntuales de tristeza, pero son eso, puntuales. Avanzando poco a poco.

Pensando en la cita del miércoles y en explicarle cómo me siento. Seguro que me entiende.

jueves, 21 de noviembre de 2019

Xchallenge


Contarle "la pelicula" (lo que me pasa, cómo me siento, mi evolución) a otro médico distinto digamos que no es lo que más ilusión me haga, ni mucho menos. Pero me lo voy a tomar como un reto. Espero que tenga un mínimo de empatía. Seguro que sí. Aunque el listón de partida es muy alto. Mucho.

Sigo un poquito sensible y blandito, pero nada que ver con el Noviembre pasado. Hoy me desperté algo de rato más pero fui capaz de dormirme un poquito al final. Y no estoy agotado.

El pequeño ángel naranja volvió con un diente menos. Las horas que pasé sin él se me hicieron enormes. Abrir la puerta y no ver la silueta naranja se me hizo muy raro. Descansamos los dos y nos cuidamos el uno al otro.

No pensar en negativo. Seguro que el nuevo médico me entiende perfectamente y además, ya no estoy en la mierda.

martes, 19 de noviembre de 2019

Sin buscar no encontraré

Así empezaba (hace un eón) el blog. Aunque entonces era infinitablente más negativo, y pensaba "aunque busque nunca encontraré". Como en esa preciosa canción de El último de la fila.

Casi cada día, como si te tuviera delante, como si estuviera en consulta, repito como en un mantra los objetivos buscados, lo conseguido, el camino recorrido. Tu ayuda. Las cosas que pensé nunca me dirías.

A pesar del otoño, que no me gusta demasiado ni me sienta bien, de los ladridos, de los conciertos de toses y estornudos, del ruido en general que me rodea, poco a poco voy encontrando aquello que busqué. La calma. Estar a gusto en mi piel, gestionar mis emociones, ser un poco más sociable, varlolarme más.

A pesar de los pequeños altibajos, de las ganas de llorar a veces y de algunos despertares. Pero siempre me duermo. Siempre me recupero. Se que no soy infinito, ni invulnerable, pero puedo más de lo que creo.

Las cosas que nunca creí que haría, las personas conocidas a ambos lados de la pantalla. Personitas maravillosas. Los pequeños gestos.

Y ya casi, X5 semanas.

Poco a poco.

viernes, 15 de noviembre de 2019

Ángeles naranjas

El pequeño ángel naranja en el veterinario. Me dio un poco de grima que le sacaran sangre. Casi más grima que si me sacaran a mi, porque estaba mirando. Se portó genial. Su boca necesita una limpieza, y es más complicado que en los humano porque le tienen que anestesiar. La semana que viene.

Ya no imagino mi vida sin esa preciosa bolita de pelo naranja. Con el pienso nuevo y la dieta ha perdido un poco de peso. Es precioso llegar a casa y escuchar sus maullidos, notar su calor en el sofá. Es terapéutico.

jueves, 14 de noviembre de 2019

Up

Sigo un poco blandito. Y me despierto alguna vez, pero siempre me vuelvo a dormir. A veces los humanos no me saturan, justo al contrario. Es agradable compartir conversaciones con ellos.

Aprender, compartir, disfrutar.

Con ganas de que llegue el viernes, pero no agotado. Y eso es genial.

Buenas noches y buena suerte.

viernes, 8 de noviembre de 2019

Viernes

Los pequeños cambios en el trabajo (de rutinas o tareas) poco a poco se van asentando. El lunes nueva novedad un poco estúpida. Pero los ladridos apenas me afectaron. Y poder hablar de ello con alguien, de vuelta a casa, o en la comida, me hizo sentir bien.

Aprender también me sienta  bien. Se más de lo que creía. Y tengo habilidad para aprender. De nuevo, no soy un desastre.

Volver a escribir. La verdad es que no escribo a parte de en twitter y en el blog desde junio. El piano y Jinete de Dragón. He tenido muchas épocas de escribir poco. Ya volverán.

Ir al médico (el reconocimiento de ayer) fue mucho más sencillo que en otras ocasiones. La verdad, desde 2013 para acá o desde 2017, si algo he aprendido es a ir al médico y alterarme lo mínimo posible.

Todavía me pregunto cada día cómo estoy. El siguiente paso será fluir. Pero éste paso es precioso. Cómo gestiono pequeños momentos amargos o más difíciles. Podría decir "es por la medicación". Pero han pasado casi tres semanas y media desde la última vez que la tomé. Aunque no me lo crea del todo, ésto lo he hecho yo.

Twitter.

Me encanta interactuar con vosotros. A veces leeros me da vértigo, pero la complicidad, comprendernos, ayudarnos, es precioso.

Buenas noches y buena suerte.

jueves, 7 de noviembre de 2019

Colores

Las suelas de mis zapatillas se deslizan sobre las baldosas mojadas de la acera, antes del amanecer. El negro de la oscuridad compite con el tono anaranjado de la luz de las farolas. Los colores esperan al alba.

Madrid se me antoja una ciudad dentro de una ciudad. O una ciudad formada por muchas ciudades. Incluso la estructura de las calles es distinta con sólo avanzar unos pocos metros. De los barrios nuevos, de calles amplias y rectilíneas, a los barrios no tan nuevos. Aceras estrechas, calles estrechas de trazado irregular y caprichoso. Hasta las baldosas son distintas: de las clásicas grises, sin brillo, a las más modernas blancas y brillantes, llenas de ranuras. Llamativas, pero con poco agarre bajo la lluvia.

Recuerdo las calles del barrio donde me crié. Los edificios de ladrillo visto de color naranja. Algunos de cinco o seis plantas. Otros, torres de doce plantas, o más. Las terrazas enormes, con ropa tendida, bombonas de butano naranjas, armarios. Las terrazas fagocitadas por estructuras de aluminio y cristal para ganar un poco de espacio en el interior del piso, quizás, una habitación más. El videoclub de la acera de enfrente. Aquellos carteles negros: sistema beta, VHS y 2000. Después fue una tienda de todo a cien.

El gusano de acero llamado metro recorre sus interminables túneles subterráneos. En las tripas de la ballena metálica nos apiñiamos cientos de personas. A veces llega a ser un poco agobiante. En la pared de enfrente del vagón, una madre y su hijo se sientan en el suelo. En el trayecto desayunan. Incluso en esa burbuja de gente y de prisa hay un pequeño espacio para la ternura.

De nuevo en la superficie. Una ciudad a ras de tierra, otra bajo tierra. Llena de túneles, pasillos, vías. Hasta tiendas. Un universo dentro de otro universo. Con estaciones fantasma, como la de Chamberí. Una cápsula del pasado. Gigantescos intercambiadores, como en de Moncloa. Otra ciudad a ras de cielo: los rascacielos enormes que salpican la ciudad. Plaza España, la Castellana o las gigantescas cuatro torres, con casi 250 metros de altura. Y la quinta torre creciendo poco a poco, germinando sus ramas de hormigón, acero y cristal, aún cuando la primavera queda lejos.

Colores.

Cada estación tiene su luz. Suave en otoño, escasa, a veces casi gris y mortecina. Pero llena de los amarillos y rojos de las hojas secas tapizando las aceras. Entonces, cada parque, por pequeño que sea, despliega su espectáculo de colores otoñales. Pequeñas islas de color y de calma en medio de una marea gris, de personas, de hormigón, de torres de cristal. De luces anaranjadas que deslumbran, que iluminan, pero que no dan calor.

Colores. A veces los estados de ánimo distorsionan los colores. Como un fotografía oscura o demasiado expuesta. Colores agresivos, dolorosos, viscosos. Una marea amarga y desasosegante. Pero, a veces, a esa marea amarga y ácida se opone una corriente dulce, de arroz con leche, de tonos aguamarina, que todo lo tapa y lo cubre.

Sueños

Hoy soñé contigo, profesora. Todavía me despierto muchas veces como a parir de las 2-3 pero siempre me vuelvo a dormir. No es esa sensación de despertar de golpe y sin nada de sueño tan conocida. Ni tampoco la angustia de no poder dormir. Entre sueño y despertar enseguida suena el despertador, si es laborable, o se hace de día, si no lo es.

Soñé que eras profesora de universidad en Madrid y nos enseñanzas tu despacho lleno de libros y de cuadros pintados por ti. Quizás eras una especie de científica, porque hablabas de agujeros negros.

Te seguía apasionado el deporte. Y también tenías dos hijas.

Pero no eras tú en realidad, sino uno de mis muchos amores platónicos. Soy experto en amores platónicos. Aquella compañera de trabajo de hace más de diez años (en realidad ya son 14). Por aparecer hasta en el sueño salía otro compañero, ésta vez actual, con el que mi relación es inexistente. De esas personas que cuanto más lejos (sobre todo para no oírla) mejor.

Son extraños y caprichosos los sueños. Tengo un poquito de sueño y estoy blandito pero me siento globalmente bien. Aunque hoy llueva. Aunque me cueste horrores escribir todo aquello que no sea el blog y Twitter.

Buenos días y buena suerte.

miércoles, 6 de noviembre de 2019

Venga

Vamos.

Un piñón para abajo. Y si hay que subir un par mañana, pulsando a fondo el gatillo con el pulgar de la mano derecha (creo que suben tres o cuatro) pues se hace.

Tres semanas bajo la lluvia. Y sin paraguas. Porque yo mismo soy mi propio paraguas. A veces un chubasquero hecho con una bolsa de basura, otras un sofisticado impermeable de Gore-tx.

Y aunque me ladren, me calmo. Estoy (estamos) por encima del barro. Y rodar por una pista embarrada con un potente N5 completamente de lado tiene su encanto. Total, sólo necesitaba una pequeña puesta a punto, un experto ingeniero que ajustara el coche a mi estilo de conducción tan peculiar.

¡GRACIAS! ¡BUENOS DÍAS!


domingo, 3 de noviembre de 2019

Calma

El descanso me ha sentado genial. Cada día duermo un poquito mejor. Y las ganas de llorar no me asaltan desde hace una semana o más. Disfrutar del descanso es precioso. Poder dormir. Estar tranquilo. 

Mañana vuelta a la rutina. Y hasta me apetece.

miércoles, 30 de octubre de 2019

Descanso

A veces me fascina mi capacidad para gestionar las semanas. Ahora mismo un pequeño descanso me sentaría genial. Pues lo tengo. Para ir al gimnasio y estirar los músculos. Para hacer pequeñas gestiones bancarias (con un teléfono, móvil y ordenador se pueden hacer maravillas). Para descansar.

La primera semana fue complicada. Bueno, parte de ella. 3 días con ganas de llorar son casi agotadores. Pero ahora casi no tengo ganas de llorar y duermo bien y es precioso.

Gracias a ti por ser mi guía. Gracias a las personitas que me apoyan desde ambos lados de la pantalla.

lunes, 28 de octubre de 2019

Avanzando

Después de un inicio de semana un poco complicado, el final fue mucho mejor. Desde luego tengo más capacidad para calmarme. Y esa sensación tan conocida de estar al borde del desastre no la he tenido. (Aunque realmente nunca he estado al borde del desastre).

El post estilo octubre 2015 sigue en el limbo. Aunque, rozando las 2 semanas sin mirtazapina, puedo decir que lo he vuelto a lograr. Solo que después de los días un poco reguleros, hasta que no hayan pasado varias semanas, quizás más de un mes, no quiero precipitarme.

Intentarlo es precioso. Conseguirlo, todavía más. Y si hubiera de dar un paso atrás, no pasaría nada.

Y me siento feliz y emocionado. Y pienso en el nuevo taller y en las pequeñas vacaciones.

Buenos días y buena suerte.


sábado, 26 de octubre de 2019

Sol

Hoy hace sol. He podido dormir más (hasta casi las 9:00). Desde cómo las 5:30 me desperté muchas veces, pero me volvía a dormir. Así que he dormido más de ocho horas.

Ayer apenas tuve ganas de llorar. Y el jueves menos.

He ido a nadar un poco y me ha sentado bien.

Buenas tardes y buena suerte.

miércoles, 23 de octubre de 2019

Mínimos

Las ganas de llorar intermitentes siguen ahí. Hay momentos un poco amargos y otros bastante dulces.

De nuevo a los mandos de mi pequeño pendular. Que imagino azul. Que el azul es mi color preferido (la bici que tengo al lado es azul). En aquel libro de aviones el pequeño pendular de tres ruedas era azul.

Aunque la meteorología no se la mejor y haya niebla (aunque fuera no haya niebla, sólo llovizna a veces) sigo adelante. La lluvia que moja es la que llueve por dentro.

Y tengo al mejor copiloto del mundo. El gato pirata.

martes, 22 de octubre de 2019

Mejor

Llueve por fuera. Lluvia mansa, casi imperceptible. Calles y aceras húmedas. Charcos. 

Hoy apenas llueve por dentro. Ya de vuelta a casa, escribiendo en un lugar tan poco íntimo como una ut s7000. Muchas ganas de llegar a casa, tomar algo caliente como una tila y descansar en mi pequeña burbuja se silencio.

Me encuentro mejor. Y supongo que cada día me encontraré mejor.

Buenas tardes y buena suerte.

(Han cambiado la aplicación de blogger. Se me hace rara pero funciona mejor.)