A veces escribir me resulta fácil, fluído. Escribo y escribo, en casa, en el metro, en el autobús. Otras, y ya son unos cuantos meses desde Abril, es lo contrario. Escribir 600 palabras o menos me puede llevar semanas.
Leer en voz alta, escuchar a los compañero, maravillarme con las imágenes, los universos que crean. Incluso en días un poco agridulces, es maravilloso.
Hoy por lo menos empecé a escribir en el autobús y tengo un punto de partida.
Buenos días y buena suerte.
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