Hoy ha ido mejor que ayer. Las clases han sido positivas. Aunque, sinceramente, hay demasiada gente y demasiado ruido, demasiadas preguntas, demasiadas novedades, aunque objetivamente sean menos ruidosos y más amables que hace dos años. Sigo echando de menos las clases semipresenciales.
Ayer nostalgia y malos entendidos. No he disfrutado mucho del fin de semana, y debería. Sigo pensando en la consulta del jueves, ya sólo 3 días de clase (después de 2 meses esperando, aun pagando, es demasiado tiempo, pero no hay otra opción.
Necesito mi burbujita de soledad y rodeado de 29 personas es imposible, pero aprendo cosas y, globalmente, estoy a gusto. Aunque no me gusta ni que me pregunten, ni que me sugieran preguntar y sea peor el remedio que la enfermedad. Ya me busco yo herramienta y rompo lo que haya que romper. Ha sido lo peor del día ...
A los neurotípicos se les percibe por el ruido que hacen al acercarse y al alejarse, y el ruido es dificilísimo de filtrar, sin auriculares o tapones. A algunos neurodivergentes, también, recuerdo a A. y sus movimientos y sus preguntas y sus ocurrencias. Es lo que más echo de menos, que estuvieran a mi lado y poder hablar sin enmascarar.
Al final, en clase estoy enmascarando y eso se que me va a pasar factura. Leo sobre el vacío de una personita y sobre como Marea le ayudó y recuerdo hace más de 20 años, en 2004, cuando la música me salvó, una vez más, y como Marea fue la banda sonora de la tristeza. Y como no tenía un lugar como en el que vivo ahora, sin gente y sin ruidos. Al final la soledad es, muchas veces, una necesidad, por supervivencia, más que una elección. Es la elección de vivir sin seguir dañándote.
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