-Manuel ... ¿Qué son las balas dum dum?
Manuel miró a Diego con una mueca de incredulidad.
-Son un tipo de munición ..... Pero no creo que sea el momento de hablar de ello, además, las armas son horribles ... Y tu eres muy pequeño.
-Además -añadió Andrea- no necesitamos ningún tipo de arma. Nos basta con los tres.
Manuel resopló.
-¿Estás segura?
-¿No me crees?
-No es que no crea tus palabras, es que tengo miedo y tengo ansiedad.
-Lo sé, puedo percibirlo. Y Diego también, ¿verdad, Diego?
-Si ... pero menos que otras veces ... Pareces estar .... tranquilo ... Para ser tu.
-Pues tranquilo no estoy, pero ya da igual. ¿A qué estamos esperando?
Andrea sonrió.
-A que venga el tranvía. Es lo que se suele hacer en una parada de tranvía.
-¿Y después?
Andrea se dirigió a Diego.
-Diego, hoy quiero enseñarte algo muy importante. Es algo que ya sabes hacer, aunque no lo sepas. Es algo sencillo, pero muy importante. ¿Lo entiendes?
Diego cogió de la mano a Andrea.
-Tengo miedo. Quiero que venga mi mamá.
-Tu madre está descansando en el hotel. La veras muy pronto. No tienes por qué tener miedo. No va a pasarte nada malo.
-Claro, porque está todo controlado- Añadió Manuel.
-Manuel, aunque no lo creas, está todo controlado.
-Si tu lo dices. Yo estoy cagado de miedo.
-Hay algo que no te he dicho. También tienes algo que aprender. Tú. Si, tú. Hoy.
-Estoy a punto de disociar. Ahora mismo no te puedo explicar ni lo que es un chopper, no me pidas que aprenda nada.
-Es algo que ya has hecho, y muy bien. Como la mayor parte de cosas que haces.
-El término chopper se usa para referirse a los numerosos tipos de dispositivos y circuitos electrónicos de conmutación.
-¿Te sabes todo eso de memoria?
-Eso y más cosas, algunas que ni recuerdo.
-Como te iba diciendo, es algo que ya has hecho. Sólo que ahora es diferente. Tu nos cubres las espaldas, bloqueas, Diego y yo actuamos.
-¿Y quién me cubre la espalda a mí? ¿Bloquear? No te estoy entendiendo.
-¿Recuerdas lo que pasó en el bosque?
-Como para olvidarlo.
-¿Hiciste algo de forma consciente?
-Que yo recuerde, no.
-Ya veo que empiezas a entenderme. Haz lo mismo. Luego te cuento la diferencia con ese momento.
-¿Hacer? ¿El qué?
En ese momento un tranvía, pintado con vistosos tonos blancos y rojos, se detuvo con un chirrido de frenos delante de los tres. Las puertas laterales se abrieron. Para sorpresa de todos, en lugar de oriundos y alguna horda de turistas, del tranvía descendieron diez siluetas vestidas de negro, de los zapatos a las capuchas. Y con la cara cubierta por mascarillas FFP3, del mismo color negro.
-Me cago en la madre que me parió- Susurró Manuel.
Las siluetas les rodearon.
Escuchó, muy lejos, como en un sueño, la voz de Andrea.
-Ahora les bloqueas y ya está.
Le costaba pensar con claridad, optó por concentrarse en lo que estaba sintiéndo. Las ganas de llorar, tan intensas que las lágrimas empezaron a correr por sus mejillas. El temblor en las manos y el miedo pesado y denso y húmedo subiendo desde la boca del estómago.
-Vale ¿Y ahora qué?- Preguntó Manuel.
-Ahora nos toca a Diego y a mí.
-Pero, Andrea, son diez y nosotros sólo tres.
-Somos suficientes. Además, está el equipo de respaldo. En su momento lo sabrás. Diego, siente o lee lo que pienso, lo que hago. Ya lo has hecho antes.
Entre tanto, los diez se habían acercado poco a poco, en un círculo cerrado, hasta quedar a menos de medio metro de ellos.