El pequeño ángel naranja en el veterinario. Me dio un poco de grima que le sacaran sangre. Casi más grima que si me sacaran a mi, porque estaba mirando. Se portó genial. Su boca necesita una limpieza, y es más complicado que en los humano porque le tienen que anestesiar. La semana que viene.
Ya no imagino mi vida sin esa preciosa bolita de pelo naranja. Con el pienso nuevo y la dieta ha perdido un poco de peso. Es precioso llegar a casa y escuchar sus maullidos, notar su calor en el sofá. Es terapéutico.
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