jueves, 17 de enero de 2019
Los humanos
miércoles, 16 de enero de 2019
XB (eXtra Ball) part two
martes, 15 de enero de 2019
XB (eXtra Ball)
Una nueva partida. Una bola extra (eXtra Ball). Soy el mismo ser humano que hace un año. Pero diferente. Hay un pequeño matiz, pero importante.
Se que no soy imparable ni invulnerable pero que descubierto en mi aspectos que desconocía. Y tengo más calma (aunque sea nervioso). Y la certeza de poder sobreponerme a los días menos buenos y de disfrutar de los días más buenos.
No soy un ángel, no puedo aliviar el sufrimiento de los humanos. Pero si puedo escucharles, comprenderles. Sólo a unos pocos. Mi tiempo y mis fuerzas son limitados.
Gracias a los que me ayudan a seguir avanzando. Buenas noches y buena suerte.
lunes, 14 de enero de 2019
Las sombras arrebatadas para el sueño de los justos
En mi refugio. Viendo el Dakar y con un ordenador pequeñito, aunque con un teclado de verdad, me siento en calma y en paz.
domingo, 13 de enero de 2019
Algo en común*
Ayer, otra vez, recorriendo una ciudad desconocida los dos juntos, codo con codo. Andando muchísimo, descubriendo rincones especiales, atrapando instantes. Cada uno cargando a cuestas con sus propios demonios internos, esos que te hacen pasar la noche en vela o que te empujan a comienzos de día más que delicados.
Ella es un sol de mujer y puede hacer prácticamente cualquier cosa que se proponga. Te quiero mucho.
*Algo en común es el título de una canción de Bunbury
Han pasado x9 años desde que escribiera esto. En mi, en ambos, pero de tan parecidos, chocamos muchas veces. Ha vuelto a ocurrir y supongo que volverá a ocurrir. Espero que si ocurra sea de forma diferente, más sensata, más sana, aunque a día de hoy, se me antoje casi imposible.
sábado, 12 de enero de 2019
Prípiat: cápsula del tiempo
La vida se detuvo la madrugada del 26 de abril de 1986 para la ciudad ucraniana de Prípiat. El accidente y posterior explosión del reactor 4 de la central nuclear de Chernóbil, cambiaron para siempre la vida Prípiat y de sus habitantes. Todavía hoy, casi 33 años después, los niveles de radiación son tan elevados que impiden que vuelta a ser habitada. La evacuación de Prípiat tuvo lugar en torno a día y medio después del accidente. Se informó a la población que era algo transitorio, por no más allá de tres días. Cuando subieron a aquellos enormes y fríos autobuses soviéticos, nunca imaginaron que jamás volverían a pisar sus hogares.
Una cápsula del tiempo. Un lugar donde los relojes se detuvieron a final del mes de abril de 1986. Donde la rotunda y funcional arquitectura soviética permanece casi inalterada, sólo con los daños lógicos producidos por el paso del tiempo, las lluvias, las nieves y la falta de mantenimiento. La naturaleza ha recuperado el terreno que el hombre le arrebató. Los árboles han agrietado el asfalto de las calles y crecen por doquier. Desde el aire, parece un denso bosque en el que sobresalen enormes edificios de viviendas de colores blancos y grises.
El interior de algunas viviendas estará intacto. Igual que cuando sus moradores fueron evacuados, en principio por unos pocos días. Imagino platos en las mesas, ropa en los armarios, libros, juguetes, toda una vida congelada en el tiempo, rodeado por un paisaje irreal de naturaleza desbocada y radiación.
En la actualidad se que hay viajes organizados a Prípiat. La ciudad pertenece a la zona de exclusión, cuya entrada está restringida por los altos niveles de radiación. Cada grupo ha de ser acompañado por un experto guía que, provisto de un dosímetro (un dispositivo que mide el nivel de radiación) puede conducirlos por las zonas más seguras, con menos radiación. Debe ser una experiencia impactante, por el silencio pesado de una ciudad deshabitada. Por la naturaleza desbocada. Por los símbolos de un régimen que desapareció a principios de los años 90.
jueves, 10 de enero de 2019
Borrasca
Han sido dos días cansados, sumado al martes (con médico), una semana agotadora sumada a la anterior, que también lo fue.
Poco a poco nos va llegando más información, con cuentagotas. El final no parece inminente. Por un momento pensé en dar la vuelta a mi vida, pero dado el esfuerzo que suponía para no obtener apenas nada, decidí ser conservador o egoista y reservar fuerzas. Que tengo más que el año pasado, pero tampoco me sobran.
Mañana es viernes. La verdad, lo que me apetece es dormir y descansar. Si ayer pude dormir, hoy seguro que también.
Descanso. Espero poder arañar algún día de descanso. Me daría más confianza. Seguro que si.
Buenas noches y buena suerte.
Días, sentidos y emociones
Me he dado cuenta de que los seres humanos podemos tener diferente grado de sensibilidad en nuestros sentidos. En mi caso tengo un oído exageradamente preciso. Si se suma a días de más ansiedad la combinación es agotadora pero más o menos lo voy soportando.
En cambio mi olfato y mi gusto son muy poco precisos y limitados. Solo percibo olores muy fuertes. Sabores, pues casi todo me sabe bueno. Si algo está estropeado lo detecto. Pero por ejemplo el sabor a recalentado no lo percibo. Disfruto de la comida. Cosas sencillas. Que sean fáciles de preparar y de comer (apenas se cocinar, la verdad). Sin huesos ni espinas. Me gusta mucho la pasta, las ensaladas, carne y pescados a la plancha. Sinceramente entre un restaurante super pijo y uno de comida más sencilla y abundante me quedo con el segundo. Entre el bulli o como se diga y un burger King casi que prefiero lo segundo. Incluso en un restaurante de comida rápida puedes encontrar una ensalada, por ejemplo.
Esto lo escribía en el metro. Una poderosa UT 7000.
Ahora ya estoy en casa. Agotado anímicamente y físicamente. Pero no "roto". No sé si me explico. Hay un matiz diferente. Sé que podré descansar sin darle muchas vueltas a la mente y que recuperaré fuerzas de aquí a mañana. Me duele un poco la cabeza, quizás estoy incubando un resfriado o gripe.
Los camiones del Dakar pesan 10.000 kg pero tienen 1200 caballos. Limitados por reglamento (y por los neumáticos que están homologados hasta 80 km/h, y por pura física ¿cómo parar 10T a más velocidad?) a 140 km/h, son elefantes mecánicos capaces de superar los terrenos más complicados. Por mi físico (soy grande en altura, aunque más bien compacto) me identifico mucho con los camiones del Dakar.
Buenas noches y buena suerte.
miércoles, 9 de enero de 2019
Antimetralla
martes, 8 de enero de 2019
Némesis: Cuento de Navidad (parte 2)
Audio con parte de éste relato.
-¿Cuando te diste cuenta de que no eras ...?
-¿... normal? La normalidad es relativa. Es un término estadístico. A lo largo de toda mi vida he visto muchas cosas que parecen increibles. La primera vez que escuché algo así, algo que parecía una de esas historias para asustar a los niños pequeños, fue de los labios de mi abuelo. Hace mucho tiempo. Yo tendría seis o siete años. Me habló de un amigo que era maquinista en Renfe. La historia que él le contó a mi abuelo, que mi abuelo me contó a mí y que yo voy a contarte, tuvo lugar aquí mismo. En el apeadero de O'Donnell.
-Apuesto que es una historia de fantasmas.
-Apuestas con sabiduría, Sofía. Si no te aburro, te la contaré.
-Tu nunca me aburres. Al contrario. Me descubres porciones del mundo que no conozco.
-Cuando te conocí pensé que lo sabías todo, o casi todo.
-Eso no es verdad. Soy buena en algunas áreas de la vida. Llámalo formación, perseverancia, experiencia ...
-O instinto.
-Yo no creo en el instinto. Tu si. Empieza con tu historia. Cenar en compañía de una persona cuya conversación es rica e interesante es un placer. Es casi tan placentero como la comida o el lugar en el que comes.
-Espero que mi conversación sea realmente interesante. Porque una Nissan Vanette dista mucho de ser el lugar más cómodo en el que celebrar una cena de nochebuena.
-De no ser por tí la habría pasado en el aeropuerto o en mi ático. Sola.
-Yo también habría pasado la nochebuena sólo. Y puede que hasta durmiendo.
-Somos dos personajes sacados de un cuento de Charles Dickens.
-Tu eres la experta en literatura.
-Y a tí se te da bien contar historias.
-Entonces, empezaré.
El amigo de mi abuelo era maquinista. De trenes de mercanías. No recuerdo cuando tuvo lugar la historia que voy a contarte. Quizás fue a principios de la década de 1970. Estaba a los mandos de una locomotora diesel, al paso por esta misma estación. Se detuvo ante un semáforo en rojo. Porque en las vías de tren también hay semáforos, y otras señales. Era una noche de invierno, de Diciembre. Una noche de frio intenso. Empezaba a nevar. En la cabina de la locomotora, el maquinista y un interventor o un ayudante. Ya no recuerdo cuales fueron las palabras exactas de mi abuelo. Mientras esperaban a que les dieran vía libre para poder seguir con su viaje, el motor de la locomotora se detuvo. Una locomotora no es como un coche. Las locomotoras diesel suelen ser, en realidad, diesel eléctricas. Un motor diesel enorme, más grande que de el de un camión, que mueve un generador, que a su vez proporciona energía a varios motores eléctricos. Pues el motor diesel de la locomotora se detuvo. En la cabina se hizo la oscuridad. Se apagaron todas las luces, todos los relojes, todos los diales, todos los testigos. Un silencio pesado lo inundó todo. Hasta que empezaron a escuchar algo. Música de violín. Les pareció que venía del exterior de la locomotora. De los andenes de la estación. El maquinista bajó la ventanilla derecha de la cabina y sacó la cabeza. Vio algo que no podría olvidar. Una mujer vestida de blanco, de los pies a la cabeza, tocando el violín. Tenía el pelo rubio, muy largo, recogido en una trenza. Lo vio perfectamente porque ella estaba de espaldas. Sin dejar de tocar el violín se volvió sobre sí misma, muy despacio. El maquinista pudo ver sus ojos, brillando en la penumbra rota por las farolas que entonces iluminaban los andenes. El maquinista estaba a punto de bajar de la locomotora para preguntarle a aquella mujer qué hacía allí. Pero ella dejó de tocar y les hizo un gesto con la mano derecha, la mano con la que manejaba el arco del violín. El maquinista interpretó ese gesto como una advertencia. Quieto ahí. No te muevas. Entonces, la mujer se esfumó ante sus ojos. El motor de la locomotora se puso en marcha de nuevo. Sin que ni el maquinista ni el interventor pulsaran el mando de puesta en marcha. El semáforo se puso en verde. El maquinista movió el regulador o mando de freno y tracción y la locomotora empezó a andar lentamente, arrastrando el pesado tren.
-¿No estaría borracho?
-¿Quién? ¿El maquinista? ¿Un maquinista borracho a los mandos de un tren?
-Conozco bien a los hombres. Muchos más de los que crees, abusan del alcohol.
-Yo conozco menos a los hombres. El área que domino es aquella que está, digamos, en los límites de la realidad. Y, desde mi experiencia, está muy claro lo que pasó.
-Y ¿qué pasó? ¿Qué crees que pasó?
-Un hechizo. La música puede utilizarse como un hechizo. Lo se. Lo he visto. La única mujer a la que he amado era una maga. Si, una maga. Te lo prometo. Te lo juro por la madre que me parió, que Dios (si es que existe) tenga en su gloria. Cuando le conté esta historia, sin pestañear, me dijo que lo que aquel maquinista vio fue un hechizo. La maga estaba de caza. De un tipo de ente digamos que .... oscuro. El maquinista y el interventor o ayudante, no fueron conscientes del peligro que corrieron. Si la maga se hubiera equivocado al realizar el hechizo, los tres habrían muerto. Mientras cenamos, tiene lugar una lucha invisible. Yo he formado parte de esa lucha, durante más de una década. Ahora sigo luchando, pero solo y a mi manera. Entonces, respeté las reglas, tal y como hacían nuestros oponentes. Hasta que ellos me arrebataron al ser que más he amado en éste mundo. Mis compañeros de lucha me repudiaron en cuanto supieron mis intenciones. Vengarme. Matarlos. Desde ese momento me convertí en un asesino. Me entrenaron para defender la vida. Ahora he aprendido a arrebatar la vida. He matado a más adversarios que los años que tengo multiplicados por cien. Y no me arrepiento.
Sofía le miró fijamente a los ojos, sin pestañear.
-No te creo. Es una broma ¿verdad? Una broma de mal gusto.
-Si eso es lo que quieres creer, que así sea. Estaba bromeando. Ya sabes que mi sentido del humor es muy ácido.
-Si es una broma ¿por qué lloras?
-Porque me duele. Lo siento. No quiero que me veas así.
Abrió la puerta corredera de la Nissan y se perdió en la noche. Sofía siguió sus pasos, en silencio.
-Espera. ¿No irás a hacer una locura?
-No estoy loco. Y tampoco quiero dejar de vivir, aunque vivir duela.
-¿Qué puedo hacer por ti? Para que te sientas mejor.
-Música.
-Estás de suerte. ¿Sabes lo que llevo en el bolsillo?
-No.
-Una armónica.
-¿Sabes tocar la armónica?
-Si. Me enseñó una chica que conocí en Zúrich. Me enseñó a besar y a tocar la armónica.
-Seguro que tocas como los ángeles.
-Yo no soy un ángel.
-Yo tampoco. Toca. Por favor.
Y el silencio de la noche se llenó de música. Música de armónica. Marcos no reconocía la melodía, pero le gusto. Era, a la vez, dulce y nostálgica. Le recordó a aquella ciudad de los Estados Unidos llamada Nueva Orleans. ¿Por qué? Si nunca había estado en aquella ciudad ni, siquiera en aquel país. Sólo supo que aquella melodía le calmó y que, cuando Sofía dejo de tocar, ya no lloraba.
-¿Te ha gustado?
-Mucho.
-Has dejado de llorar ¿te encuentras mejor?
-Un poco.
-¿Puedo hacer algo más por ti?
-¿Tienes hambre?
-¿Vas a responder a todas mis preguntas con otra pregunta?
-No.
-¿Quieres que continuemos cenando?
-No tengo apetito.
-Yo tampoco. Cuando te llamé estabas durmiendo. Supongo que estarás cansado. Te dejo descansar por ésta noche. Gracias por tu compañía.
-Gracias a tí también por tu compañía. Y por tu música.
-¿Quieres que conduzca?
-Si no te importa.
-Para nada. Me gusta conducir.
-Pero es una furgoneta. Vieja. Mucho. No es divertida de conducir.
-¿Has olvidado lo que te enseñé? Un conductor experto puede hacer maravillas con un vehículo corriente.
-Lo recuerdo.
-¿La has reparado tu?
-Si.
-Entonces seguro que funciona bien. He conocido a muchos mecánicos y se que tu eres de los buenos. Podrías trabajar como mecánico, si quisieras.
-Exacto. Si quisiera. La furgoneta tiene un motor reconstruido que funciona más o menos bien. Pero no corre como un Ferrari, claro. Los frenos, la suspensión, la dirección, están más o menos igual que como supongo estaban cuando salió de fábrica. Pero te repito que no es un deportivo.
-Pero apuesto que se puede ir de lado con ella.
-¿Sobre asfalto? No lo creo ...
-¿Y sobre tierra?
-Puede ser. ¿Sabrías llegar al otro lado de las vías? Con la furgoneta, digo.
-Claro ¿con quién te crees que estás hablando? Sabría salir de aquí. Siempre tengo una ruta de escape. Sabría llegar a donde creo que quieres llevarme, incluso sin tu ayuda.
-Por supuesto. Te orientas casi tan bien como yo.
-No es verdad. Tu ...
-¿Presiento los peligros? ¿Veo lo que no se puede ver?
-Hoy estás demasiado metafísico.
-Me dibujaron así.
-Da igual. Vamos a la furgoneta. Hace frío. Y tengo frío.
-El frío que viene de dentro. Se lo que quieres decir.
Sofía ocupó el asiento del conductor. Lo colocó a su gusto, aunque sólo se regulaba longitudilamente, no en altura. Era un poco más baja que Marcos, sólo un poco, ni diez centímetros. Arrancó el motor y encendió las luces. Después, cerró la puerta y se abrochó el cinturón de seguridad. Marcos hizo lo propio en el asiento del copiloto.
-Los faros ¿son de serie?
-Las ópticas si. Todo lo nuevas que he podido encontrar, pero de serie. Las bombillas son de la misma potencia pero de mejor calidad. Hay una pequeña diferencia, pero se nota.
-Ya lo creo. Y están bien ajustados. No esperaba menos de ti.
Sofía inició la marcha. Tuvo que detenerse ante la puerta de metálica. Marcos bajó, abrió la cancela, y la cerró una vez hubo pasado la furgoneta. Volvió a montar y comenzaron a rodar en dirección a Ciudad pegaso.
-Gracias.
-¿Sabes cómo aprendí a conducir?
-Se que fue en un Mini, con el volante a la derecha, pero no recuerdo ni cómo ni dónde.
-Fue en un taller especializado en coches clásicos, mi padre colecciona ese tipo de coches. Era muy pequeña. Diez años, quizás once. Estaba aburrida y curioseaba entre los muchos coches del taller. Me llamó la atención un Mini, verde inglés. Nunca había visto un coche igual. Me encantó. Abrí la puerta del conductor y me senté tras el volante. Entonces se me antojó enorme. Ahora, es casi angosto para mi altura. Un mecánico me vió dentro del coche. Le hizo gracia. Le pregunté cómo se arrancaba el motor. Me lo explicó, pero aseguró que no podría arrancarlo, que era muy difícil. Eso me enfadó. Lo intenté, me costó tres intentos pero lo conseguí. Le pregunté al mecánico cómo conducir un coche. Cómo meter las marchas, cómo arrancar desde parado. Me lo explicó a regañadientes. Era demasiado pequeña para llegar a los pedales y ver por encima del volante, me dijo. Cuando me vió conducir el coche, muy despacio, a trompicones, por el taller, no podía creerlo. Quince años después volví a ese mismo taller y le compré ese mini. El apenas se acordaba de mí. Yo nunca olvidé ese momento.
-Es muy propio de ti.
-Y tu ¿cómo aprendiste a conducir?
-Yo empecé sobre dos ruedas, ya lo sabes. Primero bicis. Con 14 años, bueno, con trece y pico, mi abuelo me regaló una moto de marchas. Una Suzuki DR 50. No sabes el cariño que le tuve a esa moto. Bueno, si lo sabes. Mis padres habían muerto hace menos de dos años. Aquella moto me hizo sonreír. Apréndí no lejos de aquí. en un campo. Me enseñó mi abuelo. En cuanto cumpli los catorce me saqué el carnet para poder conducirla. En esa moto sentí por primera vez ...
-¿El qué?
-El tacto del cuerpo de una mujer. Su calor. Su olor. Paula sentada detrás de mi, abrazada a mi cintura.
-Todavía la echas de menos. Todavía la quieres.
-Siempre la querré, mientras viva.
-Quizás la vuelvas a encontrar, en otro tiempo, en otra vida.
-No lo sé.
-Me estabas contando cómo aprendiste a conducir una moto. Pero ¿cómo aprendiste a jugar sobre una moto? Te he visto. Haces cosas que parecen imposibles. Tienes un ... ¿don?
-Aprendí jugando. Primero en bici, luego en moto. Pensaba que tenía mucha suerte, porque hacía todo tipo de burradas y nunca me pasó nada. Luego me di cuenta que no era suerte, que era algo más. Algunos compañeros de instituto también tenían moto. Éramos unos crios, llenos de rabia, llenos de ansia por demostrarnos mejores que los otros. Más rápidos que los otros. Pero, pese a todo, teníamos cabeza. La mayor parte de burradas las hacíamos sobre tierra. Precisamente en el campo al que te llevo. Aunque para atajar, cruzábamos las vías. Si, las vías, con las motos. Y al otro lado de las vías, nos hicimos una especie de circuito por caminos y senderos. Allí aprendí realmente a ir en moto. A frenar, a acelerar, a trazar, a saltar. Con la Suzuki.
-¿Y qué fue de esa moto?
-Me la robaron. Menudo berrinche. Ya tenía 18 años. Estudiaba en ... el internado, desde hacía varios años. Después del bachillerato, hice FP especialidad automoción. Allí aprendí a reparar casi cualquier tipo de vehículo y a conducir coches y furgonetas.
-¿Y la moto que tienes ahora?
-¿La Honda? Fue un regalo de mis compañeros.
-¿Un regalo? ¿Por qué te la regalaron?
-Porque .... Les salvé el culo. Nos metimos en un lío. Bueno, se metieron ellos. Yo presentí el peligro y pude avisar a Paula. Ella fue la que en realidad nos pasó a todos. Todo salió bien. Me estaban tan agradecidos que me regalaron una moto. Como su presupuesto era limitado, tenía el motor roto. Y mira que es difícil. Ese motor es durísimo. Lo tuve que reconstruir. Por eso también le tengo cariño.
-¿Hemos llegado?
-Si. Es ese camino. Estará bloqueado con piedras o con trozos de mediana de hormigón para que no entre nadie. Pero creo que podremos pasar. Me bajo, y te guío. Será estrecho.
Con la ayuda de las indicaciones de Marcos, Sofía pudo esquivar los obstáculos. Delante de ellos, la oscuridad solo rota por los faros de la furgoneta. Una pista de tierra. Húmeda por la niebla. Embarrada.
-Vamos a bailar.
Recorrió unos metros de la pista a baja velocidad, leyendo el terreno. Buscando piedras, agujeros, árboles. Cosas que pudiera golpear. Después de un kilómetro o quizás mas, detuvo la furgoneta y maniobró para dar la vuelta.
World in my eyes
No me gusta ir al médico. Pero cada vez me resulta menos desagradable. Hoy tocaba revisar mis (bellos) ojos de gato. Al menos recordaba el año pasado y me pude hacer una idea de cuál iba a ser el proceso, los tiempos y las esperas. Es algo que me ayuda. Recordaba la sala de espera. Que es infinitamente más tranquila y silenciosa que la de otro hospital que conozco bien.
No me he puesto apenas nervioso. El año pasado nevaba y creo que X2 días después tenía otra cita, en apariencia importante y que luego resultó desastrosa e inútil. Éste año, aún con la persistencia de la memoria, estaba más calmado.
Todo está bien. Simplemente el año que viene habrá que repetir la cita, y los siguientes.
Mañana es un día medio importante. Lo único claro es que empiezo otro taller. Y tengo ganas. Lo demás no depende de mí.
Poco a poco me encuentro mejor, de mediados de Noviembre hasta ahora (menos de dos meses) vuelvo a encontrarme mejor y eso me da paz y confianza.
lunes, 7 de enero de 2019
SNOW & LIGTHS
LIGHTS (Esperanza y calma)
Una partida de Poker. No se jugar al poker. Pero la metáfora es buena. Sé cuales son mis cartas. Son mejores que hace un año. Desconozco las cartas de mi o mis "adversarios". Espera y verás. Wait and see. Tarde o temprano compartirán contigo la información que tienen si necesidad de preguntarles.
He dormido mejor que ayer (que no dormí mal) y mejor que antes de ayer. Tener tiempo libre no me genera angustia sobre cómo podré ocuparlo o si los pensamientos negativos (e inútiles, aunque a la vez inevitables a veces). Temperatura gélida en la calle, agradable en mi "gatera". Pero luz suave, propia de los días de invierno despejados. Si lloviera tampoco me importaría. Como pensé el año pasado, puedo buscar unos pantalones impermeables (rollo merlucero de pvc del capitán pescanova) y salir a andar bajo la lluvia si lo que me apetece es andar.
Comunicación
Serenidad
Confianza
Como una moto de cross o del Dakar o una bici de montaña. Cada año, una nueva versión. Una pequeña evolución. Pero importante. Más fiable, más ligera, más rápida. Yo también soy una nueva evolución de mi mismo. La versión 2019. Y me gusto. Y eso es PRECIOSO.
Buenos días y buena suerte.
domingo, 6 de enero de 2019
El diario de Dragonfly
Después de dormir algunas horas (bastantes) y de un largo paseo en bici, el día se afronta de manera distinta. Todavía me despierto de noche (es que amanece tarde y me despierto pronto), pero también despierto calmado. Me siento a gusto en mi piel.
Buenos días y buena suerte.
sábado, 5 de enero de 2019
Nismo
Ha sido una noche un poco regulera en cuanto al sueño. Pero a lo largo del día me he sentido mejor. Y pienso en coches chulos como el precioso Z. Nissan N370 Nismo.
viernes, 4 de enero de 2019
Grava
Giró la llave de contacto, tiró del mando del "aire" y el veterano propulsor de 903 cc se puso en marcha al primer intento, sin acusar el frío reinante. Si duda los técnicos de Seat Coches Históricos habían hecho un trabajo digno de elogio. El coche parecía como recién salido de la cadena de montaje de la Zona Franca.
Sus miradas se cruzaron un instante antes de poner el coche en movimiento camino del primer tramo de la mañana. Ojos verdes, ojos marrones, colores intensos un poco empañados por la emoción.
-No podría tener un mejor copiloto. Ni siquiera Luis Moya. Gracias hijo por acompañarme.
-De nada Papá, aunque Carlos Sainz me hubiera llamado para copilotarle, hubiera preferido estar a tu lado.
La grava golpeaba los bajos del viejo Seat. Parecía un sueño, pero era real. Se concentró en las notas.
-Ojo, izquierda 4 con rasante cierra poco, frenar para derecha 3, por dentro, Ojo, grava.
La persistencia de la memoria
jueves, 3 de enero de 2019
Negativo
Ha pasado el tiempo
Tengo casa al otro lado del mar
Pero algunos momentos
Serán difícil de olvidar
Ha sido un día un poco regulero, agridulce. Demasiadas conversaciones negativas o quizás es que hoy yo estoy más negativo que ayer o que antes de ayer. Pero tengo ganas de escribir, uno de esos relatos tan míos, que me recuerda a 1997, a las revistas de bicis que leía entonces (y que sigo leyendo ahora, más de 20 años después).
Buscar algo positivo en lo negativo. Esa fue tu última frase.
Bicis de Dual Slalom, bicis de Dirt Jump. Las bicis como terapia. Como aquella noche larga en un hotel del sur pensando en la bici de alquiler con la que había conseguido sacar algo alegre, algo positivo de un día desastroso y con lágrimas a punto de salir.
Siempre hay algo positivo. Sólo hay que buscarlo. A veces cuesta. Mucho.
12 v negativo a masa. Eso ponía en la parte trasera de la radio del coche con el que aprendí a conducir, una máquina caprichosa y verde, como mis ojos. O quizás era en el manual del usuario.
Ahora a cenar. Que bonito es escribir.
miércoles, 2 de enero de 2019
Calma
(Y ahora me acabo de levantar y me molestan las rodillas. Sólo un poquito. Quizás sea por el frío)
Lo que ocurre es previsible o era previsible. La incertidumbre no le gusta a nadie. El famoso ¿y si? Sólo puedo intentar mantener la calma y no volcar mis miedos e inseguridades en los demás. No alimentar el ruido ni las teorías de la conspiración. Lo que tenga que ser será. No me da igual, pero intento no preocuparme. De momento lo voy consiguiendo. También entra dentro de lo lógico que tenga algún día menos bueno. Como los que tuve en Noviembre y Diciembre. Pero ahora tengo más herramientas para calmarme.
Muchas veces pienso y siento que los seres humanos me saturan. A veces es verdad. Pero no todos los seres humanos y no siempre. He de ser selectivo. Quizás puedo parecer egoísta (que en parte lo soy), demasiado frío .... Pero he de mirar y de cuidar por mi. La queja estéril no sirve de nada. Y hay seres humanos que no me saturan y que me aportan sus puntos de vista. Busco personas que me transmitan serenidad.
Pienso primero en mi. Pero no pretendo hacer daño ni pisar a nadie. Me pregunto que pensaría Venus de todo esto. Seguro que me podría aportar su punto de vista sereno. Hace casi 2 años que no sé nada de ella. Espero que allá donde estés seas feliz y sigas derramando luz en los demás.
Recordando. Situaciones anteriores. Hace muchos años. Trece. O siete. Básicamente era la misma persona con los mismos miedos que hoy, pero siento que, en parte soy distinto.
martes, 1 de enero de 2019
2019
2015
Todavía me pregunto si soy un replicante o un blade runner.
Una tarde viernes de hace casi cuatro años se mezclaban en mi mente recuerdos de la última sesión de terapia de grupo con fragmentos de Blade Runner y la sensacion que esto provocaba en mi era, a la vez desconcertante pero más dulce que amarga. Sobre todo por poder contarle todo eso a Venus.
The report would be "routine retirement of a Replicant", which didn't make me feel any better about shooting a woman in the back. There it was again... feeling in myself... for her... for Rachael.
















