Vamos.
Un piñón para abajo. Y si hay que subir un par mañana, pulsando a fondo el gatillo con el pulgar de la mano derecha (creo que suben tres o cuatro) pues se hace.
Tres semanas bajo la lluvia. Y sin paraguas. Porque yo mismo soy mi propio paraguas. A veces un chubasquero hecho con una bolsa de basura, otras un sofisticado impermeable de Gore-tx.
Y aunque me ladren, me calmo. Estoy (estamos) por encima del barro. Y rodar por una pista embarrada con un potente N5 completamente de lado tiene su encanto. Total, sólo necesitaba una pequeña puesta a punto, un experto ingeniero que ajustara el coche a mi estilo de conducción tan peculiar.
¡GRACIAS! ¡BUENOS DÍAS!

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